Evangelio Pa' Llevar

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Evangelio Pa' Llevar episodes

  • “En las cosas de mi Padre” - 19 de marzo (Lucas 2, 41-51)

    PADRE GUSTAVO GODINEZ


    Lucas 2, 41-51


    Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua.

    Cuando Jesús cumplió doce años, subieron como de costumbre a la fiesta.
    Al terminar los días de celebración, regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo notaran.

    Pensando que iba en la caravana, caminaron todo un día.
    Luego comenzaron a buscarlo entre familiares y conocidos.
    Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén buscándolo.

    Después de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
    Todos los que lo oían estaban admirados de su inteligencia y de sus respuestas.

    Al verlo, sus padres quedaron sorprendidos, y su madre le dijo:

    “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?
    Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia.”

    Él les respondió:

    “¿Por qué me buscaban?
    ¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”

    Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

    Jesús bajó con ellos a Nazaret y vivía sujeto a su autoridad.
    Su madre conservaba todo esto en su corazón.

    8 min
  • “Escuchar para vivir” - 18 de marzo (Juan 5, 17-30)

    PADRE JOHN KENNY


    Juan 5, 17-30


    Después de curar al paralítico en sábado, Jesús dijo:

    “Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.”

    Por eso los judíos intentaban aún más matarlo,
    porque no solo quebrantaba el sábado,
    sino que llamaba a Dios su propio Padre,
    haciéndose igual a Dios.

    Entonces Jesús tomó la palabra y dijo:

    “Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta,
    sino solo lo que ve hacer al Padre.
    Lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo.

    Porque el Padre ama al Hijo
    y le muestra todo lo que hace.
    Y le mostrará obras aún mayores que estas,
    para que ustedes se asombren.

    Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida,
    también el Hijo da vida a quien Él quiere.

    El Padre no juzga a nadie,
    sino que ha confiado al Hijo todo juicio,
    para que todos honren al Hijo
    como honran al Padre.
    El que no honra al Hijo
    no honra al Padre que lo envió.

    Les aseguro:
    el que escucha mi palabra
    y cree en el que me envió,
    tiene vida eterna.
    No será condenado,
    sino que ha pasado de la muerte a la vida.

    Les aseguro que llega la hora,
    y ya está aquí,
    en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios,
    y los que la oigan vivirán.

    Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo,
    así también ha concedido al Hijo tener vida en sí mismo,
    y le ha dado autoridad para juzgar,
    porque es el Hijo del Hombre.

    No se asombren de esto:
    llega la hora en que todos los que están en los sepulcros
    oirán su voz
    y saldrán:
    los que hicieron el bien, para la vida;
    los que hicieron el mal, para la condenación.

    Yo no puedo hacer nada por mi cuenta.
    Juzgo según lo que escucho,
    y mi juicio es justo,
    porque no busco mi voluntad,
    sino la voluntad del que me envió.”

    6 min
  • “Cuando Jesús rompe tu rutina” - 17 marzo (Juan 5, 1-16)

    PADRE LUCAS TENIER MACHADO


    Juan 5, 1-16


    Había en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, una piscina llamada Betesda, con cinco pórticos.
    Allí se reunían muchos enfermos: ciegos, cojos y paralíticos.

    Entre ellos había un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

    Jesús lo vio tendido allí y, sabiendo que llevaba mucho tiempo así, le preguntó:

    “¿Quieres quedar sano?”

    El enfermo le respondió:

    “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se agita.
    Cuando intento llegar, otro baja antes que yo.”

    Jesús le dijo:

    “Levántate, toma tu camilla y camina.”

    En ese mismo momento el hombre quedó sano.
    Tomó su camilla y empezó a caminar.

    Pero ese día era sábado.

    Los judíos le dijeron al que había sido curado:

    “Es sábado. No te está permitido cargar la camilla.”

    Él respondió:

    “El que me curó me dijo: ‘Toma tu camilla y camina.’”

    Le preguntaron:

    “¿Quién es ese hombre que te dijo eso?”

    Pero el que había sido curado no lo sabía, porque Jesús había desaparecido entre la multitud.

    Más tarde, Jesús lo encontró en el templo y le dijo:

    “Mira, has quedado sano.
    No peques más, para que no te suceda algo peor.”

    El hombre fue a contar a los judíos que había sido Jesús quien lo había curado.

    Y por eso perseguían a Jesús,
    porque hacía estas cosas en sábado.

    7 min
  • “Confía antes de ver” - 16 de marzo (Juan 4, 43-54)

    PADRE DIEGO PAEZ


    Juan 4, 43-54


    Después de estar en Samaría, Jesús regresó a Galilea.
    Él mismo había dicho que a un profeta no lo valoran en su propia tierra.
    Sin embargo, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto lo que hizo en Jerusalén durante la fiesta.

    Fue de nuevo a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.

    Había allí un funcionario real cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.
    Cuando oyó que Jesús había llegado, fue a buscarlo y le rogaba que bajara a curar a su hijo, porque estaba muriendo.

    Jesús le dijo:

    “Si no ven signos y prodigios, no creen.”

    El funcionario insistió:

    “Señor, baja antes de que mi hijo muera.”

    Jesús le respondió:

    “Puedes volver a tu casa.
    Tu hijo vive.”

    El hombre creyó en la palabra que Jesús le dijo
    y se puso en camino.

    Mientras bajaba, sus servidores salieron a su encuentro y le dijeron:

    “Tu hijo vive.”

    Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría.
    Le respondieron:

    “Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre.”

    El padre reconoció que era la misma hora en que Jesús le había dicho:
    “Tu hijo vive.”

    Y creyó él con toda su familia.

    Este fue el segundo signo que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.

    6 min
  • “De mendigo a testigo” - 15 de marzo (Juan 4, 43-54)

    PADRE JESUS MORA


    Juan 9, 1-41


    Al pasar, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
    Sus discípulos le preguntaron:

    “Maestro, ¿quién pecó para que naciera ciego: él o sus padres?”

    Jesús respondió:

    “No es que haya pecado él o sus padres.
    Es para que se manifiesten en él las obras de Dios.
    Mientras es de día, debemos hacer las obras del que me envió.
    Yo soy la luz del mundo.”

    Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, lo puso en los ojos del ciego y le dijo:

    “Ve a lavarte en la piscina de Siloé.”

    Él fue, se lavó y volvió viendo.

    Los vecinos y los que lo conocían decían:

    “¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?”

    Unos decían que sí; otros que se parecía.
    Pero él afirmaba:

    “Soy yo.”

    Le preguntaron:

    “¿Cómo se te abrieron los ojos?”

    Él respondió:

    “El hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo puso en los ojos y me dijo que fuera a lavarme. Fui, me lavé y ahora veo.”

    Lo llevaron ante los fariseos.
    Era sábado cuando Jesús había hecho el barro y lo había curado.

    Los fariseos le preguntaron cómo había recuperado la vista.
    Él respondió:

    “Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.”

    Algunos fariseos decían:

    “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.”

    Otros decían:

    “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?”

    Y estaban divididos.

    Volvieron a preguntarle al ciego:

    “¿Tú qué dices de Él?”

    Respondió:

    “Que es un profeta.”

    Llamaron a sus padres para preguntar si realmente había nacido ciego.
    Ellos confirmaron que sí, pero por miedo no quisieron decir más.

    Entonces volvieron a llamar al hombre y le dijeron:

    “Da gloria a Dios. Sabemos que ese hombre es un pecador.”

    Él contestó:

    “Si es pecador, no lo sé.
    Solo sé una cosa:
    yo era ciego y ahora veo.”

    Le preguntaron otra vez qué había hecho Jesús.
    Él respondió:

    “Ya se lo dije y no me escucharon.
    ¿Por qué quieren oírlo otra vez?
    ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”

    Entonces lo insultaron y lo expulsaron.

    Jesús se enteró y lo encontró.
    Le preguntó:

    “¿Crees en el Hijo del Hombre?”

    Él respondió:

    “¿Quién es, Señor, para que crea en Él?”

    Jesús le dijo:

    “Lo estás viendo: el que habla contigo, ese es.”

    Él dijo:

    “Creo, Señor.”
    Y se postró ante Él.

    Jesús añadió:

    “Yo he venido para un juicio:
    para que los que no ven, vean;
    y los que creen ver, queden ciegos.”

    Algunos fariseos que estaban allí dijeron:

    “¿También nosotros estamos ciegos?”

    Jesús respondió:

    “Si fueran ciegos, no tendrían pecado.
    Pero como dicen: ‘Vemos’,
    su pecado permanece.”

    9 min
  • “Justificado… o solo satisfecho” - 14 de marzo (Lucas 18, 9-14)

    PADRE GUSTAVO GODINEZ


    Lucas 18, 9-14


    Jesús contó esta parábola a algunos que estaban convencidos de ser justos y despreciaban a los demás:

    “Dos hombres subieron al templo a orar:
    uno era fariseo y el otro publicano.

    El fariseo, de pie, oraba así para sí mismo:

    ‘Dios, te doy gracias porque no soy como los demás:
    ladrones, injustos, adúlteros…
    ni como este publicano.
    Ayuno dos veces por semana
    y pago el diezmo de todo lo que tengo.’

    En cambio, el publicano se quedó a cierta distancia.
    No se atrevía ni siquiera a levantar los ojos al cielo,
    sino que se golpeaba el pecho diciendo:

    ‘Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador.’

    Les digo que este último volvió a su casa justificado,
    y no el otro.

    Porque el que se enaltece será humillado,
    y el que se humilla será enaltecido.”

    7 min
  • “El centro de todo” - 13 de marzo (Marcos 12, 28-34)

    PADRE JOHN KENNY


    Marcos 12, 28-34


    Un escriba que había escuchado las discusiones se acercó a Jesús.
    Al ver que había respondido bien a los demás, le preguntó:

    “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”

    Jesús respondió:

    “El primero es:
    Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor.
    Amarás al Señor tu Dios
    con todo tu corazón,
    con toda tu alma,
    con toda tu mente
    y con todas tus fuerzas.

    Y el segundo es este:
    Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

    No hay mandamiento más grande que estos.”

    El escriba le dijo:

    “Muy bien, Maestro. Tienes razón al decir que Dios es uno y que no hay otro fuera de Él;
    y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas,
    y amar al prójimo como a uno mismo,
    vale más que todos los holocaustos y sacrificios.”

    Jesús, viendo que había respondido con sensatez, le dijo:

    “No estás lejos del Reino de Dios.”

    Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

    6 min
  • “¿Con quién estás?” - 12 de marzo (Lucas 11, 14-23)

    PADRE LUCAS TENIER MACHADO


    Lucas 11, 14-23


    Jesús estaba expulsando un demonio que había dejado mudo a un hombre.
    Cuando el demonio salió, el mudo comenzó a hablar,
    y la gente quedó asombrada.

    Pero algunos dijeron:
    “Expulsa demonios por el poder de Beelzebul, el jefe de los demonios.”

    Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo.

    Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo:

    “Todo reino dividido contra sí mismo se destruye,
    y una casa dividida se derrumba.

    Si también Satanás está dividido contra sí mismo,
    ¿cómo podrá sostenerse su reino?

    Ustedes dicen que yo expulso demonios por el poder de Beelzebul.
    Pero si yo expulso demonios con ese poder,
    ¿con qué poder los expulsan los hijos de ustedes?
    Ellos mismos serán sus jueces.

    Pero si yo expulso demonios con el dedo de Dios,
    entonces es que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.

    Cuando un hombre fuerte y bien armado cuida su casa,
    sus bienes están seguros.
    Pero si llega uno más fuerte que él y lo vence,
    le quita las armas en las que confiaba
    y reparte el botín.

    El que no está conmigo, está contra mí;
    y el que no recoge conmigo, desparrama.”

    6 min
  • “Más profundo que las reglas” - 11 de marzo (Mateo 5, 17-19)

    PADRE DIEGO PAEZ


    Mateo 5, 17-19


    Jesús dijo:

    “No piensen que he venido a eliminar la Ley o los Profetas.
    No he venido a abolir,
    sino a darles su plenitud.

    Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra,
    ni la letra más pequeña
    ni el detalle más mínimo de la Ley
    desaparecerá,
    hasta que todo se cumpla.

    Por eso, el que ignore el mandamiento más pequeño
    y enseñe a otros a hacer lo mismo,
    será considerado el más pequeño en el Reino de los cielos.

    Pero el que los cumpla y los enseñe,
    será grande en el Reino de los cielos.”

    6 min
  • "Perdonar de corazón" - 10 de marzo (Mateo 18, 21-35)

    Padre Jesus Mora


    Mateo 18, 21-35


    Pedro se acercó a Jesús y preguntó: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete —contestó Jesús—. »Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a hacerlo, se presentó uno que le debía diez mil monedas de oro. Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos y todo lo que tenía, para así saldar la deuda. El siervo se postró delante de él. “Tenga paciencia conmigo —rogó—, y se lo pagaré todo”. El señor se compadeció de su siervo, perdonó su deuda y lo dejó en libertad. »Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. “¡Págame lo que me debes!”, exigió. Su compañero se postró delante de él. “Ten paciencia conmigo —rogó—, y te lo pagaré”. Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido. Entonces el señor mandó llamar al siervo. “¡Siervo malvado! —le dijo—, te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?”. Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. »Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano».

    8 min

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Con Piedras Vivas siempre puedes escuchar de Jesús hasta "pa llevar". Porque sabemos que la vida tiene sus ritmos y sus preocupaciones, pero creemos que nada de eso se escapa de la compañía de un…