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P Lucas Tenier Machado
Marcos 2:18-22
Al ver que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, algunos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
—¿Cómo es que los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan, pero los tuyos no?
Jesús contestó:
—¿Acaso pueden ayunar los invitados del novio mientras él está con ellos? No pueden hacerlo mientras lo tienen con ellos. Pero llegará el día en que se les quitará el novio y ese día sí ayunarán. Nadie remienda un vestido viejo con un retazo de tela nueva. De hacerlo así, el remiendo fruncirá el vestido y la rotura se hará peor. Ni echa nadie vino nuevo en recipientes de cuero viejo. De hacerlo así, el vino hará reventar el cuero y se arruinarán tanto el vino como los recipientes. Más bien, el vino nuevo se echa en recipientes de cuero nuevo.
La fe no se inventa: se reconoce.
Juan 1, 29–34
Al día siguiente, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó:“Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.Éste es aquel de quien yo dije: ‘El que viene después de mí tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él sea dado a conocer a Israel”.
Juan dio también este testimonio:“Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él.Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo’.
Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.
Marcos 2, 13-17
De nuevo salió Jesús a la orilla del lago. Toda la gente acudía a él y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos. «Sígueme» —dijo Jesús. Y Leví se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos recaudadores de impuestos y pecadores comieron con él y sus discípulos, pues ya eran muchos los que lo seguían Cuando los maestros de la Ley, que eran fariseos, vieron con quién comía, preguntaron a sus discípulos: ¿Por qué come con recaudadores de impuestos y con pecadores? Al oír esto, Jesús contestó: No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Y yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
Antes de devolverte el movimiento, Jesús te devuelve la dignidad
Marcos 2, 1–12
Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, se supo que estaba en casa, y se reunieron tantos que no quedaba sitio ni siquiera junto a la puerta, y él les anunciaba la Palabra. Entonces llegaron trayéndole un paralítico llevado por cuatro hombres, y como no podían presentárselo por el gentío, levantaron el techo encima de donde él estaba, y abriendo un boquete, bajaron la camilla en la que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados. Estaban allí sentados algunos escribas, que pensaban en sus corazones: ¿Por qué habla este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús, conociendo enseguida en su espíritu lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué piensan esto en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados quedan perdonados, o decir: Levántate, toma tu camilla y camina? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Él se levantó, tomó al instante la camilla y salió a la vista de todos, de modo que todos quedaron asombrados y glorificaban a Dios diciendo: Nunca hemos visto nada igual.
Jesús no sana de lejos: toca lo que nadie quiere tocar
Marcos 1, 40–45
En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”.
Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: sana!”
Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.
Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes.
Marcos 1, 29–39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés.La suegra de Simón estaba en cama con fiebre y enseguida le hablaron de ella.Jesús se le acercó, la tomó de la mano y la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados.Toda la ciudad estaba reunida a la puerta.Jesús curó a muchos que padecían diversas enfermedades y expulsó muchos demonios, pero no dejaba que los demonios hablaran, porque sabían quién era Él.
De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:“Todo el mundo te busca”.
Él les respondió:“Vámonos a los pueblos vecinos, para predicar también allí, porque para eso he venido”.
Y recorrió toda Galilea predicando en las sinagogas y expulsando demonios.
La voz de Jesús no aplasta: libera.
Marcos 1, 21–28
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaúm y, cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y se puso a enseñar.Los oyentes estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu impuro, que comenzó a gritar:“¿Qué quieres con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios”.
Jesús lo increpó diciendo:“¡Cállate y sal de él!”
El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un grito, salió de él.
Todos quedaron estupefactos y se preguntaban unos a otros:“¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva, dada con autoridad! Incluso a los espíritus impuros les manda y lo obedecen”.
Y su fama se extendió rápidamente por toda la región de Galilea.
El Reino empieza cuando alguien se atreve a dejar las redes.
Marcos 1, 14–20
Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea a predicar el Evangelio de Dios y decía:“Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.
Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores.Jesús les dijo:“Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres”.
Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a su hermano Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en la barca arreglando las redes.Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los trabajadores, lo siguieron.
Mateo 3, 13–17
En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara.Pero Juan trataba de impedírselo, diciendo:“Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?”
Jesús le respondió:“Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia”.
Entonces Juan accedió.
Una vez bautizado, Jesús salió del agua; en ese momento se abrieron los cielos, vio al Espíritu de Dios descender como paloma y posarse sobre él, y se oyó una voz del cielo que decía:“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.
Cuando Cristo crece, no te hace más pequeño: te hace más libre
Jn 3, 22–30
En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos a Judea y permaneció allí con ellos, bautizando.También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salim, porque ahí había mucha agua. La gente acudía y se bautizaba, pues Juan aún no había sido encarcelado.
Surgió entonces una discusión entre algunos discípulos de Juan y unos judíos acerca de la purificación. Los discípulos de Juan fueron a decirle:“Maestro, aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, y de quien diste testimonio, ahora está bautizando, ¡y todos van con Él!”
Respondió Juan:“Nadie puede apropiarse nada si no le ha sido dado del cielo.Ustedes mismos son testigos de que dije: ‘Yo no soy el Mesías, sino el enviado delante de Él’.En una boda, el que tiene a la novia es el novio; el amigo del novio, que está a su lado y lo escucha, se alegra al oír su voz.Así también yo me lleno de alegría.Es necesario que Él crezca y que yo disminuya.”
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