La cruz es el signo cristiano por excelencia. Sin embargo, no siempre fue así. Los primeros cristianos recurrían al signo del pez, cuyo nombre en griego tenía las iniciales del nombre y títulos de Jesucristo.
En las catacumbas se pintaba al buen pastor; pero no al crucificado. La cruz no era negada: Pablo predicaba a Cristo crucificado (y resucitado). No era fácil asimilar la imagen del Hijo de Dios clavado en la cruz, como se hacía con horrendos criminales.
Cuando se dejó esa forma de ejecución, la cruz fue apareciendo en las iglesias. Primero sin Cristo y enjoyada; después con el Cristo vestido e impasible; finalmente, hacia el siglo XIII, el Cristo doliente, como lo vemos hoy.
Exaltamos la Cruz porque es la Cruz de Cristo: allí donde el Hijo de Dios nos amó hasta el extremo, ofreciendo su vida por nosotros y por nuestra salvación.
Mi reflexión sobre el evangelio de esta fiesta. 14 de septiembre de 2025.
Bendiciones,
+ Heriberto, obispo de Canelones, Uruguay.