Evangelio Pa' Llevar

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Evangelio Pa' Llevar episodes

  • "Dar sabor al mundo" - 8 de febrero (Mateo 5 ,13–16)

    Padre Diego Paez


    Mateo 5, 13–16


    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

    «Ustedes son la sal de la tierra.
    Pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor?
    Ya no sirve para nada, sino para que la tiren fuera y la pisen los hombres.

    Ustedes son la luz del mundo.
    No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte.
    Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del cajón, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

    Así debe brillar la luz de ustedes ante los hombres,
    para que, viendo sus buenas obras,
    den gloria a su Padre que está en los cielos».

    7 min
  • "Ovejas sin pastor" - 7 de febrero (Marcos 6, 30–34)

    Padre Jesus Mora

    Marcos (6,30–34)

    En aquel tiempo, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
    Él les dijo:

    «Vengan ustedes solos a un lugar apartado, y descansen un poco»;
    porque eran tantos los que iban y venían, que no les quedaba tiempo ni para comer.

    Entonces se fueron en la barca a un lugar apartado, ellos solos.
    Pero muchos los vieron marcharse y los reconocieron; de todas las ciudades acudieron a pie y llegaron antes que ellos.

    Al desembarcar, Jesús vio una gran multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor;
    y se puso a enseñarles muchas cosas.

    8 min
  • "La voz que incomoda" - 6 de febrero (Marcos 6, 14–29)

    Padre Gustavo Godinez

    Marcos 6, 14–29

    En aquel tiempo, el rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido.
    Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas».
    Otros decían: «Es Elías».
    Otros: «Es un profeta como los antiguos».

    Al oír esto, Herodes decía: «Es Juan, a quien yo mandé decapitar; ha resucitado».

    Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, a causa de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado.
    Juan decía a Herodes: «No te es lícito tener la mujer de tu hermano».
    Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía.
    Cuando lo escuchaba, quedaba muy perplejo, y sin embargo lo oía con gusto.

    Llegó un día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los oficiales y a los principales de Galilea.
    Entró la hija de Herodías, danzó y agradó a Herodes y a los convidados.
    El rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré».
    Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».

    Ella fue y preguntó a su madre: «¿Qué pido?».
    Esta le respondió: «La cabeza de Juan el Bautista».
    Entrando enseguida, a toda prisa, ante el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».

    El rey se entristeció profundamente; pero, a causa del juramento y de los convidados, no quiso desairarla.
    Y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan.
    Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja, se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.

    Al enterarse, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

    8 min
  • "Ligeros para la Misión" - 5 de febrero (Mc 6, 7–13)

    Dios no te pide que lleves más… sino que confíes más

    Mc 6, 7–13

    En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce, los envió de dos en dos y les dio poder sobre los espíritus inmundos.Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica.

    Y les dijo:"Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar.Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies, como una advertencia para ellos".

    Los discípulos se fueron a predicar el arrepentimiento. Expulsaban a los demonios, ungían con aceite a los enfermos y los curaban.


    6 min
  • "Demasiado conocido" - 4 de febrero (Marcos 6, 1–6)

    Padre Lucas Machado Tenier

    Marcos 6, 1–6

    En aquel tiempo, Jesús se fue a su pueblo acompañado de sus discípulos.
    Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga; y muchos que lo oían se admiraban, diciendo:
    «¿De dónde le viene todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?
    ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, y hermano de Santiago, José, Judas y Simón?
    ¿Y no viven aquí entre nosotros sus hermanas?».

    Y se escandalizaban de Él.

    Jesús les decía:
    «Un profeta no es despreciado más que en su propia patria, entre sus parientes y en su casa».

    Y no pudo hacer allí ningún milagro; sólo curó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos.
    Y se asombró de su falta de fe.

    Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

    7 min
  • "Fe que se atreve" - 3 de febrero (Marcos 5, 21–43)

    Padre Diego Paez

    Marcos 5,21–43

    En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla, y se reunió mucha gente alrededor de él.
    Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo se echó a sus pies suplicándole con insistencia:
    «Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que se cure y viva».

    Jesús se fue con él, y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
    Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años; había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno; antes bien, iba de mal en peor.
    Al oír hablar de Jesús, se le acercó por detrás entre la gente y tocó su manto, pensando: «Con solo tocar su ropa quedaré curada».
    Inmediatamente se secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

    Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en medio de la multitud y preguntó: «¿Quién ha tocado mi ropa?».
    Sus discípulos le decían: «Ves que la gente te apretuja, ¿y preguntas quién me ha tocado?».
    Pero él seguía mirando alrededor para ver a la que lo había hecho.

    La mujer, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había ocurrido, se acercó, se echó a sus pies y le dijo toda la verdad.
    Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

    Todavía estaba hablando, cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga diciendo: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?».
    Pero Jesús, sin hacer caso de lo que decían, dijo al jefe de la sinagoga: «No tengas miedo; basta que creas».

    Y no permitió que nadie lo acompañara, fuera de Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
    Llegaron a la casa del jefe de la sinagoga y vio el alboroto, y a los que lloraban y gritaban mucho.
    Entró y les dijo: «¿Por qué alborotan y lloran? La niña no ha muerto; está dormida».
    Y se burlaban de él.

    Pero él, echándolos fuera a todos, tomó consigo al padre y a la madre de la niña y a los que lo acompañaban, y entró donde estaba la niña.
    Tomándola de la mano, le dijo: «Talitá kum», que significa: «Niña, a ti te digo, levántate».
    La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años.
    Quedaron fuera de sí llenos de estupor.

    Jesús les insistió mucho en que nadie lo supiera, y les dijo que dieran de comer a la niña.

    7 min
  • " Luz para TODOS" - 2 de febrero (Lucas 2, 22–32)

    P Jesus Mora

    Lucas 2,22–32

    Cuando se cumplieron los días de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor, y para ofrecer el sacrificio prescrito en la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.

    Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él.
    Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Mesías del Señor.

    Movido por el Espíritu, fue al templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús para cumplir lo que la ley prescribía, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

    «Ahora, Señor, según tu promesa,
    puedes dejar a tu siervo irse en paz,
    porque mis ojos han visto tu salvación,
    la que has preparado ante todos los pueblos:
    luz para alumbrar a las naciones
    y gloria de tu pueblo Israel».

    7 min
  • "Felices" - 1 de febrero (Mt 5, 1–12)

    Padre Gustavo Godinez

    Mt 5, 1–12

    En aquel tiempo, al ver Jesús a la multitud, subió al monte y se sentó.
    Se le acercaron sus discípulos y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

    “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
    Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra.
    Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados.
    Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
    Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
    Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios.
    Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
    Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos”.

    Bienaventurados serán ustedes cuando los insulten, los persigan y los calumnien por mi causa.

    7 min
  • “El Señor del caos” - 31 de enero (Mc 4, 35–41)

    Padre Gustavo Godinez

    Mc 4, 35–41

    Aquel día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos:
    “Pasemos a la otra orilla”.

    Dejando a la gente, se lo llevaron en la barca tal como estaba.
    Otras barcas lo acompañaban.
    Se levantó entonces una fuerte tempestad, y las olas entraban en la barca, hasta casi llenarla.

    Jesús dormía en la popa sobre un cabezal.
    Lo despertaron diciéndole:
    “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?”

    Él se levantó, increpó al viento y dijo al mar:
    “¡Silencio, cállate!”
    El viento se calmó y sobrevino una gran calma.

    Después les dijo:
    “¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?”

    Ellos quedaron llenos de temor y se decían unos a otros:
    “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”

    7 min
  • “Deja a Dios ser Dios” - 30 de enero (Mc 4, 26–34)

    Padre Gustavo Godinez

    Mc 4, 26–34

    Jesús decía:
    “El Reino de Dios es como un hombre que siembra la semilla en la tierra;
    duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y crece, sin que él sepa cómo.
    La tierra produce por sí misma: primero tallos, luego espigas, después grano abundante en la espiga.
    Y cuando el fruto está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la cosecha”.

    Decía también:
    “¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios, o con qué parábola lo representaremos?
    Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas;
    pero una vez sembrada, crece y se convierte en la mayor de las hortalizas,
    y extiende sus ramas de tal modo que los pájaros del cielo pueden cobijarse a su sombra”.

    Con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, según podían comprender.
    Y no les hablaba sin parábolas, pero en privado explicaba todo a sus discípulos.

    6 min

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Con Piedras Vivas siempre puedes escuchar de Jesús hasta "pa llevar". Porque sabemos que la vida tiene sus ritmos y sus preocupaciones, pero creemos que nada de eso se escapa de la compañía de un…