La palabra de Dios nos presenta el terrible sufrimiento que vivió nuestra Madre cuando se quedó Jesús en el templo y ella pensó que se había perdido. Dado que Dios ha querido que María sea la madre de todos nosotros, los discípulos del Señor, podemos imaginar que esta experiencia se repite continuamente en el cielo cuando alguno de nosotros se pierde, cuando se aleja de Dios y, por ende, de ella. Ciertamente Jesús se quedó en el templo sin avisarle a sus padres, lo cual produjo una gran angustia a nuestra madre. El problema es que nosotros no nos perdemos por quedarnos en la casa de Dios. Por ello, debemos de tomarnos fuertemente de la mano de María Santísima para que no nos perdamos.
Support the show