Las últimas palabras de Jesús en este texto nos ponen a pensar en la infinita bondad de Dios y en la ingrata respuesta que le ha dado no sólo la humanidad, sino incluso nosotros los cristianos. Hoy nos encontramos con un mundo sin fe; un mundo que ha sacado a Dios de todos sus ambientes. Con el pretexto de la libertad y la “pluralidad”, lo hemos sacado de las escuelas, de los deportes, de los gobiernos, hasta de nuestras propias casas, en donde muchas veces Jesús y su evangelio encuentran poco espacio en la convivencia familiar.
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