Epistolar

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By Antología de lo íntimoSociety & Culture
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Epistolar episodes

  • Episodio 40 - Andrés Caicedo (Daniel Pacheco)

    El colombiano Andrés Caicedo fue un escritor maldito. Tenía angustia de vivir. Solía decir: "Nací con la muerte adentro". Decía también que vivir más de 25 años era una insensatez. Le escribió esta carta a su mamá, antes de uno de sus intentos de suicidio. Finalmente, lo logró el 4 de marzo de 1977, después de tomar 60 pastillas de secobarbital, que se usaba en tratamientos de la angustia y la ansiedad. Murió, como quería, a los 25 años. Dejó una obra compuesta por novelas, cuentos, guiones de cine y obras de teatro.

    Lee el actor colombiano Daniel Pacheco. 


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    Cali, 1975

    Mamacita: 

    Un día tú me prometiste que cualquier cosa que yo hiciera, tú la comprenderías y me darías la razón. Por favor, trata de entender mi muerte. Yo no estaba hecho para vivir más tiempo. 

    Estoy enormemente cansado, decepcionado y triste. Y estoy seguro de que cada día que pase, cada una de estas sensaciones o sentimientos me irán matando lentamente. Entonces prefiero acabar de una vez.

    De ti no guardo más que cariño y dulzura. Has sido la mejor madre del mundo y yo soy el que te pierdo, pero mi acto no es derrota. Tengo todas las de ganar, porque estoy convencido de que no me queda otra salida. Nací con la muerte adentro y lo único que hago es sacármela para dejar de pensar y quedar tranquilo.

    Acuérdate solamente de mí. Yo muero porque ya para cumplir 24 años soy un anacronismo y un sinsentido, y porque desde que cumplí 21 vengo sin entender el mundo. Soy incapaz ante las relaciones de dinero y las relaciones de influencias. 

    Y no puedo resistir el amor: es algo mucho más fuerte que todas mis fuerzas, y me las ha desbaratado.

    Dejo algo de obra y muero tranquilo. Este acto ya estaba premeditado. Tú premedita tu muerte también.

    Es la única forma de vencerla.

    Madrecita querida, de no haber sido por ti, yo ya habría muerto hace ya muchos años. Esta idea la tengo desde mi uso de razón. Ahora mi razón está extraviada, y lo que hago es solamente para parar el sufrimiento.

    Andrés 

    5 min
  • Episodio 39 - Johnny Cash (Walter Jakob)

    Johnny Cash fue una leyenda de la música country y del rock. Sus biografías hablan de él como un tipo duro, carne de presidio y esclavo de las drogas.

    Pero los duros también se enamoran. Cuenta la leyenda que Johnny Cash conoció a June Carter en los estudios Sun Records. Los presentó un tal Elvis Presley.

    Estuvieron juntos por más de 35 años. June murió el 15 de mayo de 2003. Johnny no soportó su ausencia. Y se fue de este mundo sólo cuatro meses después.

    Esta carta es una declaración de amor, que Johnny le escribió a su esposa por su cumpleaños número 65. Lee el actor Walter Jakob.


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      23 de junio de 1994. Odense, Dinamarca

    Feliz cumpleaños Princesa, Nos hacemos viejos y nos acostumbramos el uno al otro. Pensamos parecido. Nos leemos la mente. Sabemos qué quiere el otro sin preguntarlo. A veces, nos irritamos un poco el uno al otro. Tal vez, a veces nos damos por sentado. 

    Pero hay ocasiones, de vez en cuando, como hoy que lo medito, que me doy cuenta de la suerte que tengo por compartir mi vida con la mujer más extraordinaria que he conocido. Todavía me fascinas y me inspiras. Me influyes para mejorar. Eres lo que deseo, la razón número uno en la tierra para mi existencia. Te amo tanto. Feliz cumpleaños, princesa, 

    John.

    4 min
  • Episodio 38 - María Elena Walsh (Irina Alonso)

     El movimiento feminista tiene una larga historia en la Argentina. Sus orígenes datan de principios de siglo XX, continúan con la lucha por el voto femenino y llegan hasta hoy, con el reclamo por la legalización del aborto y las muertes a causa de la violencia machista.

    Este episodio hace un repaso de parte de esa historia a través de una carta abierta. En 1973, poco antes de las elecciones y cuando aún gobernaba la dictadura de Agustín Lanusse, María Elena Walsh publica esta carta en la revista Extra.

    La escritora y compositora trata a las mujeres como hermanas. Las llama a votar con libertad. Pero, principalmente, las invita a sentar las bases para un Movimiento de Liberación Femenina. 

    Lee la actriz y docente Irina Alonso.


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    Querría empezar esta carta llamándote hermana, sea cual fuere tu edad y tu condición social. El parentesco es novedoso, un descubrimiento reciente del Movimiento de Liberación Femenina. Hasta ahora, sólo fueron hermanas las monjas, y al parecer no por ser hijas del mismo padre sino por ser esposas del mismo esposo, ¿no? Querría compartir con vos algunas incertidumbres, algunas indignaciones y algo que ha pasado a ser desesperación. 

    Sobre tus hombros el sistema descansa tranquilo, y por eso te recomienda tranquilidad, “femineidad”, que no te amachones abandonando los ruleros y usando la cabecita loca para pensar. Porque gracias a tu acrobática economía sobrevivimos, porque permites a los hombres, con tu mano de obra gratuita y/o peor remunerada, a soportar una situación que sin tu sacrificio sería intolerable.

    La cultura capitalista, su psicología dirigida, sus medios, sus revistas femeninas (con las que haría una pira en Plaza de Mayo para quemarles el traste a sus editores), todo el aire que respiramos está contaminado de la misma falacia: la Natural incapacidad y subordinación de la mujer. Es nuestro mundo Occidental y Cristiano el que no permite a la mujer trabajadora disfrutar sin angustias de la maternidad, el que apaña burdeles y dos morales (una para damas y otra para caballeros), el que se escandaliza de actos terroristas pero hace la vista gorda ante los atropellos cometidos contra el cuerpo de la mujer.

    “Las mujeres no se dan cuenta de cuánto las odian los hombres”, dijo una feminista. Se le escapó esta frase donde llama a las cosas por su nombre. Marginación, postergación y misoginia no son sino eufemismos que suavizan una realidad llamada odio. Punto.

    El Movimiento de Liberación Femenina es una ideología revolucionaria, no exprimida de libracos apolillados sino del cotidiano martirio de la mitad de la humanidad. No es un entretenimiento destinado a distraer de la liberación de los pueblos, sino que esa liberación es mentira mientras la determinen exclusivamente los varones.

    El Movimiento de Liberación Femenina no se conforma con paliativos, aunque no tenga más remedio que aprobarlos en primera instancia. Lucha para conquistar una absoluta autodeterminación, para acabar con el reparto de privilegios, funciones y sanciones según el sexo, para construir a la larga una nueva civilización, humana y cooperativa.

    Las mujeres queremos lo que nos pertenece por derecho y nos arrebatan día a día. Es decir, todo. Las mujeres, que fuimos custodias de la vida, queremos más que nunca defenderla de los fabricantes de muerte.

    Releo esta carta escrita al correr de la máquina y supongo que puede resultarte agresiva. Lo siento. No pude hacerla peor. Por más que aguce el estilo me es imposible reflejar la agresividad de una villa de emergencia, de los precios de la farmacia y de un aborto clandestino. 

    Creo que en este juego de los votos, como en tantos otros, las mujeres no somos nadie. Creo que nuestro partido se jugará, a la larga, en otro frente. Lo que no significa que no te celebre si vas a votar con fe. Yo también la tengo, pero en vos.

    7 min
  • Episodio 37 - Carta de Salvador Dalí y Luis Buñuel a Juan Ramón Jiménez (Jessie Martínez Jiménez)

    Este episodio de Epistolar tiene dos cartas, tres protagonistas y un actor. Los surrealistas Salvador Dalí y Luis Buñuel tenían una gran afición, algo que compartían y disfrutaban muchísimo. Les encantaba provocar al establishment cultural español.


    En la primera carta que vas a escuchar, le escriben a Juan Ramón Jiménez, que en ese momento era un escritor muy popular y respetado. Le dicen, sencillamente, que su obra "Platero y yo" les pareció una mierda.

    El premio Nobel de Literatura les responde con desdén y con humor corrosivo. 

    Lee el actor y locutor español Jessie Martínez Jiménez.


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    Nuestro distinguido amigo:

    Nos creemos en el deber de decirle -sí, desinteresadamente- que su obra nos repugna profundamente, por inmoral, por histérica, por cadavérica, por arbitraria. Especialmente: ¡Merde! para su "Platero y yo", para su fácil y malintencionado "Platero y yo", el burro menos burro, el burro más odioso con que hemos tropezado. Y para usted, para su funesta actuación también: ¡Mierda!

    Sinceramente, Luis Buñuel y Salvador Dalí.

    **

    Mis muy “surrealistas” y muy conocidos:

    Estoy completamente de acuerdo con ustedes y con el tercero que se oculta con ustedes: cuanto yo he publicado hasta el día no tiene valor alguno, y me avergüenzo, lo he dicho muchas veces, de la mayor pare de mi obra escrita; y cuanto puedan ustedes decirme de ella me lo he dicho yo con mi propio léxico, aun cuando, por desdicha mía, y según dicen constantemente los críticos de ambos sexos y del otro sexo de ustedes, haya salido de ella la mejor parte de la escritura actual española e hispanoamericana en verso y prosa, lírica y crítica. Pero ustedes son, además de unos surréalistes, unos majaderos y unos cobardes. Porque al escribir en esa jerga francocatalana, ni siquiera saben ustedes ponerse a hacer en español sus más imperiosas necesidades; porque para mí merde no es nada; y, además, porque ustedes saben de antemano que yo no puedo contestarles en esa lengua trasera que es la palabra propia de ustedes. No iba yo a cometer la ridiculez tampoco de enviarles mis padrinos masculinos, femeninos ni “manfloritas” como les dicen a ustedes en mi Moguer. También sabrán ustedes que mis amigos se alegran mucho de su carta y juzgan que ustedes han hecho bien en espeler en ella el vivo retrato de los dos.

    Gracias de este admirador de sus técnicas.

    J. R. J.

    5 min
  • Episodio 36 - Gabriela Mistral (Florencia Naftulewicz)

     La carta que vas a escuchar estuvo guardada por años en una caja fuerte. Su autora es Gabriela Mistral, escritora chilena y primera sudamericana en ganar un Nobel de Literatura.


    La destinataria, y quien conservó celosamente la carta, es Doris Dana, asistente personal y amante de Mistral.

    Mistral le dice que la vida, sin ella, es una cosa sin sangre, sin razón alguna. Le dice, de mil formas, cuánto la ama y la necesita. Lee la actriz Florencia Naftulewicz.


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    Yo sé bien que nadie, ninguna persona en éste mundo, puede saber qué cosa es nuestra vida sino (excepto) nosotros mismos.


    La bella vida nuestra es tan imperceptible, tan delicada, por llena de imponderables, que casi no es posible verla. Es posible solamente vivirla, gracias a Dios.

    Yo vivo en una especie de sueño, acordándome de todas las gracias que me has hecho.

    Y lo que vivo es una vida nueva, una vida que yo siempre he buscado y nunca hallé. Es una cosa ella sacra y concentrada.

    La vida sin ti es una cosa sin sangre, sin razón alguna. Tú eres [mi casa] ,mi hogar, tú misma. En ti está mi centro.

    (Y el solo quererte me purifica). Ella es el abandono, la confianza completa.

    Yo sé que tú eres fiel como una piedra.

    Mi memoria es ahora un mundo, se vuelve un Universo vasto y completo. Y a la vez incompleto, porque ha crecido tanto aunque parecería que no pudiese crecer más.

    Ay, amor grave y tan dulce, tan sin peso a la vez. ¡Alegría mía!"

    4 min
  • Episodio 35 - Gustave Flaubert (Pompeyo Audivert)

    ¿Qué pasa por la cabeza de un escritor en el momento de la creación? ¿Qué multitudes habitan en sus cuerpos? En esta carta, Gustave Flaubert le escribe a su amante Louise Colet. Ella lo acompañó de cerca en el proceso de la escandalosa novela Madame Bovary. El escritor francés está agotado, como si hubiese cogido todo el día, dice. Y no deja de maravillarse por el milagro de la escritura. Lee el actor y director Pompeyo Audivert.


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    Hace falta quererte para escribirte esta noche, pues estoy agotado. Tengo un casco de hierro en el cráneo. Desde las dos de la tarde (salvo unos veinticinco minutos para cenar) escribo Bovary. Estoy en su polvo, de lleno, inmerso; sudamos y tenemos un nudo en la garganta. Éste es uno de los raros días de mi vida que he pasado en la ilusión, completamente, de cabo a rabo. 

    Esta tarde, a las seis, en el momento en que escribía “ataque de nervios”, estaba tan excitado, gritaba tan fuerte y sentía tan hondamente lo que experimentaba mi mujercita, que he temido sufrir uno yo mismo. Me he levantado de la mesa y he abierto la ventana para calmarme. La cabeza me daba vueltas. Ahora tengo grandes dolores en la espalda, en las rodillas y en la cabeza. 

    Estoy como un hombre que ha cogido demasiado (perdón por la expresión), es decir, en una especie de agotamiento lleno de embriaguez. Y ya que estoy en el amor, es justo que no me duerma sin enviarte una caricia, un beso y todos los pensamientos que me quedan. ¿Saldrá bien? No lo sé (me estoy dando algo de prisa, para mostrar a Bouilhet un conjunto, cuando venga). Lo que es seguro es que desde hace ocho días esto avanza rápido. Que siga así, pues estoy cansado de mis lentitudes. 

    ¡Pero temo el despertar, las desilusiones de las páginas copiadas de nuevo! No importa; bien o mal, es algo delicioso el escribir, el no ser ya uno mismo, sino el circular en medio de toda la creación de la que uno habla. Hoy por ejemplo, hombre y mujer simultáneamente, amante y querida a la vez, me he paseado a caballo por un bosque en una tarde de otoño, bajo hojas amarillas, y yo era los caballos, las hojas, el viento, las palabras que se decían y el sol rojo que hacía entrecerrarse sus párpados anegados de amor. 

    ¿Es orgullo o piedad, es el necio desbordamiento de una satisfacción exagerada de sí mismo, o bien un instinto vago y religioso? Pero cuando rumio estos goces, después de haberlos experimentado, me sentiría tentado de elevar una plegaria de agradecimiento a Dios, si supiera que puede oírme. ¡Bendito seas por no haberme hecho nacer vendedor de algodón, autor de vodeviles, hombre ingenioso o algo por el estilo!”.

    5 min
  • Episodio 34 - Horacio Quiroga (Iván Moschner)

    Desde que su padre se pegó un tiro en la cabeza en un accidente de caza, la muerte estuvo siempre presente en la vida de Horacio Quiroga. En esta carta, el escritor uruguayo le habla a su amigo Ezequiel Martínez Estrada, pero también escribe como una forma cruda del pensamiento. Habla de lo que él llama "el misterioso viaje" con la curiosidad de niño. Habla de ella como el "dulce descanso del sueño a que llamamos muerte". Lee el actor Iván Moschner.


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    Querido Estrada: 

    Sobre el asunto muerte… Yo creo que lo que pasa es que usted y yo estamos colocados en dos puntos de vista. Usted en la plena madurez-juventud de la vida, y yo en la madurez-declinación de la misma. Naturalmente, usted mira con desconfianza un hecho que para usted es aún prematuro. Yo no, y de aquí mi conformidad y hasta -¿qué quiere?- curiosidad un poco romántica por el fantástico viaje.

    Hablemos ahora de la muerte. Yo fui o me sentía creador en mi juventud y madurez, al punto de temer la muerte, exclusivamente, si prematura. Quería hacer mi obra, los afectos de familia no pasaban la cuarta parte de aquella ansia. 

    Sabía y sé que para el porvenir de una mujer o una criatura, la existencia del marido o padre no es indispensable. No hay quien no salga del paso, si su destino es ése. El único que no sale del paso es el creador, cuando la muerte lo siega verde. Cuando consideré que había cumplido mi obra -es decir que había dado ya de mí todo lo más fuerte- comencé a ver la muerte de otro modo. Algunos dolores, inquietudes, desengaños, acentuaron esa visión. 

    Y hoy no temo a la muerte, amigo, porque ella significa descanso. That is the question. Esperanza de olvidar dolores, aplacar ingratitudes, purificar desengaños. Borrar las heces de la vida, ya demasiado vivida, infantilizarse de nuevo; más todavía: retornar al no ser primitivo, antes de la gestación y de toda existencia: todo esto es lo que nos ofrece la muerte con su descanso sin pesadillas. 

    ¿Y si reaparecemos en un fosfato, en un brote, en el haz de un prisma? Tanto mejor, entonces. Pero el asunto capital es la certeza, la seguridad incontrastable de que hay un talismán para el mucho vivir o el mucho sufrir o la constante desesperanza. Y él es el infinitamente dulce descanso del sueño a que llamamos muerte. 

    Yo siempre sentí (creo que desde muy pequeño) que la mayor tortura que se puede infligir a un ser humano es el vivir eternamente, sin tregua ni descanso -Ashaverus-. ¿Se da cuenta usted de un sobrevivir de mil años, con las mezquindades de sus jefes, de sus amigos a cuestas? ¡Ah, no! 

    La esperanza de vivir para un joven árbol es de idéntica esencia a su espera del morir cuando ya de sus frutos. Ambos son radios diametrales de la misma esfera. Ya me iba desorbitando un poco. Pero total: día más, día menos, usted también llegará a considerar como un refugio que nadie nos puede escamotear. Ese rinconcito de olvido y paz.

    6 min
  • Episodio 33 - Violeta Parra (Paula Fernández Mbarak)

     Violeta Parra fue una figura clave en la música popular chilena. No sólo por su obra, que tiene varios himnos. Sino también por su tarea como recopiladora del cancionero de la cordillera. Se la definía con muchas palabras: áspera, tierna, indomable y feroz sobre todo en su sentido del humor. Alguien alguna vez dijo que Violeta fue una mujer incómoda con su tiempo. 

    Estas dos cartas están dirigidas a su amante Gilbert Favre, un músico y antropólogo suizo, al que conoció después de la muerte de su hija. Lee la actriz Paula Fernández Mbarak.

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    Gilbertito:

    Tengo frío; son las nueve de la mañana. Todas las mañanas tiemblo de frío. Cayó nieve y no hay sol, el frío penetra en mis huesos y en mi alma. Me falta Gilbertito. 

    La casa está llena de flojos que duermen y comen. Yo soy débil y no resisto el peso de tanta gente. Tú eres mío y me ayudas con tu cariño. Pronto salgo a la calle más sola que nunca y volveré con más frío y más triste. Así he vivido años, fría muy fría y sola.

    Los meses contigo fueron más buenos que malos. Tú me quieres y me comprendes. Ven. Ya veremos cómo se arreglan las cosas entre los dos. Si tú me olvidas será terrible. Si yo te olvido, peor. Si estamos juntos se puede salvar algo del todo. Es una tontería que no estés en casa. Es fea la casa sin ti.

    Yo no quiero recibir comida nada más que una vez al día. De repente, no comeré más. Tengo una rabia con todo, Trabajo poco. Se fue la alegría, se fue por el desierto. La casa de madera está llorando. No tiene sentimiento la guitarra. Estar separados escomo estar muertos. 

    Un día me canso y salgo a vivir. He estado muerta años de años. Esclava del trabajo y del país. ¡Ven, te digo! después iremos juntos por el mar y el desierto. La lluvia será dulce. ¿Qué hago sin tus manos feas? No tengo a nadie. Tú tienes a Vitervo. Que venga contigo. Quiero preparar un asado para él. ¡Vengan! les digo. 

    ¿Te quiere la celosa? No la celosa. Es ridículo llamarme celosa. Yo que puedo volar por meses en otros montes. Celosa la que vive al pie del árbol, para beber su sombra, su fruto, su música, su forma. Yo estoy lejos de mi árbol. Caminar no lo veo, no lo oigo reír, otros ojos te ven, otros oyen tu risa. Otros los que reciben tu eternal buenos días. Los que ven cómo inclinas tu cabeza en la vida. Cómo alargas la mano cuando mezclas y pintas, cómo suben tus piernas ataúdes tranvías. Cómo llevas el pan a tu boca encendida. Cómo al horno le entregas el calor de sus chispas. Cómo das a tu sopa su sabor de sandía. Yo no tengo siquiera ni el cabello que dejas en el peine caído. Nada tengo de tí, fuera de una promesa que palpita en el aire, sin risa ni soportes, sin amarras, sin bordes, sin contornos, sin motor, que mantenga su figura deforme.

    Bueno, entonces, no le llames celosa a la pájara ausente, que de valle a montaña,va cantando sus celos. Y el motivo que llora, conviviente esqueleto, con el alma en su cuerpo, con su carne y su pelo, estás más lejos que el demonio y el viento.

    La verdad es que tengo la mirada en el suelo. Cállate mujer tonta y no pierdas tu tiempo. Por llenar el papel, olvidaste el almuerzo, por hacer estas letras traducidas al verso, se te han ido las horas para mundos inciertos. Cállate tonta grande, qué diría la gente si supiera las cosas que envenenan tu seso.

    Te quiere

    Violeta

    7 min
  • Episodio 32 - Reinaldo Arenas (José María Muscari)

     El escritor cubano Reinaldo Arenas fue perseguido en su país por ser intelectual y homosexual. En un principio, él mismo fue un defensor de la revolución pero luego se sintió desencantado. Y lo expresó claramente en su libro "Antes que anochezca". 

    Gran parte de su producción literaria fue realizada en condiciones de urgencia y de necesidad absoluta. Arenas estuvo preso y se exilió en los Estados Unidos.

    El 7 de diciembre de 1990 redactó esta carta de despedida desde Nueva York. Está dirigida a sus amigos, pero claro se terminó siendo un manifiesto político. Tenía 47 años y estaba enfermo. Luego de escribirla, hizo un cóctel de alcohol y pastillas. Y se lo bebió.

    Lee el actor, director y dramaturgo José María Muscari.


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    Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. 

    En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. 

    Me siento satisfecho con haber podido contribuir aunque modestamente al triunfo de esa libertad. Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando , Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión.

    Solo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en m país.

    Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla le exhorto a que siga luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota , sino de lucha y esperanza.

    Cuba será libre. Yo ya lo soy.


    4 min
  • Episodio 31 - Idea Vilariño (Paula Rojo)

     Idea Vilariño fue una poeta, ensayista y crítica literaria nacida en Uruguay. Formó parte de la Generación del 45, un grupo de intelectuales entre los que estaba Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti, entre otros.

    Con Onetti tuvo un amor sufrido. Y con Benedetti una entrañable amistad. A este último le escribe esta carta diciéndole que su último libro no le gustó. Da sus razones y luego las cuestiona. Le declara su amor de amiga. Y piensa en voz alta sobre el gozo, el misterio y la precisión de la poesía.

    Vilariño murió en abril de 2009, unas semanas antes que su querido amigo. Lee la actriz Paula Rojo.


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    Espero que a esta altura ya haya quedado atrás toda tu historia de piedras y cesáreas. Te debo carta desde que te fuiste. Pero la cosa era que se trataba de una carta difícil. Porque te dije entonces que te escribiría sobre tu libro, y no sé cómo decirte que no me gustó. No es eso exactamente. Tal vez si empezara por el principio. 

    La cosa es que estamos en polos opuestos (¿o todos los polos son opuestos?). No sé si te acordás de mi libro No. “Inútil decir más. Nombrar alcanza”. Y en eso ando hace tiempo, cada vez más, prohibiéndome —y no necesitando— explicar, desarrollar. 

    Si ese hermoso heptasílabo de tu libro se me hubiera ocurrido a mí, ese verso sería el poema. Lo hubiera metido, así desnudo en el No, sin más. Está lleno de contenidos, no es necesario decir más. Explicarlo parece un procedimiento prosaico, le quita profundidad. Y tenés muchos versos así, hermosos y llenos de contenido. 

    Lo mismo digo de los dos versos finales de “Cartas de amor” o de los cuatro finales de “El mar”. En ambos casos allí está todo el poema. Pero… Tengo por ahí cantidad de papeles con cuatro o cinco versos cada uno y cuando a alguien se le ocurre editarme un nuevo libro me avergüenza entregar, y aún mostrar, esas breves nadas. 

    Pero tengo como claras dos o tres cosas: que un poema debe decir una sola cosa, que no debe explicar, desarrollar, definir ¿estaré tan segura?, que debe quedar en la memoria. Y sin embargo. Sin embargo, amo y conservo en la memoria poemas largos y explicativos. Entonces, qué estoy diciendo. Mejor será que no envíe esta carta. 

    Ya sé que no hay recetas; ya sé que el éxito universal de tus poemas —y de todo lo tuyo— hace que cualquier objeción que pueda hacerte sea por lo menos impertinente. Simplemente estoy queriendo decirte por qué no me “gustó” este libro tuyo. Creo que el anterior me gustó mucho y que te escribí al respecto. Tengo que releerlo para ver por qué me gustó tanto. También me pareció excelentísimo (no sé si te lo dije) el de ensayos. De manera que no me hagas mucho caso. Tengo un problema con este libro, y te lo digo. 

    No quería dejar de escribirte y a la vez no podía dejar de decirte lo que pensaba. Siempre lo hicimos así, aunque tú has sido tanto más generoso y delicado con mis cosas. Sabés, supongo, que sos un gran tipo. Salen unos ensayitos míos —prologuitos, notas—, creo que muy mediocres, y podrás vengarte con toda razón de mis impertinencias. Un abrazo, y cariños para Luz.

    6 min

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Escribir cartas es una de esas cosas que dejamos de hacer. Este podcast busca rescatar algo que parece un arcaísmo. Artistas le pondrán la voz y el sentimiento a misivas de distintas épocas y…