El Espíritu da sus dones a cada uno de los discípulos de Jesús. Al mismo tiempo, reúne a todos en unidad. El Espíritu crea, a la vez, la diversidad y la unidad en la Iglesia. Pero esta diversidad no dispersa, no disgrega, sino que enriquece la unidad.
Pidamos la Gracia de aceptar la unidad que crea el Espíritu y de trabajar por la unidad entre todos, desterrando de nuestros corazones todo lo que enfrenta y divide a la comunidad. En el Espíritu se hace la Iglesia, madre y casa nuestra, casa de Dios.
Mi reflexión sobre las lecturas de esta solemnidad de Pentecostés, año B, 19 de mayo de 2024.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.