"Bienaventuranza" es una palabra muy bonita, porque en su significado está el bien que comienza a realizarse en el presente e irá creciendo hasta su plenitud en la eternidad.
Jesús llama a sus discípulos "bienaventurados" o, como decimos hoy "felices". Al mismo tiempo contrapone a esas cuatro expresiones positivas, cuatro lamentos por quienes toman otro rumbo, los "desventurados", que ponen su confianza en sí mismos y no en Dios.
Mi reflexión sobre el Evangelio de este domingo, VI durante el año, 16 de febrero de 2025.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay