El Evangelio de Lucas 9, 1-6 nos muestra a Jesús convocando a los Doce y enviándolos con poder y autoridad. No los envía cargados de provisiones ni acompañados de seguridades humanas. Al contrario, los manda ligeros, confiados únicamente en Dios y en la hospitalidad de quienes los reciban. Es un envío que desnuda al discípulo de toda autosuficiencia para vestirlo solo con la fe.
El Papa Francisco, en su meditación, subrayó un detalle que muchas veces pasa inadvertido: la hospitalidad. Jesús no pide a los suyos que lleven todo lo necesario, sino que aprendan a recibir lo que otros les ofrezcan. Ser discípulo es también dejarse cuidar, abrirse al otro y aprender a vivir de la gratuidad. Así, el apóstol no se convierte en dueño o jefe, sino en hermano que comparte y en testigo que transforma corazones.