Entre sombras que nos atemorizan y luces que nos seducen con su brillo, desde Belén volvemos a vislumbrar la luz verdadera que ilumina a toda persona que viene a este mundo. Esa luz nos viene del rostro de un niño, tan frágil y tan humano como cualquier bebé (por algo está envuelto en pañales) pero que es el Hijo de Dios, el Salvador anunciado, que ha acampado entre nosotros.
Mi reflexión sobre el Evangelio de este II Domingo del tiempo de Navidad, 4 de enero de 2026.
Feliz año nuevo. Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.