El episodio de hoy nos presenta de nuevo los tres elementos que se repiten en la vida del pueblo de Dios: inseguridad y reclamo a Dios; intercesión de Moisés y Aarón; acción salvadora de Dios por medio de un intermediario.
Si analizamos nuestra propia historia y la historia de la misma Iglesia, veremos que esto se repite y, de alguna manera, forma parte de nuestra naturaleza fragmentada por el pecado. El hombre, aun el cristiano, frecuentemente se siente inseguro (por la situación económica, la enfermedad, la violencia) y, no obstante, el conocer que tiene como aliado y Señor a Dios, siente que no podrá salir adelante y en ocasiones, cuando la situación es muy grave, incluso le reclama a Dios.
Es entonces cuando acude en busca de ayuda, la cual se expresa, generalmente, en un reclamo hacia los líderes de la comunidad (sacerdotes, ministros, consagrados), quienes, oran al Señor pidiendo la bendición de Dios. Finalmente, Dios, valiéndose de nuevo de instrumentos, manifiesta su acción salvadora (desafortunadamente, no siempre de la manera en que la persona lo esperaba), lo cual trae la paz de nuevo al corazón.
Hermanos, Dios nos ha mostrado cientos de veces su santidad y su amor. Clamemos a él en nuestras necesidades, pero hagámoslo con confianza, con paz en nuestro corazón; pidamos a nuestros hermanos que se unan a nuestras intenciones y oraciones, pero no como quien reclama sino con alegría, sabiendo que Dios tiene un plan para nosotros y finalmente estemos atentos, Dios manifestará siempre su salvación.
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