5 de abril de 2026
Para Juan, ante esa tumba vacía, tomaban sentido todos lo dichos y lo hechos de Jesús. Sus actitudes, pretensiones, enseñanzas y acciones tomaban un sentido de eternidad. No era solo un profeta, era el Hijo amado del Padre. Para María, en cambio, “habían robado al maestro”. En ella había confusión, oscuridad, angustia y miedo.
Ver y creer. Esta semana, tendremos que aprender de Juan para mirar a nuestro alrededor y encontrar a Jesús.
Él vive, por eso, ¡es Cristo la Palabra que vencerá al final!
¡Sea Él nuestra vida y esperanza!
Por tu Pueblo,
para tu Gloria,
siempre tuyo Señor.
Mons. Héctor M. Pérez V.