En este pasaje san Pablo nos destaca la importancia que tiene, para la salvación de los demás y la nuestra propia, el buen testimonio. No podemos, por tanto, decir: "Esta es mi vida y yo hago con ella lo que me parece".
Hemos sido bautizados y la mayoría de la gente nos reconoce como cristianos, por ello nuestro mal testimonio hace caer en pecado a muchos de nuestros hermanos que, teniendo una conciencia mal formada y viendo nuestro mal ejemplo, se sienten invitados a imitarnos, pensando que tal o cual cosa, si la hace mi hermano, que como yo es cristiano, "no ha de estar tan mal". No es raro encontrarnos con cristianos que se emborrachan, que frecuentan lugares poco o nada cristianos, que maltratan a los hermanos e incluso a la misma familia, que no van a misa.
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