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Or


PADRE GUSTAVO GODINEZ
Juan 6, 16–21
Al anochecer,
los discípulos bajaron al lago.
Subieron a una barca
y comenzaron a cruzar hacia Cafarnaúm.
Ya había oscurecido
y Jesús todavía no se había reunido con ellos.
El lago estaba agitado
porque soplaba un fuerte viento.
Habían remado unos cinco o seis kilómetros
cuando vieron a Jesús caminando sobre el agua
y acercándose a la barca.
Y tuvieron miedo.
Pero Él les dijo:
“Soy yo.
No tengan miedo.”
Entonces quisieron recogerlo en la barca,
y enseguida la barca llegó a la orilla
a donde se dirigían.
PADRE JOHN KENNY
Juan 6, 1–15
Después de esto, Jesús se fue al otro lado del lago de Galilea.
Una gran multitud lo seguía,
porque veían los signos que hacía con los enfermos.
Jesús subió al monte
y se sentó allí con sus discípulos.
Se acercaba la Pascua.
Al levantar la mirada y ver que mucha gente venía hacia Él,
dijo a Felipe:
“¿Dónde compraremos pan para que coman estos?”
Decía esto para ponerlo a prueba,
porque Él ya sabía lo que iba a hacer.
Felipe le respondió:
“Ni con doscientos denarios de pan alcanzaría
para que cada uno reciba un pedazo.”
Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo:
“Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces,
pero… ¿qué es eso para tantos?”
Jesús dijo:
“Hagan que la gente se siente.”
Había mucha hierba en el lugar,
y se sentaron unos cinco mil hombres.
Entonces Jesús tomó los panes,
dio gracias
y los distribuyó a los que estaban sentados;
lo mismo hizo con los peces,
todo lo que quisieron.
Cuando quedaron satisfechos, dijo a sus discípulos:
“Recojan los pedazos que sobraron,
para que no se pierda nada.”
Los recogieron
y llenaron doce canastas con los pedazos
de los cinco panes de cebada que habían sobrado.
Al ver el signo que había hecho, la gente decía:
“Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.”
Pero Jesús, sabiendo que querían venir a llevárselo
para hacerlo rey,
se retiró otra vez al monte, Él solo.
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Juan 3, 31–36
El que viene de lo alto está por encima de todos.
El que es de la tierra
pertenece a la tierra
y habla de lo terreno.
El que viene del cielo
está por encima de todos.
Él da testimonio de lo que ha visto y oído,
pero nadie acepta su testimonio.
El que acepta su testimonio
confirma que Dios es verdadero.
Porque aquel a quien Dios ha enviado
habla las palabras de Dios,
ya que Dios no le da el Espíritu con medida.
El Padre ama al Hijo
y ha puesto todo en sus manos.
El que cree en el Hijo tiene vida eterna.
Pero el que no quiere creer en el Hijo
no verá la vida,
sino que la ira de Dios permanece sobre él.
PADRE DIEGO PAEZ
Juan 3, 16–21
Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en Él
no muera,
sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo,
sino para salvarlo por medio de Él.
El que cree en Él no es condenado;
pero el que no cree ya está condenado,
porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Y este es el juicio:
la luz vino al mundo,
pero los hombres prefirieron la oscuridad
porque sus obras eran malas.
El que hace el mal odia la luz
y no se acerca a ella,
para que no se descubran sus obras.
Pero el que vive en la verdad
se acerca a la luz,
para que se vea que sus obras
están hechas según Dios.
PADRE JESÚS MORA
Juan 3, 7–15
Jesús le dijo a Nicodemo:
“No te sorprendas de que te haya dicho:
‘Tienen que nacer de nuevo.’
El viento sopla donde quiere:
oyes su ruido,
pero no sabes de dónde viene ni a dónde va.
Así es todo el que ha nacido del Espíritu.”
Nicodemo le preguntó:
“¿Cómo puede suceder esto?”
Jesús respondió:
“¿Tú eres maestro en Israel
y no entiendes esto?
En verdad te digo:
hablamos de lo que sabemos
y damos testimonio de lo que hemos visto,
pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.
Si no creen cuando les hablo de cosas de la tierra,
¿cómo creerán si les hablo de las del cielo?
Nadie ha subido al cielo,
sino el que bajó del cielo:
el Hijo del Hombre.
Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto,
también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre,
para que todo el que crea en Él
tenga vida eterna.”
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Juan 3, 1–8
Había un fariseo llamado Nicodemo,
un importante líder judío.
Fue a ver a Jesús de noche y le dijo:
“Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios,
porque nadie puede hacer los signos que tú haces
si Dios no está con él.”
Jesús le respondió:
“En verdad te digo:
el que no nace de nuevo
no puede ver el Reino de Dios.”
Nicodemo le preguntó:
“¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?
¿Puede acaso volver al vientre de su madre?”
Jesús respondió:
“En verdad te digo:
el que no nace del agua y del Espíritu
no puede entrar en el Reino de Dios.
Lo que nace de la carne es carne;
lo que nace del Espíritu es espíritu.
No te sorprendas de que te haya dicho:
‘Tienen que nacer de nuevo.’
El viento sopla donde quiere:
oyes su ruido,
pero no sabes de dónde viene ni a dónde va.
Así es todo el que ha nacido del Espíritu.”
PADRE JOHN KENNY
Juan 20, 19–31
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana,
los discípulos estaban reunidos con las puertas cerradas
por miedo a los judíos.
Entonces llegó Jesús,
se puso en medio
y les dijo:
“La paz esté con ustedes.”
Dicho esto,
les mostró las manos y el costado.
Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús les dijo otra vez:
“La paz esté con ustedes.
Como el Padre me envió,
así también los envío yo.”
Y sopló sobre ellos y les dijo:
“Reciban el Espíritu Santo.
A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados;
a quienes se los retengan, les quedan retenidos.”
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo,
no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Los otros discípulos le decían:
“Hemos visto al Señor.”
Pero él respondió:
“Si no veo la marca de los clavos en sus manos,
si no meto mi dedo en el lugar de los clavos
y mi mano en su costado,
no creeré.”
Ocho días después,
los discípulos estaban otra vez dentro,
y Tomás con ellos.
Llegó Jesús,
estando las puertas cerradas,
se puso en medio y dijo:
“La paz esté con ustedes.”
Luego dijo a Tomás:
“Trae aquí tu dedo,
mira mis manos;
trae tu mano y métela en mi costado;
y no seas incrédulo,
sino creyente.”
Tomás respondió:
“¡Señor mío y Dios mío!”
Jesús le dijo:
“Porque me has visto has creído.
Dichosos los que creen sin haber visto.”
Jesús hizo muchos otros signos en presencia de sus discípulos,
que no están escritos en este libro.
Pero estos han sido escritos
para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios,
y para que creyendo
tengan vida en su nombre.
PADRE LUCAS MACHADO TENIER
Marcos 16, 9–15
Jesús resucitó al amanecer del primer día de la semana
y se apareció primero a María Magdalena,
de la que había expulsado siete demonios.
Ella fue a anunciarlo a los que habían estado con Él,
que estaban tristes y llorando.
Pero ellos, al oír que vivía
y que ella lo había visto,
no le creyeron.
Después de esto, se apareció en otra forma
a dos de ellos que iban de camino al campo.
Ellos volvieron a contarlo a los demás,
pero tampoco les creyeron.
Finalmente, se apareció a los once
mientras estaban a la mesa,
y les reprochó su incredulidad
y la dureza de su corazón,
porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo:
“Vayan por todo el mundo
y anuncien la Buena Noticia a toda la creación.”
PADRE DIEGO PAEZ
Juan 21, 1–14
Después de esto, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos junto al lago de Tiberíades.
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, Natanael, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo:
“Voy a pescar.”
Ellos le dijeron:
“Vamos contigo.”
Salieron y subieron a la barca,
pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla,
pero los discípulos no sabían que era Él.
Jesús les dijo:
“Muchachos, ¿tienen algo de comer?”
Le respondieron:
“No.”
Él les dijo:
“Echen la red a la derecha de la barca
y encontrarán.”
La echaron
y ya no podían arrastrarla por la cantidad de peces.
Entonces el discípulo amado le dijo a Pedro:
“¡Es el Señor!”
Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor,
se puso la túnica y se lanzó al agua.
Los otros discípulos llegaron en la barca,
arrastrando la red llena de peces.
Al bajar a tierra,
vieron un fuego encendido,
con pescado y pan.
Jesús les dijo:
“Traigan algunos de los peces que acaban de sacar.”
Simón Pedro subió a la barca
y arrastró la red a tierra:
estaba llena de peces grandes, ciento cincuenta y tres;
y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo:
“Vengan a desayunar.”
Ninguno se atrevía a preguntarle quién era,
porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio,
y lo mismo hizo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos
después de resucitar de entre los muertos.
PADRE JESUS MORA
Lucas 24, 35–48
Los discípulos contaban lo que les había pasado en el camino
y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Mientras hablaban de esto,
Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:
“La paz esté con ustedes.”
Pero ellos, asustados y llenos de miedo,
pensaban que veían un espíritu.
Él les dijo:
“¿Por qué están tan inquietos?
¿Por qué surgen dudas en su corazón?
Miren mis manos y mis pies:
soy yo en persona.
Tóquenme y vean:
un espíritu no tiene carne ni huesos,
como ven que yo tengo.”
Y diciendo esto,
les mostró las manos y los pies.
Pero como no terminaban de creer por la alegría
y estaban llenos de asombro, les dijo:
“¿Tienen aquí algo de comer?”
Le ofrecieron un trozo de pescado asado.
Él lo tomó
y lo comió delante de ellos.
Después les dijo:
“Esto es lo que les decía cuando estaba con ustedes:
que debía cumplirse todo lo que está escrito sobre mí
en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos.”
Entonces les abrió la mente
para que entendieran las Escrituras.
Y añadió:
“Así está escrito:
que el Mesías debía padecer
y resucitar de entre los muertos al tercer día;
y que en su nombre
se predicaría la conversión y el perdón de los pecados
a todas las naciones,
comenzando por Jerusalén.
Ustedes son testigos de todo esto.”
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