Epistolar

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By Antología de lo íntimoSociety & Culture
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Epistolar episodes

  • Episodio 10 - Luis Alberto Spinetta (Lisandro Fiks)

    Año 1971. Argentina era gobernada por el presidente de facto Alejandro Lanusse. La Sociedad Argentina de Autores y Compositores, conocida por todos como SADAIC, tomaba un examen a los músicos. Un examen que los acreditaba como miembro de la institución con derecho a cobrar por sus obras. Un día, se acercó un tal Luis Alberto Spinetta para rendir esa ridícula y burocrática evaluación de creatividad musical. En ese momento, tenía 21 años. El fundador de Almendra y autor de Muchacha ojos de papel reprobó el examen. Esta fue su respuesta al jurado de la evaluación. Lee el actor, director y músico Lisandro Fiks.


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    Al jurado de examen para la inscripción de socios de SADAIC.

    Estimados Rectores:

    ¡Quién de ustedes llora el sufrimiento eterno!

    ¿Qué sutileza irreal envuelve sus oídos gastados?

    Las circunstancias se redondean al conocerse los daños, pero nunca, desde mi hermoso corazón, al escupir sobre las músicas. Los días, es cierto, pasaron desde mi examen, los sonetos letrinosos con los que se pretendía la formalidad armónica de una canción original, que pudiese ser calificada por un jurado de eliminación, ni siquiera hubieran servido para un silencio ad libitum.

    ¿Qué pretende la mente corrompida cuando seduce a la inspiración profunda sólo para exhalar flatos onánicos desde el trono de un juicio musical?

    ¿Es que este tipo de úlceras van siendo ciertas a medida de sus respectivas esclavitudes, señores empleados de la música?

    Mi cerebro está totalmente intacto, puedo asegurarlo con mi risa.

    Cuando el viento rasga las equilibradas hojas de los paraísos de Buenos Aires, no hay quien disponga de compases, de puntillos milimétricos o de progresiones armónicas aptas para esa música.

    Ustedes deben destapar sus oídos, para destapar sus cerebros, cualquier revólver llegaría inexorablemente tarde.

    Luis Alberto Spinetta.

    5 min
  • Episodio 9 - Carta de Juliette Drouet a Víctor Hugo (Paloma Contreras)

    Una carta a la mañana. Otra a la noche. Ésa fue, durante más de 50 años, la rutina epistolar del escritor Víctor Hugo y de su amante, la actriz Juliette Drouet. Esta carta es una declaración de amor, pero también un ruego. Juliette quiere saber si está hecha para el oficio de la actuación. Tiene dudas que la atormentan. La crítica fue feroz con ella después de su actuación en la pieza “Marie Tudor”. Fue tan cruel que decidieron reemplazarla después de la primera función. Lee la actriz Paloma Contreras.


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    Noviembre de 1834

    Mi querido, amado, he aquí esta carta, muy corta por la forma y muy larga de fondo, pues contiene todos mis sentimientos, todo mi corazón. Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, y eso es todo. No es muy cansado para el espíritu y es muy dulce para el corazón – te quiero.

    Mi adorado, me has hecho muy feliz, a veces doblemente feliz, pues compartías mi felicidad. No obstante, tengo un sentimiento de tristeza y de inquietud que no me deja casi nunca, que quisiera ocultártelo siempre, pero esta noche desborda mi pecho, es necesario que te lo muestre.

    Tengo miedo de ser para siempre una pobre chica. Tengo miedo de que esta inacción en la que vivo desde hace un año, acabe en mi ruina ya iniciada por el fracaso de Marie Tudor. Tengo miedo de que tu aparente tranquilidad en lo que concierne a mi carrera dramática no sea considerada como la más formal confesión de que no puedo aspirar a un futuro en mi oficio.

    Tu posición y la mía vuelven estos temores en verdaderos tormentos que me obsesionan noche y día, que cambian la naturaleza de mi carácter, que destruyen mi coraje y me quitan toda confianza en la duración de nuestra felicidad. Quisiera estar segura de que mis temores son solamente meros temores, y entonces retomaría mi alegría y mi resignación con las dos manos. Pero... ¿quién va decirme la verdad sobre el tema? ¿Tu te atreverás? Te ruego de rodillas. Dime la verdad, nada más que la verdad cualquiera que sea, que sepa al menos dónde estoy en lo que toca mi futuro, que sepa de manera segura lo que piensas de mí. Te pido tu opinión en toda consciencia, te la pido con las manos juntas. Prefiero la certidumbre de mi ruina que la duda. Así pues, no te andes con contemplaciones.

    He aquí una carta muy corta por la forma, decía al empezar, porque mi intención era terminarla en te quiero. Pero fui arrastrada por la necesidad de abrirte mi corazón, por dejar escaparse mi aflicción y el desaliento que me devoran desde hace tiempo. Perdona mi flaqueza. Hubiera debido esperar a que ya no estés tan ocupado, pero no lo pude. Perdóname por el amor que tengo por tí.

    El temor es también parte del amor más apasionado y más delicado. Es cierto.

    Juliette

    7 min
  • Episodio 8 - Carta de Rodolfo Walsh a su hija Vicky (Osmar Núñez)

    El 29 de septiembre de 1976, un centenar de soldados del Primer Cuerpo del Ejército rodeó con tanques, autos y hasta un helicóptero una casa en el barrio porteño de Floresta. Allí estaba reunida la secretaría política de la organización Montoneros. Entre los muertos de ese operativo estaba la periodista, delegada gremial del diario La Opinión y militante María Victoria Walsh, a la que todos llamaban Vicky. Esta carta fue escrita por su padre, también periodista, Rodolfo Walsh. El autor de la obra maestra que fue “Operación Masacre” escribe en estado de shock. Habla de la persecución, de la memoria y de la oscuridad que estaba castigando a la Argentina en su última dictadura militar. El mismo Rodolfo Walsh fue tiroteado y luego secuestrado por un grupo de marinos seis meses después. Lee el actor Osmar Nuñez.

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    Querida Vicki: La noticia de tu muerte me llegó hoy a las tres de la tarde. Estábamos en una reunión cuando empezaron a transmitir el comunicado. Escuché tu nombre, mal pronunciado, y tardé un segundo en asimilarlo. Maquinalmente empecé a santiguarme como cuando era chico. No terminé con ese gesto. El mundo estuvo parado ese segundo. Después les dije a Mariana y Pablo: “era mi hija”. Suspendí la reunión.

    Estoy aturdido. Muchas veces lo temía. Pensaba que era excesiva suerte no ser golpeado, cuando tantos otros son golpeados. Sí, tuve miedo por vos, como vos por mí, aunque no lo decíamos. Ahora el miedo es aflicción. Sé muy bien por qué cosas has vivido y combatido. Estoy orgulloso de esas cosas. Me quisiste, te quise. El día que te mataron cumpliste 26 años. Los últimos fueron muy duros para vos. Me gustaría verte sonreír una vez más.

    No podré despedirme, vos sabés por qué. Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad. El verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro y quizás te envidio, querida mía.

    Hablé con tu mamá. Está orgullosa en su dolor, segura de haber entendido tu corta, dura, maravillosa vida.

    Anoche tuve una pesadilla torrencial, en la que había una columna de fuego, poderosa pero contenida en sus límites, que brotaba de alguna profundidad.

    Hoy en el tren un hombre me decía: “Sufro mucho. Quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año”. Hablaba por él pero también por mí.

    6 min
  • Episodio 7 - Carta de John Lennon a Paul y Linda McCartney (Antonio Birabent)

    Año 1971. Pasaron ya algunos meses desde la separación de Los Beatles. John Lennon está furioso con Paul y Linda McCartney. Esta carta es una respuesta a una misiva de ella, en la que lo castigaba por no anunciar públicamente su partida de la banda. Estas palabras son sólo el primer disparo de una guerra legal por tomar el control -y el negocio- de uno de los grupos más influyentes de la historia de la música. Lee el músico y actor Antonio Birabent.


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    Estimados Linda y Paul,

    Estaba leyendo tu carta y me preguntaba quién es el fan de los Beatles de mediana edad que escribió lo que escribió. Me resistí a mirar la última página para averiguar… ¡Qué mierda! ¡Es Linda!

    ¿De verdad crees que la prensa está detrás de mí? ¿Qué piensas? ¿Quién crees que somos? Espero que te des cuenta de la mierda que sos y que el resto de tus amigos pusieron en Yoko y en mí porque estuvimos juntos. A veces podría haber sido un poco más sutil, pero ahora no puedo. Así que lo mínimo que pueden hacer por nosotros, si no te importa lo que digo, es callarte. ¡Callate, Linda! Deja que Paul escriba –o lo que sea que haga.

    No me avergüenzo de los Beatles (yo hice que todo comenzara). Pero sí de la mierda que aceptamos para hacernos tan grandes. Pensé que todos nos sentimos de esa manera en diversos grados. Obviamente no fue así.

    ¿De verdad crees que la mayoría del arte de hoy surgió por los Beatles? No creo que estés tan loco, Paul, ¿crees eso? ¡Cuando dejes de creerlo podrás despertar! ¿No dijimos siempre que éramos parte del movimiento… pero no todo? Por supuesto, cambiamos el mundo, pero trata de seguir adelante. ¡Deja tu disco de oro y volá!

    Disculpa si utilizo el “Espacio Beatle” para hablar de otras cosas. Obviamente si le siguen haciendo preguntas a los Beatles, yo las responderé. Me preguntan sobre Paul y yo respondo. Sé que algo de esto se vuelve personal, pero trato de responder directamente.

    No me molesta tu marido, Linda. Siento lastima por él. Sé que los Beatles son “gente bastante agradable”. Soy uno de ellos. También son unos grandes bastardos como cualquier otra persona, así que ¡bájense de ese caballo! Por cierto, en un año, hemos tenido inquietudes más interesantes en nuestras nuevas actividades de las que tuvimos a lo largo de la era de los Beatles.

    Por último, respecto a no decirle a nadie que dejé Los Beatles, Paul y Klein pasaron el día convenciéndome que era mejor no decir nada. Me pedían que no dijera nada porque haría daño a los Beatles. ¿Lo recuerdas? Así que mantén eso en tu pequeña mente perversa, Sra. McCartney. Los imbéciles me pidieron que me callara.

    Por supuesto, el aspecto del dinero es importante para todos nosotros, especialmente después de toda la mierda que viene de su familia política bastante insana. ¡Que Dios te ayude, Paul! Nos vemos en dos años, creo que ya habrán terminado entonces.

    A pesar de todo,

    Mucho amor para ambos, de parte de nosotros dos.

    6 min
  • Episodio 6 - Carta de Roberto Fontanarrosa a Quino (Hernán Casciari)

    Roberto Fontanarrosa y Quino son dos grandes del humor gráfico. Dos próceres que marcaron hitos en el imaginario popular argentino, con personajes como Inodoro Pereyra y Mafalda.

    Esta carta es escrita por un joven Fontanarrosa, que ya era El Negro y había iniciado un camino a paso firme en el mundo de la historieta. El destinatario es un artista y un maestro en la materia: Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino. El mendocino acaba de sacar un libro. Y el Negro le demuestra toda su admiración y respeto, con una frase tan argentina como sus personajes. Lee el escritor Hernán Casciari.


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    Quino:

    Ayer estuve viendo tu último libro (el que editó Siglo XXI) y me dije: “Yo le tengo que escribir a este monstruo”. No sé bien qué decirte pero si tal vez te sirve de respetuoso índice te digo digo que cada página de tu libro que pasaba me decía: ¡Qué hijo de puta! Que creo que es la máxima expresión admirativa que puede arrancarse de un argentino.

    No me quiero poner poético ni filosófico ni intelectual, pero recordé una canción de Bob Dylan, “Soplando el viento” (hermosa canción), que por ahí dice algo así: ¿Cuánto tiene que caminar un hombre para que pueda llamarse hombre? Con tu libro, pensé: ¿Cuánto tiene que caminar un humorista para que pueda llamarse humorista? Creo que vos sos uno de los pocos en condición de contestar esa pregunta.

    La semana próxima iré por allá. Un gran abrazo. Otro para Alicia. Nos veremos.

    El Negro Fontanarrosa.

    4 min
  • Episodio 5 - James Joyce (Yael Gutman)

    Todos conocen a James Joyce como uno de los escritores más influyentes del siglo XX y, claro, por su obra maestra Ulises. También fue un gran escritor de cartas. Mantuvo durante un tiempo una relación epistolar con su esposa, la escritora Nora Barnacle. Estas son cartas con tal grado de lujuria, que sus descendientes decidieron mantenerlas ocultas por muchos años. La carta como una evocación, como un intento de revivir la cópula. Palabras que suenan, por momento, como el mismo sexo: brutal e irresistible. Lee la actriz Yael Gutman.


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    Mi dulce y traviesa pajarita cogedora. Aquí está otro billete para comprar lindos calzones o medias o ligas. Compra calzones de puta, amor, y asegúrate de rociarles las piernas con algún agradable aroma y también de mancharlas un poquito atrás.

    Pareces ansiosa de saber cómo recibí tu carta que dices es peor que la mía. ¿Cómo que es peor que la mía, amor? Sí, es peor en una o dos partes. Me refiero a la parte en la que dice que lo harás con tu lengua (no me refiero a que me chupes) y en esa amable palabra que escribiste bien grande y subrayada, pequeña canalla. Es excitante escuchar esa palabra (y una o dos más que no escribiste) en los labios de una chica. Pero prefiero que hables de ti y no de mí. Escríbeme una larga, larga carta, llena de esas y otras cosas, acerca de ti, querida.

    Ahora ya sabes cómo regalarme una erección. Dime las más pequeñas cosas acerca de ti tan detalladamente mientras sean obscenas, sucias y secretas. No escribas otra cosa. Deja a cada oración llenarse de sucias e impúdicas palabras y sonidos. Son lo más amo oír y ver en el papel, porque las más sucias son las más hermosas.

    Las dos partes de tu cuerpo que hacen cosas sucias son las más amadas por mí. Prefiero tu culo, querida, a tus tetitas porque hace cosas más sucias. Si amo tanto tu coño no tanto por ser la parte de tu cuerpo que penetro, sino porque hace otra cosa sucia. Puedo pasar todo el día acostado putaneando mientras miro la divina palabra que escribiste, y la cosa que dices quisieras hacer con tu lengua. Desearía poder oír tus labios murmurando esas celestiales y excitantes palabras sucias, ver tu boca haciendo ruidos y sonidos sucios, sentir tu cuerpo culebreando debajo mío oír y oler los gruesos sucios pedos de niña irse pop pop fuera de tu hermoso culo desnudo de niña y coger, coger, coger el sexo de mi caliente villana, mi pequeña y cogedora pajarita, por siempre.

    Estoy feliz ahora, porque mi putita dijo que quiere que lo hagamos por atrás, y quiere que la coja por la boca, y quiere desabotonarme y sacar mi petaca y chuparla como una teta. Más y más sucias que éstas cosas quiere ella hacer, mi pequeña y desnuda cogedora, mi pícara y pequeña culeadora, mi dulce y sucia pedorrita.

    Buenas noches mi pequeño coñito, me voy a acostar y jalármela hasta acabar. Escribe más y más sucio, querida. Hazle cosquillitas a tu pequeño coño mientras me escribes para que te haga decir peores y peores cosas. Escribe grande las palabras obscenas y subrayadas y bésalas y ponlas un momento en tu dulce coño caliente, querida, y también levanta un momento tu vestido y ponlas debajo de tu querido culito pedorro. Haz más si quieres y mándame entonces la carta, mi querida pajarita cogedora del trasero café.

    7 min
  • Episodio 4 - Hebe Uhart (Sonia Novello)

    La carta a los padres podría ser un subgénero literario dentro del epistolar. En este caso, la maravillosa escritora Hebe Uhart usa la carta como una forma de sacarlo todo afuera, de decir, para que las palabras y los sentimientos dejen, aunque sea por un momento, de habitarnos. Un texto con reconocimientos tardíos y algunos reclamos a la madre muerta. Lee la actriz Sonia Novello.


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    Querida mamá:

    Va la tercera vez que te escribo esta carta; la primera carta no me gustó y perdí la segunda. Ahora cuando no quiero una cosa, no la tiro: se me pierde, aunque después me vuelve a interesar de nuevo y sé que en algún momento va a volver. Ahora trato de hacer siempre dos cosas al mismo tiempo: por ejemplo, mientras limpio los estantes, encuentro algo que necesitaba, y cuando barro, escucho la radio; si tomo sol, arreglo las plantas. Tanta bronca que me daba cuando vos me decías: “De paso, hacé tal cosa” y yo no quería hacer nada de paso para no perder la idea de la actividad fundamental. Ahora no sé si la actividad fundamental es barrer o escuchar la radio. Y entiendo cuando vos te decías a vos misma “sí, sí, sí...”, como si algo se fuera animando, como si la vida se pusiera en marcha en uno con prescindencia de los propios designios.

    La situación económica es mala, pero yo me arreglo. No vivo más en el departamento de Gascón. Me mude a uno con un gran balcón. Puse muchas plantas y tengo una enramada que yo llamo la parra. Bueno, eso te quería contar. Me olvidé de barrer las hojas del balcón, se tapó la rejilla y se me inundó toda la casa. Puse un montón de pruebas viejas de los alumnos y cartones para parar el agua pero es de lo más solapado e incontenible. Llegó hasta el ascensor. Ahora no me sucede más eso y no tengo una sola cucaracha porque me he vuelto muy limpia. A veces lavo ropa para no fumar tanto y también corrijo pruebas porque cuando se corrige no se gasta plata.

    Mamá, tengo un gato que se llama Andrés, Marabú, Misho y catito. Es precioso, blanco, gris y dorado. Le doy pescado para el brillo del pelo. Araña una alfombra que no conoces, me araña los vaqueros y de tarde en tarde un poco a mí, cuando está muy frustrado. Duerme a mis pies y no digas ¡Santa madonna! Porque no tiene pulgas, y si las tiene, no me las pasa y si me las pasa, no me pican.

    Como en los platos de porcelana que vos me dejaste y que cuidabas para las grandes ocasiones, pero a mí me parece bien y solo veo al asunto un poco raro cuando alguien me lo señala y para que no crean que estoy un poco loca me prometo comprar un plato de gato, pero después me olvido. Todavía guardo copitas de cristal pero, se me fueron rompiendo en diversos festejos y porque sí no mas.

    Los manteles de hilo se los regalé a las primas. Tenías razón, yo no soy para manteles de hilo y aparte ahora vienen unos lavables de tela sintética, se tiran y así se cambia un poco.

    Tenías razón en muchas cosas. Tenías razón en que la siesta es algo hermoso.

    Cómo me gustaría mamá que te vinieras a sentar debajo de la parra con tu bastón, jamás te pelearía por nada, como cuando vos cobrabas y te comprabas un oporto y un paquete de caramelos. Yo te acompañaba impaciente y con fastidio y te decía: - para qué los querés si no los comes? Y vos me decías vacilante: - para tener por si viene alguien.

    Mamá tanto que hemos peleado y nos hemos querido, que después que te fuiste yo pensaba, como puede ser que todo eso que existió, no exista más, y que ahora ella ignore todo lo que me pasa, que de lo mismo blanco que negro. Yo creo que me da trabajo esta carta porque no quiero llorar. No sé por qué no quiero llorar, que hace tanto que no lloro y me vendría bien tal vez con alguna película.

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    7 min
  • Episodio 3 - Carta de Salvador Dalí a Federico García Lorca (Miguel Jordán)

    Uno por por ciento de inspiración y 99 por ciento de transpiración. Ese era el componente del éxito, según Thomas Edison. El protagonista de nuestra carta aprendió la lección muy bien. Es nada menos que el Fran salvador Dalí. Le escribe a su amigo Federico García Lorca. Lo hace en el medio de un breve descanso. Esta inmerso en su obra trabaja mañana tarde y noche. Está obsesionado porque las olas de sus cuadros sean idénticas a las del mar. Hay retazos de un genio, sí, pero en el cuerpo de tipo que trabaja como un animal. Lee el actor Miguel Jordan.


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    Cadaqués, septiembre, 1926.

    Querido Federico:

    Te escribo lleno de una gran serenidad y de tu santa calma; verás: ya hace un poco de mal tiempo en este bendito septiembre, llueve, hace viento, ancla un barco en el puerto; eso hace sentir más el interior, y los ruidos suaves de los trabajos suaves y quietos en los interiores ...

    Mi hermana cose ropa blanca a mi lado cerca de la ventana, en la cocina se hacen confituras y se habla de pone uvas a secar; yo he pintado toda la tarde, siete olas duras y frías como son las del

    mar. Mañana pintaré siete más; estoy tranquilo porque las he pintado bien, además cada vez el mar se parece más al que yo pinto.

    Resulta también que San Sebastián es el patrón de Cadaqués, ¿te acuerdas de la ermita de San Sebastián en la montaña de Peni? Pero dejo eso y voy a contestarte tu carta de situaciones, como ¡viejos! amigos que ya somos. Tú no harás oposiciones a nada, convence a tu padre que te deje vivir tranquilamente sin esas preocupaciones de aseguramientos de porvenir, trabajo, esfuerzo

    personal y demás cosas. Publica tus libros. Eso te puede dar fama… América, etc, con un nombre real y no legendario como ahora, todo Dios te estrenará lo que hagas.

    Yo sueño en irme a Bruselas para copiar a los holandeses en el museo; mi

    padre está contento del proyecto ... ¿Venir a Granada? No te quiero engañar,

    no puedo; por Navidad pienso hacer mi exposición en Barcelona, que será algo

    gordo; hijo, tengo que trabajar esos meses como ahora, todo el santo día sin pensar en nada más. ¡Tú no puedes darte cuenta de cómo me he entregado a mis cuadros, con qué cariño pinto mis ventanas abiertas al mar con rocas, mis cestas de pan, mis niñas cosiendo, mis peces, mis, cielos como esculturas!

    Adiós, te quiero mucho, algún día volveremos a vemos, ¡qué bien lo

    pasaremos!

    Escribe. Adiós, adiós. Me voy a mis cuadros de mi corazón.

    6 min
  • Episodio 2 - Carta de un soldado de Malvinas desde las islas (Gabriel Sagastume)

    Es la primera vez en la historia de Epistolar que el autor de la carta es también quien la lee. Se trata de un ex combatiente de la Guerra de Malvinas. Pero nadie mejor que el para contarnos su historia y la de su carta, que forma parte de la obra de teatro Campo Minado.


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    Me llamo Gabriel Sagastume. Yo fui soldado del Regimiento 7 durante la Guerra de Malvinas. Estaba en una colina, que se llama Wireless Ridge. Yo no creía que los ingleses iban a venir y no me había hecho trinchera. Empece a buscar un lugar donde protegerme cuando empezaron los bombardeos. En realidad, lo único que hacía era escribir cartas, como ésta, que le escribí a Florencia, que era mi novia en esa época y que hoy es mi mujer.


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    Islas Malvinas, 1 de junio de 1982

    Querida Florencia:

    Ayer recibí tu carta número seis para mí. Está fechada el 18 de mayo y le pusiste Laura S. como remitente por miedo a que no me llegue. Ya te digo: las cartas llegan lo que pasa es que tardan bastante. Ya me llegaron seis tuyas, cuatro de mamá, dos de Marta, una de Alicia, una de Salta, una de Susana Barreto (la mamá de Memo), una de Silvia, una Claudia, una de Cecilia y una de Tomás. Me acabo de avivar releyendo que me olvidé de la de tus hermana y la de tus viejos (por favor, que no trascienda).

    Me preguntás por las donaciones y te digo que deben estar en Río Gallegos o no sé dónde porque acá no están. Lo mismo debe pasar con encomiendas porque me llegó solamente la primera de mamá.

    Te digo que recibir una carta acá equivale casi a un cacho de asado. No, vale más todavía. No sabés lo que son las caras de los monos cuando entregan cartas. Y los saltos que pego yo cuando hay para mí. Es difícil mantener una comunicación porque de los dos nos queda la duda de si llegará y cuándo.

    Además, veo que te preocupa que no hablo mucho de lo que hacemos y cómo estamos. Es que recibir una carta y ponerse a escribir son dos momentos sublimes, en los que por algunos instantes me voy de esta isla y estoy en casa o en la tuya y me siento rodeado de gente que quiero y que me quiere.

    Me cuesta hablar de la vida que llevamos acá porque cuando escribo quiero estar un rato con ustedes aunque sea mentalmente y por eso pongo pavadas y divago. Te cuento ahora un poquito y nada más. Estamos en una colina, a unos 10 kilómetros del pueblo Puerto Stanley o Puerto Argentino. Vivimos en carpas o en posiciones, que son pozos, rodeados de piedras y les hacemos techo con los paños de carpa. Tenemos una cocina acá arriba con nosotros, pero los víveres lo traemos a lomo.

    Solamente debemos esperar un ataque y estar siempre alertas. Pero, más que eso, lo único que esperamos es la hora de la comida, cartas y encomiendas. La radio se me rompió, así que las noticias me vienen por boca de otro.

    Bueno, se me acabo el papel y todavía no te puse te quiero. No me salió una linda carta, pero sabrás disculpar. Tenía ilusión de estar el 13 con vos pero aunque no esté allá seguro que acá se me escapa alguna lagrimita para vos.

    No importa, ya vamos a festejar a la vuelta y vamos a tomarnos todo y comernos todo. Vos no, porque te tenés que cuidar. Te quiero mucho mucho mucho. Te extraño y además se me acaba la birome. Muchos besos y el más feliz cumpleaños de Gabriel.

    PD: Va una carta para mamá y otra para Tomás. Ah, me parece que en estos días es el Día del Padre. Dale saludos a Rubén de su yerno combatiente.

    7 min
  • Episodio 1 - María Guadalupe Moreno (Graciela Borges)

    Bienvenidos a la segunda temporada de Epistolar. La preciosa melodía que acabas de escuchar es de José Ferrufino, que compuso esta canción especialmente para Epistolar. Y la voz de nuestra presentación es de Graciela Borges.

    Mariano Moreno y Guadalupe Cuenca se conocieron en Chuquisaca, un área administrativa del Virreinato del Río de la Plata, situada en lo que hoy es el territorio de Bolivia.

    Él tenía 21 años y estudiaba teología y derecho. Ella, apenas 14, y un futuro marcado por su madre: iba a ser monja.

    Pero se enamoraron, se casaron y tuvieron a Marianito. Con el tiempo, Moreno se convirtió en una figura fundamental de la Revolución de Mayo y clave en la Primera Junta de Gobierno.

    Moreno fue enviado en una misión diplomática a Gran Bretaña el 24 de enero de 1811, pero nunca llegaría a destino. Murió en altamar el 4 de marzo siguiente. Apenas comenzó su viaje, Guadalupe comenzó a mandarle cartas. Una tras otra. Cartas de amor. Cartas desesperadas. Cartas que esperaban una respuesta. Cartas políticas. Guadalupe no sabía de su trágico destino.

    Esta es una selección de dos de esas cartas. Es un honor para Epistolar contar con la participación de Graciela Borges, un ícono de la filmografía argentina, quien protagoniza la apertura de nuestra segunda temporada. Que la disfruten.


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    Mi querido y estimado dueño de mi corazón:

    Me alegraré que lo pases bien y que al recibo de ésta estés ya en tu gran casa con comodidad y que Dios te de acierto en tus empresas. Tu hijo y toda tu familia quedan buenos, pero yo con muchas fluctuaciones y el dolor en las costillas que no se me quita y cada vez va a más.

    Estoy en cura, me asiste Argerich, se me aumentan mis males al verme sin vos y al pensar morirme sin verte y sin tu amable compañía. Todo me fastidia, todo me entristece, las bromas de Micaela me enternecen porque tengo el corazón más para llorar que para reír.

    Mi querido Moreno, si no te perjudicas procura venirte lo más pronto que puedas o si no haceme llevar porque sin vos no puedo vivir. La casa me parece sin gente. No tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu mujer y tu hijo que te consuelen y participen de tus disgustos.

    ¿O quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que ocupe mi lugar? No hagas eso Moreno. Cuando te tiente alguna inglesa, acordate que tenes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios.

    Mi querido Moreno de mi corazón:

    Ya te puedes hacer cargo cómo estaré sin saber de vos en tantos meses, que cada uno me parece un año. Cada día te extraño más… Todas las noches sueño con vos, ah, mi querido Moreno, cuántas veces sueño que te tengo abrazado pero luego me despierto y me hallo sola en mi triste cama. La riego con mis lágrimas, de verme sola, y que no solo no te tengo a mi lado sino que no sé si te volveré a ver. Y quién sabe si mientras esta ausencia no nos moriremos alguno de los dos. Pero en caso de que llegue la hora sea a mí, Dios mío, y no a mi Moreno. Dios no lo permita que muramos sin volvernos a ver.

    María Guadalupe Moreno.

    7 min

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Escribir cartas es una de esas cosas que dejamos de hacer. Este podcast busca rescatar algo que parece un arcaísmo. Artistas le pondrán la voz y el sentimiento a misivas de distintas épocas y…