Evangelio Pa' Llevar

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Evangelio Pa' Llevar episodes

  • “Dios y tus esquemas” - 9 de marzo (Lc 4, 24–30)

    (Lc 4, 24–30)

    En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir en la sinagoga:
    “En verdad les digo que ningún profeta es aceptado en su patria.
    Les aseguro que había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses y hubo gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en la región de Sidón.
    Había también muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio”.

    Al oír esto, todos en la sinagoga se llenaron de ira;
    se levantaron, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el cual estaba construida la ciudad, para despeñarlo.
    Pero Jesús, pasando por medio de ellos, continuó su camino.

    7 min
  • “Cinco amores y una sed” - 8 de marzo (Juan 4, 5-42)

    PADRE JOHN KENNY


    Juan 4, 5-42


    Jesús llegó a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob había dado a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era alrededor del mediodía.

    Llegó una mujer samaritana a sacar agua, y Jesús le dijo:

    “Dame de beber.”

    Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida.

    La mujer le respondió:

    “¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”
    (Los judíos y samaritanos no se trataban.)

    Jesús le contestó:

    “Si conocieras el don de Dios
    y quién es el que te pide de beber,
    tú le pedirías a Él,
    y Él te daría agua viva.”

    Ella dijo:

    “Señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo.
    ¿De dónde sacas esa agua viva?
    ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Jacob?”

    Jesús respondió:

    “El que bebe de esta agua volverá a tener sed.
    Pero el que beba del agua que yo le daré
    no tendrá sed jamás.
    El agua que yo le daré
    se convertirá dentro de él en un manantial
    que brota para vida eterna.”

    La mujer dijo:

    “Señor, dame de esa agua,
    para no tener que venir aquí a sacar agua.”

    Jesús le dijo:

    “Ve, llama a tu marido y vuelve.”

    Ella respondió:

    “No tengo marido.”

    Jesús le dijo:

    “Has dicho bien.
    Has tenido cinco maridos,
    y el que ahora tienes no es tu marido.
    En eso has dicho la verdad.”

    La mujer, sorprendida, dijo:

    “Señor, veo que eres profeta.
    Nuestros padres adoraron en este monte,
    y ustedes dicen que el lugar para adorar es Jerusalén.”

    Jesús respondió:

    “Créeme, mujer, llega la hora
    en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre.
    Los verdaderos adoradores
    adorarán al Padre en espíritu y en verdad.
    Porque así quiere el Padre que sean los que lo adoren.
    Dios es espíritu.”

    La mujer dijo:

    “Sé que va a venir el Mesías.”

    Jesús le respondió:

    “Yo soy, el que habla contigo.”

    En ese momento llegaron los discípulos y se sorprendieron de que hablara con una mujer, pero nadie dijo nada.

    La mujer dejó su cántaro, fue al pueblo y dijo a la gente:

    “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho.
    ¿No será el Mesías?”

    Salieron del pueblo y fueron hacia Él.

    Mientras tanto, los discípulos le insistían:

    “Maestro, come.”

    Pero Él les dijo:

    “Yo tengo un alimento que ustedes no conocen.
    Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió
    y llevar a cabo su obra.

    Levanten la mirada y miren los campos:
    ya están listos para la cosecha.”

    Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en Él por el testimonio de la mujer.

    Le pidieron que se quedara con ellos,
    y permaneció allí dos días.

    Muchos más creyeron al escucharlo,
    y decían a la mujer:

    “Ya no creemos solo por lo que tú dijiste;
    nosotros mismos lo hemos oído
    y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo.”

    7 min
  • “Vuelvo a casa” - 7 de marzo (Lucas 15, 1-3. 11-32)

    PADRE LUCAS MACHADO TENIER


    Lucas 15, 1-3. 11-32


    Se acercaban a Jesús los publicanos y pecadores para escucharlo.
    Los fariseos y escribas murmuraban diciendo:
    “Este recibe a los pecadores y come con ellos.”

    Entonces Jesús les contó esta parábola:

    “Un hombre tenía dos hijos.
    El menor le dijo a su padre:
    ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca.’

    Y el padre repartió los bienes.

    Pocos días después, el hijo menor reunió todo y se fue a un país lejano,
    donde malgastó su dinero viviendo desenfrenadamente.

    Cuando ya lo había gastado todo,
    vino una gran hambre en esa región
    y comenzó a pasar necesidad.

    Fue a trabajar con un hombre del lugar,
    que lo mandó a cuidar cerdos.
    Tenía tanta hambre que deseaba llenar su estómago con la comida de los cerdos,
    pero nadie le daba nada.

    Entonces recapacitó y dijo:
    ‘¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen pan de sobra,
    y yo aquí me muero de hambre!
    Me levantaré, volveré a mi padre y le diré:
    Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
    Ya no merezco ser llamado hijo tuyo;
    trátame como a uno de tus trabajadores.’

    Y se puso en camino hacia su padre.

    Cuando todavía estaba lejos,
    su padre lo vio
    y se llenó de compasión.
    Corrió hacia él, lo abrazó y lo besó.

    El hijo comenzó a decirle:
    ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
    ya no merezco ser llamado hijo tuyo.’

    Pero el padre dijo a sus servidores:
    ‘Rápido, traigan el mejor vestido y pónganselo;
    pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies.
    Traigan el ternero gordo y mátenlo.
    Vamos a celebrar una fiesta,
    porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida;
    estaba perdido y ha sido encontrado.’

    Y comenzaron la fiesta.

    El hijo mayor estaba en el campo.
    Cuando volvió y oyó la música y el baile,
    preguntó qué pasaba.

    Le dijeron:
    ‘Tu hermano ha vuelto,
    y tu padre ha hecho una fiesta porque lo ha recuperado sano y salvo.’

    El hermano mayor se enojó y no quiso entrar.
    Su padre salió a suplicarle.

    Pero él respondió:
    ‘Hace tantos años que te sirvo
    y nunca desobedecí una orden tuya,
    y nunca me diste ni un cabrito para celebrar con mis amigos.
    Y ahora que vuelve ese hijo tuyo,
    que ha gastado tu dinero,
    le haces una fiesta.’

    El padre le dijo:
    ‘Hijo, tú siempre estás conmigo,
    y todo lo mío es tuyo.
    Pero era necesario celebrar y alegrarnos,
    porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida;
    estaba perdido y ha sido encontrado.’”



    8 min
  • “La piedra que estorba” - 6 de marzo (Mateo 21, 33-46)

    PADRE DIEGO PAEZ


    Mateo 21, 33-46


    Jesús dijo:

    “Escuchen esta parábola:

    Un propietario plantó una viña.
    La cercó, cavó un lagar, construyó una torre
    y luego la arrendó a unos viñadores antes de irse de viaje.

    Cuando llegó el tiempo de la cosecha,
    envió a sus siervos para recibir su parte de los frutos.

    Pero los viñadores agarraron a los siervos:
    a uno lo golpearon,
    a otro lo mataron,
    y a otro lo apedrearon.

    El dueño volvió a enviar otros siervos, en mayor número,
    pero los trataron igual.

    Finalmente les envió a su propio hijo, pensando:
    ‘A mi hijo lo respetarán.’

    Pero cuando los viñadores vieron al hijo, se dijeron:
    ‘Este es el heredero.
    Vamos a matarlo y nos quedamos con su herencia.’

    Lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

    Ahora bien, cuando vuelva el dueño de la viña,
    ¿qué hará con esos viñadores?”

    Ellos respondieron:
    “Dará muerte terrible a esos malvados
    y arrendará la viña a otros que le entreguen los frutos a su tiempo.”

    Jesús les dijo:

    “¿Nunca han leído en las Escrituras?
    ‘La piedra que rechazaron los constructores
    ha llegado a ser la piedra angular;
    esto lo ha hecho el Señor
    y es admirable a nuestros ojos.’

    Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado
    y será entregado a un pueblo que produzca sus frutos.

    El que caiga sobre esta piedra se hará pedazos,
    y aquel sobre quien ella caiga quedará aplastado.”

    Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que hablaba de ellos.
    Quisieron arrestarlo,
    pero tuvieron miedo de la gente,
    porque todos lo consideraban un profeta.

    7 min
  • "Donde está tu hermano?" - 5 de marzo (Lucas 16, 19-31)

    Padre Jesus Mora


    Lucas 16, 19-31


    Había un hombre rico que se vestía con púrpura y lino fino, y daba espléndidos banquetes todos los días. A la puerta de su casa se tendía un mendigo llamado Lázaro, que estaba cubierto de llagas y que hubiera querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico. Hasta los perros se acercaban y le lamían las llagas. »Resulta que murió el mendigo y los ángeles se lo llevaron para que estuviera al lado de Abraham. También murió el rico y lo sepultaron. En los dominios de la muerte, en medio de sus tormentos, el rico levantó los ojos y vio de lejos a Abraham y a Lázaro junto a él. Así que alzó la voz y lo llamó: “Padre Abraham, ten compasión de mí y manda a Lázaro que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy sufriendo mucho en este fuego”. Pero Abraham contestó: “Hijo, recuerda que durante tu vida te fue muy bien, mientras que a Lázaro le fue muy mal; pero ahora a él le toca recibir consuelo aquí, y a ti, sufrir mucho. Además de eso, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieren pasar de aquí para allá no pueden, ni tampoco pueden los de allá para acá”. »Él respondió: “Entonces te ruego, padre, que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, para que advierta a mis cinco hermanos y no vengan ellos también a este lugar de tormento”. Pero Abraham contestó: “Ya tienen a Moisés y a los Profetas; ¡que les hagan caso a ellos!”. “No les harán caso, padre Abraham —respondió el rico—; en cambio, si se les presentara uno de entre los muertos, entonces sí se arrepentirían”. Abraham le dijo: “Si no hacen caso a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán aunque alguien se levante de entre los muertos”

    9 min
  • “¿Quieres ser grande?” - 4 de marzo (Mt 20, 17–28)

    Gustavo Godinez

    (Mt 20, 17–28)

    En aquel tiempo, mientras iba de camino a Jerusalén, Jesús tomó aparte a los Doce y les dijo:
    “Miren que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que lo insulten, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día resucitará”.

    Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
    Él le preguntó: “¿Qué deseas?”
    Ella respondió: “Ordena que estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu Reino”.

    Pero Jesús les respondió:
    “No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo he de beber?”
    Ellos contestaron: “Sí podemos”.
    Y Él les dijo: “Mi cáliz lo beberán, pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca concederlo”.

    Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.
    Jesús los llamó y les dijo:
    “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.
    Que no sea así entre ustedes.
    El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor,
    y el que quiera ser el primero, que sea su esclavo,
    así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos”.

    7 min
  • “Religión sin máscara” - 3 de marzo (Mateo 23, 1-12)

    PADRE JOHN KENNY


    Mateo 23, 1-12


    Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo:

    “Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés.
    Por eso, hagan y cumplan lo que les enseñan,
    pero no imiten sus obras,
    porque dicen una cosa y hacen otra.

    Imponen cargas pesadas y difíciles de llevar,
    y se las ponen a los demás sobre los hombros,
    pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.

    Todo lo hacen para que la gente los vea:
    agrandan sus filacterias,
    alargan los flecos de sus mantos,
    buscan los primeros lugares en los banquetes
    y los asientos de honor en las sinagogas.
    Les encanta que los saluden en las plazas
    y que la gente los llame ‘maestro’.

    Pero ustedes no se dejen llamar ‘maestro’,
    porque uno solo es su Maestro,
    y todos ustedes son hermanos.

    Y no llamen a nadie ‘padre’ en la tierra,
    porque uno solo es su Padre: el del cielo.

    Ni se dejen llamar ‘guías’,
    porque uno solo es su Guía: el Mesías.

    El más grande entre ustedes que sea su servidor.
    Porque el que se enaltece será humillado,
    y el que se humilla será enaltecido.”

    7 min
  • “Sin filtro y sin juicio” - 2 de marzo (Lucas 6, 36-38)

    PADRE LUCAS TENIER MACHADO


    Lucas 6, 36-38


    Jesús dijo a sus discípulos:

    “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.

    No se dediquen a juzgar a los demás, y no serán juzgados.
    No condenen, y no serán condenados.
    Perdonen, y serán perdonados.

    Den, y se les dará:
    les darán una medida buena, apretada, sacudida y desbordante,
    puesta en sus manos.

    Porque con la misma medida con que ustedes midan a los demás,
    Dios los medirá a ustedes.”

    6 min
  • "Muy cerca… pero no con Él" - 1 de abril (Mateo 26, 14–25)

    PADRE LUCAS MACHADO TENIER


    Mateo 26, 14–25


    Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote,
    fue donde los sumos sacerdotes y les dijo:

    “¿Cuánto me dan si se los entrego?”

    Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata.
    Desde ese momento, Judas buscaba la ocasión para entregarlo.

    El primer día de la fiesta de los Ázimos,
    los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:

    “¿Dónde quieres que preparemos la cena de Pascua?”

    Él respondió:

    “Vayan a la ciudad, a casa de cierto hombre, y díganle:
    ‘El Maestro dice: mi hora está cerca;
    voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.’”

    Los discípulos hicieron lo que Jesús les mandó
    y prepararon la Pascua.

    Al atardecer, Jesús estaba a la mesa con los Doce.
    Mientras comían, dijo:

    “Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar.”

    Muy entristecidos, comenzaron a preguntarle uno por uno:

    “¿Soy yo, Señor?”

    Él respondió:

    “El que ha metido la mano conmigo en el plato, ese me va a entregar.
    El Hijo del Hombre se va, como está escrito de Él,
    pero ¡ay de aquel que lo entrega!
    Más le valdría no haber nacido.”

    Entonces Judas, el que lo iba a entregar, preguntó:

    “¿Soy yo, Maestro?”

    Jesús le respondió:

    “Tú lo has dicho.”

    8 min
  • “Spoiler de Gloria” - 1 de marzo (Mateo 17, 1-9)

    PADRE DIEGO PAEZ


    Mateo 17, 1-9


    Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, y los llevó aparte a un monte alto.

    Ahí, delante de ellos, su apariencia cambió completamente:
    su rostro comenzó a brillar como el sol,
    y su ropa se volvió blanca, resplandeciente, como si estuviera hecha de luz.

    De pronto, aparecieron Moisés y Elías hablando con Él.

    Pedro, impresionado y sin saber bien qué decir, exclamó:
    “Señor, ¡qué bueno que estamos aquí!
    Si quieres, hacemos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.”

    Mientras todavía estaba hablando, una nube luminosa los cubrió,
    y desde la nube se escuchó una voz que decía:

    “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.
    Escúchenlo.”

    Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de miedo.

    Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo:
    “Levántense. No tengan miedo.”

    Cuando alzaron la mirada, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

    Mientras bajaban del monte, Él les ordenó:
    “No cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.”

    7 min

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Con Piedras Vivas siempre puedes escuchar de Jesús hasta "pa llevar". Porque sabemos que la vida tiene sus ritmos y sus preocupaciones, pero creemos que nada de eso se escapa de la compañía de un…