Evangelio Pa' Llevar

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Evangelio Pa' Llevar episodes

  • “De la mesa a la cruz” - 29 de marzo (Mateo 26, 14–27, 66)

    PADRE GUSTAVO GODINEZ


    Mateo 26, 14–27, 66


    La traición

    Uno de los Doce, Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes y les dijo:

    “¿Cuánto me dan si se los entrego?”

    Le ofrecieron treinta monedas de plata.
    Desde entonces buscaba el momento para traicionarlo.

    El primer día de los Ázimos, los discípulos preguntaron dónde preparar la Pascua.
    Al atardecer, Jesús estaba a la mesa con los Doce.

    Mientras comían dijo:

    “Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar.”

    Entristecidos, uno por uno preguntaban:

    “¿Soy yo, Señor?”

    Jesús respondió:

    “El que ha mojado conmigo en el plato, ese me entregará.”

    Luego tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio diciendo:

    “Tomen y coman; esto es mi cuerpo.”

    Tomó el cáliz:

    “Beban todos de él, porque esta es mi sangre de la alianza,
    que será derramada por muchos para el perdón de los pecados.”

    Después cantaron los salmos y salieron hacia el Monte de los Olivos.

    Jesús dijo:

    “Esta noche todos ustedes se van a escandalizar por mi causa.”

    Pedro respondió:

    “Aunque todos te abandonen, yo no.”

    Jesús le dijo:

    “Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.”

    En el huerto, Jesús comenzó a sentir tristeza y angustia.

    “Mi alma está triste hasta la muerte.
    Quédense aquí y velen conmigo.”

    Se adelantó y oró:

    “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz,
    pero no se haga mi voluntad sino la tuya.”

    Volvió y encontró a los discípulos dormidos.

    Llegó Judas con una multitud armada.
    Se acercó y dijo:

    “Salve, Maestro.”

    Y lo besó.

    Jesús respondió:

    “Amigo, ¿a qué vienes?”

    Lo arrestaron.
    Uno de los que estaba con Jesús sacó la espada,
    pero Jesús dijo:

    “Guarda tu espada.
    ¿Crees que no puedo pedir ayuda a mi Padre?”

    Todos lo abandonaron y huyeron.

    Lo llevaron ante el sumo sacerdote.
    Buscaban un motivo para condenarlo.

    El sumo sacerdote le preguntó:

    “¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?”

    Jesús respondió:

    “Tú lo has dicho.
    Y verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder.”

    El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras:

    “Ha blasfemado.”

    Lo escupieron y golpearon.

    Pedro estaba afuera.
    Una criada le dijo:

    “Tú estabas con Jesús.”

    Él lo negó.
    Tres veces.

    Enseguida cantó el gallo.
    Pedro recordó las palabras de Jesús
    y lloró amargamente.

    Judas, al ver que lo habían condenado, devolvió las monedas:

    “He pecado entregando sangre inocente.”

    Ellos respondieron:

    “¿Y a nosotros qué?”

    Arrojó el dinero y se ahorcó.

    Llevaron a Jesús ante el gobernador.

    “¿Eres el rey de los judíos?”

    “Tú lo dices.”

    La multitud gritaba pidiendo su crucifixión.

    Pilato se lavó las manos:

    “Soy inocente de esta sangre.”

    El pueblo respondió:

    “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”

    Liberó a Barrabás y entregó a Jesús para ser crucificado.

    Los soldados lo desnudaron,
    le pusieron un manto rojo,
    una corona de espinas
    y se burlaban:

    “¡Salve, rey de los judíos!”

    Lo golpearon.

    Lo llevaron a crucificar.
    Simón de Cirene fue obligado a cargar la cruz.

    Lo crucificaron en el Gólgota.
    Repartieron sus vestiduras.

    Sobre su cabeza pusieron:
    “Este es Jesús, el rey de los judíos.”

    Se burlaban:

    “A otros salvó, que se salve a sí mismo.”

    Desde el mediodía hasta las tres hubo oscuridad.

    Jesús gritó:

    “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

    Y dando un fuerte grito, expiró.

    El velo del Templo se rasgó.
    La tierra tembló.

    Un centurión dijo:

    “Verdaderamente este era Hijo de Dios.”

    José de Arimatea pidió el cuerpo.
    Lo colocó en un sepulcro nuevo
    y puso una gran piedra.

    Las mujeres estaban allí, mirando.

    Los sumos sacerdotes pidieron a Pilato vigilancia:

    “No sea que sus discípulos lo roben y digan que resucitó.”

    Sellaron la piedra
    y pusieron guardia.

    La Última CenaGetsemaníArrestoJuicio religiosoLas negaciones de PedroJudasAnte PilatoBurlas y camino al CalvarioCrucifixiónSepulturaEl sepulcro sellado

    9 min
  • “Decidieron matarlo” - 28 de marzo (Juan 11, 45-56)

    PADRE JOHN KENNY


    Juan 11, 45-56


    Muchos de los judíos que habían ido a ver a María
    y vieron lo que Jesús hizo (resucitar a Lázaro),
    creyeron en él.

    Pero algunos fueron a contarles a los fariseos
    lo que Jesús había hecho.

    Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos
    reunieron el Consejo y dijeron:

    “¿Qué vamos a hacer?
    Este hombre está realizando muchos signos.
    Si lo dejamos seguir así,
    todos creerán en él,
    y vendrán los romanos
    y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación.”

    Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote ese año, les dijo:

    “Ustedes no entienden nada.
    No se dan cuenta de que les conviene
    que un solo hombre muera por el pueblo
    y no que toda la nación perezca.”

    Esto no lo dijo por sí mismo,
    sino que, como sumo sacerdote ese año,
    profetizó que Jesús iba a morir por la nación;
    y no solo por la nación,
    sino también para reunir en uno
    a los hijos de Dios que estaban dispersos.

    Desde ese día decidieron matarlo.

    Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos,
    sino que se retiró a una región cercana al desierto,
    a una ciudad llamada Efraín,
    y se quedó allí con sus discípulos.

    Se acercaba la Pascua de los judíos,
    y muchos subían a Jerusalén antes de la fiesta
    para purificarse.

    Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo:

    “¿Qué les parece?
    ¿Vendrá a la fiesta?”

    6 min
  • “Si no me crees, mira mis obras” - 27 de marzo (Juan 10, 31-42)

    PADRE LUCAS TENIER MACHADO


    Juan 10, 31-42


    Los judíos tomaron de nuevo piedras para apedrear a Jesús.

    Él les dijo:

    “Les he mostrado muchas obras buenas que vienen del Padre.
    ¿Por cuál de ellas quieren apedrearme?”

    Le respondieron:

    “No te apedreamos por una obra buena,
    sino por blasfemia,
    porque tú, siendo hombre, te haces Dios.”

    Jesús contestó:

    “¿No está escrito en su Ley: ‘Yo dije: ustedes son dioses’?
    Si la Escritura llama ‘dioses’ a aquellos a quienes llegó la palabra de Dios —y la Escritura no puede ser anulada—,
    ¿cómo pueden decir que blasfemo
    porque dije: ‘Soy Hijo de Dios’,
    si el Padre me consagró y me envió al mundo?

    Si no hago las obras de mi Padre, no me crean.
    Pero si las hago, aunque no me crean a mí,
    crean en las obras,
    para que sepan y comprendan
    que el Padre está en mí
    y yo en el Padre.”

    Intentaron entonces arrestarlo otra vez,
    pero se les escapó de las manos.

    Jesús se retiró al otro lado del Jordán,
    al lugar donde Juan había bautizado al principio,
    y se quedó allí.

    Muchos acudían a él y decían:

    “Juan no hizo ningún signo,
    pero todo lo que dijo sobre este hombre era verdad.”

    Y muchos allí creyeron en él.

    8 min
  • "Yo Soy" - 26 de marzo (Juan 8, 51-59)

    PADRE DIEGO PAEZ


    Juan 8, 51-59


    Jesús dijo:

    “Les aseguro:
    el que guarda mi palabra
    no verá la muerte para siempre.”

    Los judíos le respondieron:

    “Ahora sí sabemos que estás poseído.
    Abraham murió, y también los profetas,
    ¿y tú dices que quien guarda tu palabra no morirá?
    ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió?
    ¿Quién te crees?”

    Jesús respondió:

    “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada.
    Es mi Padre quien me glorifica,
    el mismo que ustedes dicen que es su Dios,
    aunque no lo conocen.
    Yo sí lo conozco.
    Y si dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes.
    Pero lo conozco y guardo su palabra.

    Abraham, el padre de ustedes,
    se alegró pensando en ver mi día;
    lo vio y se llenó de gozo.”

    Entonces le dijeron:

    “No tienes ni cincuenta años,
    ¿y has visto a Abraham?”

    Jesús les respondió:

    “Les aseguro:
    antes que Abraham existiera,
    Yo Soy.”

    Entonces tomaron piedras para arrojárselas,
    pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

    5 min
  • “Nada es imposible” - 25 de marzo (Lucas 1, 26-38)

    PADRE JOHN KENNY


    Lucas 1, 26-38


    En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,
    a una joven virgen comprometida con un hombre llamado José, de la casa de David.
    La joven se llamaba María.

    El ángel entró donde ella estaba y le dijo:

    “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”

    Ella se turbó al oír estas palabras y se preguntaba qué significaba aquel saludo.

    El ángel le dijo:

    “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
    Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.
    Será grande y será llamado Hijo del Altísimo.
    El Señor Dios le dará el trono de David su padre;
    reinará para siempre, y su Reino no tendrá fin.”

    María preguntó:

    “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”

    El ángel le respondió:

    “El Espíritu Santo vendrá sobre ti,
    y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.
    Por eso el que nacerá será santo y será llamado Hijo de Dios.

    También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez,
    y ya está en el sexto mes la que llamaban estéril,
    porque nada es imposible para Dios.”

    Entonces María dijo:

    “Aquí está la esclava del Señor;
    hágase en mí según tu palabra.”

    Y el ángel se retiró.

    5 min
  • “¿Quién eres tú?” - 24 de marzo (Juan 8, 21-30)

    PADRE GUSTAVO GODINEZ


    Juan 8, 21-30


    Jesús les dijo otra vez:

    “Yo me voy,
    y ustedes me buscarán,
    pero morirán en su pecado.
    Adonde yo voy, ustedes no pueden ir.”

    Los judíos decían:

    “¿Será que va a quitarse la vida?
    ¿Por eso dice que no podemos ir adonde Él va?”

    Jesús continuó:

    “Ustedes son de aquí abajo;
    yo soy de arriba.
    Ustedes son de este mundo;
    yo no soy de este mundo.

    Por eso les he dicho que morirán en sus pecados.
    Porque si no creen que Yo Soy,
    morirán en sus pecados.”

    Entonces le preguntaron:

    “¿Tú quién eres?”

    Jesús respondió:

    “Eso mismo que les estoy diciendo desde el principio.
    Tengo mucho que decir y juzgar sobre ustedes,
    pero el que me envió es verdadero,
    y yo digo al mundo lo que he oído de Él.”

    Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.

    Entonces Jesús añadió:

    “Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre,
    entonces sabrán que Yo Soy
    y que no hago nada por mi cuenta,
    sino que hablo según lo que el Padre me enseñó.

    El que me envió está conmigo.
    No me ha dejado solo,
    porque yo hago siempre lo que le agrada.”

    Mientras hablaba así,
    muchos creyeron en Él.

    7 min
  • “Las piedras y el silencio” - 23 de marzo (Juan 8, 1-11)

    PADRE JOHN KENNY


    Juan 8, 1-11


    Jesús fue al monte de los Olivos.
    Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a Él.
    Se sentó y comenzó a enseñar.

    Entonces los escribas y fariseos le trajeron a una mujer sorprendida en adulterio.
    La pusieron en medio y le dijeron:

    “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
    En la Ley, Moisés nos mandó apedrear a estas mujeres.
    Tú, ¿qué dices?”

    Decían esto para ponerlo a prueba y tener de qué acusarlo.

    Pero Jesús se inclinó y comenzó a escribir en el suelo con el dedo.

    Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:

    “El que esté sin pecado,
    que tire la primera piedra.”

    Y volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el suelo.

    Al oír estas palabras, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que quedó solo Jesús con la mujer, que seguía allí en medio.

    Jesús se incorporó y le preguntó:

    “Mujer, ¿dónde están?
    ¿Nadie te ha condenado?”

    Ella respondió:

    “Nadie, Señor.”

    Jesús le dijo:

    “Ni yo te condeno.
    Vete, y desde ahora no peques más.”

    7 min
  • “Jesús lloró” - 22 de marzo (Juan 11, 1-45)

    PADRE LUCAS TENIER MACHADO


    Juan 11, 1-45


    Había un hombre enfermo llamado Lázaro, de Betania, el pueblo de María y su hermana Marta.

    Las hermanas mandaron a decir a Jesús:

    “Señor, el que tú amas está enfermo.”

    Al oírlo, Jesús dijo:

    “Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que servirá para la gloria de Dios.”

    Y aunque amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro, se quedó dos días más donde estaba.

    Después dijo a sus discípulos:

    “Vamos otra vez a Judea.”

    Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro.

    Marta salió a su encuentro y le dijo:

    “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
    Pero aún ahora sé que Dios te concederá lo que le pidas.”

    Jesús le dijo:

    “Tu hermano resucitará.”

    Marta respondió:

    “Sé que resucitará en la resurrección del último día.”

    Jesús le dijo:

    “Yo soy la resurrección y la vida.
    El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
    y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre.
    ¿Crees esto?”

    Ella respondió:

    “Sí, Señor. Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.”

    Cuando llegó María y vio a Jesús, se echó a sus pies y le dijo:

    “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.”

    Al verla llorar, y al ver llorar a los que estaban con ella, Jesús se conmovió profundamente y preguntó:

    “¿Dónde lo han puesto?”

    Le respondieron:

    “Señor, ven y verás.”

    Y Jesús lloró.

    Entonces dijeron los judíos:

    “Miren cuánto lo amaba.”

    Jesús, profundamente conmovido, llegó al sepulcro.
    Era una cueva con una piedra encima.

    Dijo Jesús:

    “Quiten la piedra.”

    Marta le dijo:

    “Señor, ya huele mal; lleva cuatro días.”

    Jesús respondió:

    “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?”

    Quitaron la piedra.

    Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:

    “Padre, te doy gracias porque me has escuchado.”

    Y gritó con voz fuerte:

    “¡Lázaro, sal fuera!”

    El muerto salió, atado de pies y manos con vendas, y el rostro cubierto con un sudario.

    Jesús les dijo:

    “Desátenlo y déjenlo caminar.”

    Muchos de los judíos que habían venido y vieron lo que hizo, creyeron en Él.

    10 min
  • “¿Profeta, Mesías… o problema?” - 21 de marzo (Juan 7, 40-53)

    PADRE DIEGO PAEZ


    Juan 7, 40-53


    Al oír las palabras de Jesús, algunos de la multitud decían:

    “Este es verdaderamente el profeta.”

    Otros afirmaban:

    “Este es el Mesías.”

    Pero otros decían:

    “¿Acaso el Mesías puede venir de Galilea?
    ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén?”

    Y así se produjo una división entre la gente por causa de Él.

    Algunos querían arrestarlo,
    pero nadie le puso las manos encima.

    Los guardias volvieron donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos,
    y ellos les preguntaron:

    “¿Por qué no lo han traído?”

    Los guardias respondieron:

    “Jamás un hombre ha hablado como ese.”

    Los fariseos replicaron:

    “¿También ustedes se han dejado engañar?
    ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en Él?
    Esa gente que no conoce la Ley está maldita.”

    Nicodemo, el que había ido antes a verlo y que era uno de ellos, les dijo:

    “¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin escucharlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?”

    Ellos le respondieron:

    “¿También tú eres de Galilea?
    Investiga y verás que de Galilea no surge ningún profeta.”

    Y cada uno se fue a su casa.

    6 min
  • “Cuando intentan callarte” - 20 de marzo (Juan 7, 1-2. 10. 25-30)

    PADRE JOHN KENNY


    Juan 7, 1-2. 10. 25-30


    Jesús recorría Galilea.
    No quería andar por Judea, porque allí buscaban matarlo.

    Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.

    Cuando sus hermanos subieron a la fiesta,
    también Él subió,
    pero no públicamente, sino en secreto.

    Algunos habitantes de Jerusalén decían:

    “¿No es este al que quieren matar?
    Miren cómo habla abiertamente y no le dicen nada.
    ¿Será que las autoridades reconocen que es el Mesías?

    Pero de este sabemos de dónde viene;
    en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene.”

    Entonces Jesús, enseñando en el Templo, exclamó:

    “Ustedes dicen que me conocen y saben de dónde vengo.
    Pero yo no he venido por mi cuenta.
    El que me envió es verdadero,
    y ustedes no lo conocen.

    Yo lo conozco,
    porque vengo de Él
    y Él me ha enviado.”

    Entonces intentaron arrestarlo,
    pero nadie le puso la mano encima,
    porque todavía no había llegado su hora.

    6 min

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Con Piedras Vivas siempre puedes escuchar de Jesús hasta "pa llevar". Porque sabemos que la vida tiene sus ritmos y sus preocupaciones, pero creemos que nada de eso se escapa de la compañía de un…