"Por naturaleza, el alma es el sirviente del Señor y el Señor tiene el derecho de hacer y deshacer, de hacer cualquier cosa de acuerdo con Su dulce voluntad. Si emprendemos las practicas devocionales de escuchar, cantar, recordar y adorar, aceptando esta verdad, entonces y sólo entonces serán devocionales nuestras acciones. Sólo la actividad del alma rendida puede ser devoción. La adoración sincera nos ayudará a buscar la ayuda del Señor, pero por otra parte, sólo podrá llegar a Él la oración que se hace con un espíritu de rendición (Saranagati 1.5)."