Los judíos, anclados en la Ley de Moisés, consideraban que lo que los hacía santos era el cumplimiento de todos los preceptos que en ella se habían escrito. Esto, como lo dirá más adelante san Pablo, tiene un fundamento y una verdad, sin embargo, Jesús nos ha revelado que es, precisamente por el Espíritu Santo, que Dios mora en nosotros como en un templo, esto hace que el hombre sea verdaderamente Santo.
Hoy se da entre muchos de nuestros cristianos un pensamiento parecido, ya que muchos piensan que la santidad viene por hacer tal o cual práctica litúrgica o devocional. La verdad es que éstas son importantes (ir a misa los domingos, rezar novenas, visitar santuarios), sin embargo, la santidad y la verdadera vida cristiana vienen al hombre por la vivencia del Evangelio y la acción de Dios en nosotros por medio del Espíritu Santo.
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