¿Qué hemos hecho de nuestra vida, de la viña que el Señor nos confió el día de nuestro bautismo?
¿Podríamos decir que hemos o estamos produciendo frutos? O, ¿nos hemos apoderado de ella, sin respetar a aquellos que nos han sido enviados para pedirnos cuentas (padres, hermanos, amigos, sacerdotes)? Y, ¿qué podríamos decir de la viña que nos entregó nuestro Señor en nuestra familia, en la esposa, en los hijos, y en general en todo lo que poseemos? Es bueno recordar siempre que no somos dueños sino administradores y que, al menos, una parte de los frutos le tocan al Señor.
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