Concepción Arenal dirigió su vida a cambiar las condiciones de las mujeres, niños desamparados, presidiarios y enfermos mentales; de todos aquellos que eran apartados e invisibilizados por la sociedad. Su obra es el reflejo de su pensamiento humanista, analítico y compasivo. No desperdició nunca la oportunidad de señalar la importancia de legislar en favor de los derechos de las mujeres, en paridad e igualdad con los hombres. Reformista, pragmática y con un poderoso sentido de la ética y la justicia, es la gran pensadora que anticipó los grandes debates del siglo XXI, en torno a la integración social de los desarraigados.