
Sign up to save your podcasts
Or


Padre Diego Paez
Mateo 6, 1–6.16–18
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos;
de lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres.
En verdad les digo que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto;
y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Y cuando oren, no sean como los hipócritas, que gustan de orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vean los hombres.
En verdad les digo que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto;
y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan.
En verdad les digo que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que no se note ante los hombres que ayunas, sino ante tu Padre, que está en lo secreto;
y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará»**.
Padre Jesus Mora
Marcos 8, 14-21
14 Los discípulos habían olvidado llevar panes y solo tenían uno en la barca.
—Presten atención —advirtió Jesús—; ¡cuídense de la levadura de los fariseos y de la de Herodes! Ellos comentaban los unos con los otros: «Lo dice porque no trajimos pan». Al darse cuenta de esto, Jesús dijo:
—¿Por qué están hablando de que no tienen pan? ¿Todavía no ven ni entienden? ¿Tienen el corazón endurecido? ¿Es que tienen ojos, pero no ven, y oídos, pero no oyen? ¿Acaso no recuerdan? Cuando partí los cinco panes para los cinco mil, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron?
—Doce —respondieron ellos.
—Y, cuando partí los siete panes para los cuatro mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos recogieron?
—Siete —dijeron.
Entonces concluyó:
—¿Y todavía no entienden?
Gustavo Godinez
(Mc 8, 11–13)
En aquel tiempo, se acercaron los fariseos a Jesús y se pusieron a discutir con Él; para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo:
“¿Por qué esta gente busca una señal? Yo les aseguro que no se le dará ninguna señal a esta gente”.
Y dejándolos, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
Padre John Kenny
Mateo (5,17–37)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«No piensen que he venido a abolir la Ley o los Profetas.
No he venido a abolirlos, sino a darles plenitud.
Porque en verdad les digo que antes pasarán el cielo y la tierra
que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra de la Ley».
Les dijo también:
«Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos,
no entrarán en el Reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los antiguos:
“No matarás, y el que mate será llevado ante el tribunal”.
Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano
será llevado ante el tribunal;
y el que lo insulte será reo del fuego de la gehena.
Han oído que se dijo:
“No cometerás adulterio”.
Pero yo les digo que quien mira a una mujer deseándola
ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Han oído que se dijo:
“No jurarás en falso”.
Pero yo les digo que no juren en absoluto:
que su “sí” sea sí, y su “no” sea no;
Padre Lucas Machado Tenier
Marcos 8, 1–10
Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer,
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Me da lástima esta gente,
porque ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer.
Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino;
y algunos han venido de lejos».
Sus discípulos le respondieron:
«¿Cómo se puede saciar de pan a éstos aquí en despoblado?».
Él les preguntó:
«¿Cuántos panes tienen?».
Ellos dijeron: «Siete».
Entonces mandó a la gente que se sentara en el suelo;
tomó los siete panes, dio gracias, los partió
y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran,
y ellos los sirvieron a la gente.
Tenían además unos pocos peces;
los bendijo y mandó que también los sirvieran.
Comieron y se saciaron,
y recogieron de los restos siete canastas.
Eran unas cuatro mil personas.
Luego los despidió,
subió a la barca con sus discípulos
y se fue a la región de Dalmanuta.
Padre Diego Paez
Marcos 7,31–37
En aquel tiempo, Jesús volvió a salir de la región de Tiro y, pasando por Sidón, se dirigió al mar de Galilea, atravesando la región de la Decápolis.
Le llevaron entonces un hombre sordo y tartamudo, y le rogaban que le impusiera las manos.
Jesús lo apartó a un lado, lejos de la gente; le metió los dedos en los oídos y, con saliva, le tocó la lengua.
Luego, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá», que significa: «Ábrete».
Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la atadura de la lengua y hablaba correctamente.
Jesús les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban.
Y, llenos de admiración, decían:
«Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
La fe rompe fronteras que la religión a veces pone.
Mc 7,24–30
En aquel tiempo, Jesús salió de Genesaret y se fue a la región donde se encuentra Tiro. Entró en una casa, pues no quería que nadie se enterara de que estaba ahí, pero no pudo pasar inadvertido.Una mujer, que tenía una niña poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se postró a sus pies.
La mujer —una siria de Fenicia y pagana— le rogaba a Jesús que expulsara al demonio de su hija.Jesús le respondió:“Deja que coman primero los hijos. No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”.
Ella le replicó:“Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”.
Entonces Jesús le contestó:“Anda, vete; por eso que has dicho, el demonio ha salido ya de tu hija”.Cuando ella llegó a su casa, encontró a su hija recostada en la cama y libre del demonio.
Gustavo Godinez
Mc 7, 14–23
En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo:
“Escúchenme todos y entiendan: nada que entra de fuera puede manchar al hombre; lo que sale de dentro es lo que mancha al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga”.
Cuando dejó a la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron sobre la parábola.
Él les dijo:
“¿Tampoco ustedes entienden? ¿No comprenden que nada que entra de fuera puede contaminar al hombre, porque no entra en su corazón, sino en el vientre y se elimina?”
Con esto declaraba puros todos los alimentos.
Y añadió:
“Lo que sale del hombre, eso es lo que lo contamina.
Porque del corazón del hombre salen los malos pensamientos: fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, engaños, desenfreno, envidia, difamación, orgullo y frivolidad.
Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”.
Padre Jesus Mora
(Marcos 7, 1-13)
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas, venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?" (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).
Jesús les contestó: "¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres".
Después añadió: "De veras son ustedes muy hábiles para violar el mandamiento de Dios y conservar su tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre. El que maldiga a su padre o a su madre, morirá. Pero ustedes dicen: 'Si uno dice a su padre o a su madre: Todo aquello con que yo te podría ayudar es corbán (es decir, ofrenda para el templo), ya no puede hacer nada por su padre o por su madre'. Así anulan la palabra de Dios con esa tradición que se han transmitido. Y hacen muchas cosas semejantes a ésta".
Padre Lucas Tenier Machado
Marcos 6, 53–56
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron el lago y llegaron a Genesaret;
al desembarcar, amarraron la barca.
Apenas bajaron de ella, la gente lo reconoció.
Se pusieron a recorrer toda la región y a llevar en camillas a los enfermos,
adonde oían decir que estaba.
Dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o campos,
colocaban a los enfermos en las plazas
y le rogaban que los dejara tocar siquiera el borde de su manto;
y todos los que lo tocaban quedaban curados.
From the publisher's feed