El salmo que guía este año nace de alguien que habla desde la presión, no desde la comodidad: reconoce angustias, pero se aferra a Dios como roca firme. Esa misma frase hoy la pronuncian muchas personas que viven con lo justo, que no saben si les va a alcanzar para la comida, la salud o el alquiler. Para ellas, decir «Tú, Señor, eres mi esperanza» no es poesía; es la manera de seguir levantándose cada mañana.