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PADRE JOHN KENNY
Juan 10, 11–18
Jesús dijo:
“Yo soy el buen pastor.
El buen pastor da la vida por sus ovejas.
El asalariado, en cambio,
como no es el pastor
y las ovejas no son suyas,
cuando ve venir al lobo,
abandona a las ovejas y huye,
y el lobo las arrebata y las dispersa.
Como es asalariado,
no le importan las ovejas.
Yo soy el buen pastor:
conozco a mis ovejas
y mis ovejas me conocen a mí,
como el Padre me conoce a mí
y yo conozco al Padre;
y doy mi vida por las ovejas.
Tengo además otras ovejas
que no son de este redil;
también a esas tengo que conducirlas,
y escucharán mi voz,
y habrá un solo rebaño y un solo pastor.
Por eso me ama el Padre:
porque doy mi vida
para volver a tomarla.
Nadie me la quita,
yo la doy libremente.
Tengo poder para darla
y poder para recuperarla.
Este es el mandato que recibí de mi Padre.”
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Juan 10, 1–10
Jesús dijo:
“Les aseguro:
el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas,
sino que salta por otro lado,
es un ladrón y un bandido.
Pero el que entra por la puerta
es el pastor de las ovejas.
A este le abre el guardián,
y las ovejas escuchan su voz;
él llama a cada una por su nombre
y las saca afuera.
Cuando ha sacado a todas las suyas,
camina delante de ellas,
y las ovejas lo siguen
porque conocen su voz.
A un extraño no lo seguirán,
sino que huirán de él,
porque no conocen la voz de los extraños.”
Jesús les puso esta comparación,
pero ellos no entendieron lo que quería decir.
Entonces volvió a decir:
“Les aseguro:
yo soy la puerta de las ovejas.
Todos los que vinieron antes de mí
son ladrones y bandidos,
pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta:
el que entra por mí se salvará;
podrá entrar y salir
y encontrará pasto.
El ladrón viene solo para robar, matar y destruir;
yo he venido para que tengan vida,
y la tengan en abundancia.”
PADRE DIEGO PAEZ
Marcos 16, 15–20
Jesús dijo a sus discípulos:
“Vayan por todo el mundo
y anuncien la Buena Noticia a toda la creación.
El que crea y sea bautizado se salvará;
el que no crea será condenado.
Y estas señales acompañarán a los que crean:
en mi nombre expulsarán demonios,
hablarán lenguas nuevas,
tomarán serpientes en sus manos,
y si beben veneno no les hará daño;
impondrán las manos a los enfermos
y quedarán sanos.”
Después de hablarles,
el Señor Jesús fue elevado al cielo
y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos salieron a predicar por todas partes,
mientras el Señor actuaba con ellos
y confirmaba la palabra
con las señales que la acompañaban.
PADRE JESUS MORA
Juan 6, 52–59
Los judíos discutían entre ellos y decían:
“¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”
Jesús les dijo:
“En verdad, en verdad les digo:
si no comen la carne del Hijo del Hombre
y no beben su sangre,
no tienen vida en ustedes.
El que come mi carne
y bebe mi sangre
tiene vida eterna,
y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es verdadera comida
y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne
y bebe mi sangre
permanece en mí
y yo en él.
Así como el Padre, que vive, me envió
y yo vivo por el Padre,
también el que me come
vivirá por mí.
Este es el pan que bajó del cielo;
no como el que comieron sus padres,
y murieron.
El que come este pan
vivirá para siempre.”
Esto lo dijo enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Juan 6, 44–51
Jesús dijo:
“Nadie puede venir a mí
si el Padre que me envió no lo atrae;
y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en los profetas:
‘Todos serán enseñados por Dios.’
Todo el que escucha al Padre
y aprende de Él
viene a mí.
No es que alguien haya visto al Padre,
sino el que viene de Dios:
ese sí ha visto al Padre.
En verdad, en verdad les digo:
el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de vida.
Sus padres comieron el maná en el desierto
y murieron.
Este es el pan que baja del cielo,
para que quien lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré
es mi carne
para la vida del mundo.”
PADRE JOHN KENNY
Juan 6, 35–40
Jesús les dijo:
“Yo soy el pan de vida.
El que viene a mí no tendrá hambre,
y el que cree en mí no tendrá sed jamás.
Pero ya se los dije:
ustedes me han visto
y no creen.
Todo lo que el Padre me da
vendrá a mí,
y al que viene a mí
no lo rechazaré.
Porque he bajado del cielo,
no para hacer mi voluntad,
sino la voluntad del que me envió.
Y esta es la voluntad del que me envió:
que no pierda nada de lo que me ha dado,
sino que lo resucite en el último día.
Porque esta es la voluntad de mi Padre:
que todo el que vea al Hijo
y crea en Él
tenga vida eterna,
y yo lo resucitaré en el último día.”
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Juan 6, 30–35
La gente le dijo a Jesús:
“¿Qué signo haces para que veamos y creamos en ti?
¿Qué obra realizas?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto,
como está escrito:
‘Les dio a comer pan del cielo.’”
Jesús les respondió:
“En verdad les digo:
no fue Moisés quien les dio el pan del cielo;
es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo.
Porque el pan de Dios
es el que baja del cielo
y da vida al mundo.”
Ellos le dijeron:
“Señor, danos siempre de ese pan.”
Jesús les respondió:
“Yo soy el pan de vida.
El que viene a mí no tendrá hambre,
y el que cree en mí no tendrá sed jamás.”
PADRE DIEGO PAEZ
Juan 6, 22-29
Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?" Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".
Ellos le dijeron: "¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?" Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado".
PADRE JESÚS MORA
Lucas 24, 13–35
Ese mismo día, dos discípulos iban de camino a un pueblo llamado Emaús,
a unos once kilómetros de Jerusalén.
Iban hablando entre ellos de todo lo que había pasado.
Mientras conversaban y discutían,
Jesús en persona se acercó
y comenzó a caminar con ellos,
pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
“¿De qué vienen hablando por el camino?”
Ellos se detuvieron, con rostro triste.
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
“¿Eres el único en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?”
Él les preguntó:
“¿Qué cosa?”
Ellos le dijeron:
“Lo de Jesús de Nazaret,
que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;
cómo nuestros jefes lo entregaron para que fuera condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que Él sería el que iba a liberar a Israel.
Pero ya han pasado tres días desde que todo esto sucedió.
Algunas mujeres de nuestro grupo nos desconcertaron:
fueron de madrugada al sepulcro
y no encontraron su cuerpo;
decían que habían visto ángeles que les dijeron que Él vive.”
Entonces Jesús les dijo:
“¡Qué poco entienden
y qué lentos son para creer lo que dijeron los profetas!
¿No era necesario que el Mesías padeciera todo esto
para entrar en su gloria?”
Y comenzando por Moisés y todos los profetas,
les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras.
Al acercarse al pueblo,
Jesús hizo como que iba más lejos.
Pero ellos le insistieron:
“Quédate con nosotros,
porque atardece.”
Entró para quedarse con ellos.
Y cuando estaba a la mesa,
tomó el pan,
lo bendijo,
lo partió
y se lo dio.
Entonces se les abrieron los ojos
y lo reconocieron…
pero Él desapareció de su vista.
Y se dijeron uno al otro:
“¿No ardía nuestro corazón
mientras nos hablaba en el camino
y nos explicaba las Escrituras?”
En ese mismo momento se levantaron
y regresaron a Jerusalén.
Encontraron reunidos a los Once y a los demás,
que decían:
“¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado!”
Ellos contaron lo que les había pasado en el camino
y cómo lo habían reconocido
al partir el pan.
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Juan 6, 16–21
Al anochecer,
los discípulos bajaron al lago.
Subieron a una barca
y comenzaron a cruzar hacia Cafarnaúm.
Ya había oscurecido
y Jesús todavía no se había reunido con ellos.
El lago estaba agitado
porque soplaba un fuerte viento.
Habían remado unos cinco o seis kilómetros
cuando vieron a Jesús caminando sobre el agua
y acercándose a la barca.
Y tuvieron miedo.
Pero Él les dijo:
“Soy yo.
No tengan miedo.”
Entonces quisieron recogerlo en la barca,
y enseguida la barca llegó a la orilla
a donde se dirigían.
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