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Estoy hundida, soy una máquina de pensamientos negativos. Surco, surco, me entierro. Me veo en la peor de las depresiones, me veo diagnosticada, patologizada, me doy lástima, me alejo de lo que alguna vez fui. Soy una exagerada. Dramática. Actriz. Es normal estar mal, pero qué tan mal. Por cuánto, cuál es el límite. No tengo las herramientas para sortear este dolor. Son muchos sentimientos que no termino de aceptar, la culpa, la incertidumbre, la angustia, el miedo. ¿Las herramientas serán les otres? ¿Por qué tiendo a encerrarme? ¿Por qué creo que nadie me va entender? O que molesto, o que a nadie le interesa mi malestar, que tienen sus vidas y problemas.
El día está hermoso, y eso me pone mal. Me da más culpa, porque no puedo disfrutar. Porque no sé cómo hacerlo. Me arden los ojos, de llorar y ver pantallas.
Desde acá veo mis momentos de actividad magnificados, pienso "qué bien estaba y cómo me importaba eso", los nervios de antes de salir al escenario, esos nervios que en ese momento odiás y querés deshacerte de ellos, hoy los recuerdo y digo "qué lindo volver a sentir eso", sentir que algo te importa, sentirte vivo.
Uno siempre valora en retrospectiva, porque es un imbécil. Y ahora veo todo lo que hice, todo lo que luché por mi deseo. Como me las arreglé para sobrevivir mientras buscaba esa chispa de felicidad, bastante bien la hice. Sobreviví a la Gral Paz todos los días, escuchando Furia Bebé. Sobreviví a un trabajo del horror, diseñando y eliminando los elementos de la papelera de reciclaje. Sobreviví al dolor de la pérdida de un amigo, con arte y amigues nuevos. Me pregunto cómo voy a pasar esta angustia, qué es lo que me va a sacar el pozo. Qué me va a ayudar a tener un lado b. Todo lo que sube, tiene que bajar, y después de bajar a lo más hondo, sólo queda subir.
09-03-2021 / 12:55 pm
Es como si estuviera en modo automático. Como si hubiera mil bifurcaciones en frente mío, a los costados, atrás y no supiera para donde disparar. Estoy parada en el medio y a veces surgen ideas, las anoto. Pero sigo en el mismo lugar. Me cuesta poner primera, arrancar, hacer. No tengo ganas ni siquiera de no tener ganas. No quiero contestar mensajes, no quiero escuchar música, no quiero ver la tele. Estoy marchita. Me estoy muriendo.
Empiezo a creer que todos estamos mal siempre, que siempre hay motivos para estar mambeado, que la vida es esto. Es hacer y deshacer. Que no siempre es para adelante, que a veces es un stop prolongado. Que no se trata de esperar a estar bien, que es seguir a pesar del dolor. Mientras el cuerpo lo aguante. Que cosas lindas salen de la tristeza, aunque todavía no encuentro cómo hacerla salir.
09-03-2021 / 09:05 am
Ojalá fuera creyente, para poder rezar. Para pedirle a un Dios o Diosa un milagro, para creer que si lo deseo mucho las cosas pueden cambiar. Pero no. Por más que lo intente, no me lo creo. Y es que la vida puede ser muy dura a veces y resignarse a eso es un dolor muy grande. Las cosas no son como queremos que sean. Dios no existe, nadie nos cuida desde el cielo y la gente sufre y muere todos los días. Así es la vida, así es la muerte.
Llorar no soluciona nada. Pero lloro porque no tengo fe, porque hoy lo único que me desligaria de este dolor es ponerlo en manos de alguien más, no hacerme cargo de lo que no puedo comprender o de lo que me niego a aceptar.
Quiero patalear, llorar, gritar y todo porque no puedo rezar. Porque ninguna plegaria va a hacer que haya menos dolor en este mundo. Un chiste y una canción. Son las cosas que salvan. Ignorar el dolor, hacerlo a un lado, un rato. Es lo único que sirve ahora. Un chiste y una canción. Entre llanto y llanto, mientras trato de hacer lugar en mi mochila para cargar todo este peso, que creí no podía ser peor. Pero sí, siempre puede ser peor. Siempre. Así que agradecé, sea mucho o poco. Gracias por no ser peor vidita. Gracias por el amor. Por los amigos. Por la salud. Por la familia. Por las buenas experiencias. Por las carcajadas. Por el sentido del humor. Gracias por la música, por los escenarios. Por el arte. Gracias por dejarme dormir a pesar del dolor
09-03-2021 / 1:27 am
Estos días siento que estoy ausente. Las cosas me llaman y no quiero ir. Necesito acurrucarme y que me preparen la merienda, pero hay una parte de mí que le da bronca verme así. Como si tuviera que mirar el vaso medio lleno, cuando tengo ganas de revolearlo contra una pared. Cuando estoy enojada, triste y no encuentro lo lindo de la vida, se me nubló la vista. No me enorgullece, pero así estoy. No me pidan más, no me pidan nada. La vida también es esto. Ojalá vengan tiempos mejores, ojalá esté para disfrutarlos, ojalá aprenda a sobrellevar la tristeza, así como hice con la ausencia de Dani, ojalá pueda.
Pero ¿y si no? Otra vez el miedo a convertirme en un ser gris, otra vez aparece la figura de la pena, de un abuelo con olor a cigarrillo y la tele puesta en TN, que perdió vínculo con la vida, que su cuerpo muere de viejo porque su espíritu ya estaba muerto, que nunca supe lo que le hacía felíz, porque no lo conocí cuando dicen, alguna vez lo fue.
Tal vez eso tengo que hacer, una lista de las cosas que creo, me hacen bien:
Lo escribo, pero no ansío hacerlo, perdí el entusiasmo. No quiero alarmarme, no quiero el fantasma del abuelo triste amenazándome en convertirme en él, otra vez. No sé ser triste, no suelo estar ahí. Me desconozco, no me identifico. Me pierdo. Es un mood que no sé cómo llevar, porque no lo busco, me ataca, se apropia de mí. Me tira en la cama y sólo me repite todo lo que no estoy haciendo. Me hunde, me empuja a una espiral del infierno de la que hoy, al menos, siento que no tengo las herramientas para salir. Estoy perdida. Desorientada. No sé qué tengo que aprender de todo esto, que la vida es efímera ya lo sé. Que las cosas pueden irse a la mierda de la nada, también. Supongo que tiene que ver con el día a día, porque de eso se trata esta enfermedad, de afrontar el día a día. Se trata de esperanza, y por más que deteste admitirlo, se trata de fe. Odio la fe, pero entiendo que ante la incertidumbre absoluta, es necesaria. Fe en mi mamá, no en cuestiones mágicas. No creo en Dios, ni en los cuentos de hadas. Creo en la gente, en los motivos, y en las listas de cosas que hacen bien. Esa es la vida.
Esta es una tristeza diferente, porque no es la de la ausencia, sino la de la amenaza de la ausencia, no sé si es aún peor. Es la tristeza que no tiene horizonte, que promete ser larga. Por eso no puedo llevarla, porque no es como con Dani, no es aceptar un hecho que me cambió la vida que me llenó de dolor, no es convivir con ese dolor de la ausencia, es aceptar que todo puede pasar, que puede salir bien como mal, que hay que acompañar, que no hay que especular, que hay que vivir el día a día y esperar lo mejor. No sé cómo tomarlo, no sé cómo seguir con mi vida teniendo la muerte tan cerca, aunque siempre anda cerca. Sólo que ahora es visible, la pensamos todos los días, está ahí, diciéndonos que es posibilidad. Y aunque sabemos que siempre es posibilidad, ahora es más difícil hacerla a un lado. Ahora está en cada cosa que haga en el día, en cada preocupación banal, en cada ¿en serio vas a hacerte mala sangre por esto?
Una de las grandes preguntas de la especie es si te gustaría saber qué día vas a morir, y el dilema tiene que ver con que la información es poder, pero también es responsabilidad. Si hay algo bueno de la muerte es que no nos hace responsables, llega tarde o temprano, libera las culpas, las deudas, y los mambos terrenales. Nadie es culpable de morir, ni siquiera quien se suicida.
Le tenemos respeto porque no la comprendemos, porque el miedo a lo desconocido nos paraliza, porque reaccionamos como un viejo facho cuando ve a un pibe con la cara tatuada, tenemos la mente cerrada, nos gusta darle explicaciones a todo, lo necesitamos.
Tal vez eso tenga que aprender, a convivir con la muerte, a saber que está ahí, que no podemos hacer nada para evitarla, la podemos demorar, pero es inminente.
06-03-2021 / 9:13 pm
" Todos los días morimos un poco", me dijo Ceci. Y aunque no entendí en el momento, sospecho que algo de su sabiduría me reconforta. Lo único de lo que hay evidencia es el tiempo, y pasa sin poder intervenirlo. Se lleva la vida, los momentos, los minutos. Se lleva las personas, las cosas, los recuerdos. Ni siquiera el dolor lo puede parar. No es transitar, es aceptar. En el transcurso se acepta, pero el tiempo no pasa solo, lo acompañamos.
No sirve de nada enojarse con los sucesos de la vida, cosas buenas siempre hay. Pero la motivación es un motor que a veces hay que llevar al mecánico. Ahora no la encuentro, estoy en cero. Pero sé, que es un buen momento para retomar camino, redireccionar las ganas, buscarlas. En algún lado están, ya van a aparecer.
Paciencia, es la palabra que me repito día y noche. Sobre llevar el limbo, la transición, el entre. Sobrevivir a la incertidumbre, la nueva normalidad. Entender que nunca voy a ser más grande, nunca voy a llegar a ese lugar que entendía era la seguridad de la adultez. La adultez es esto, poner el pecho, fumarse un porro y odiar tu trabajo.
También es una oportunidad para empezar de nuevo, para hacer algo distinto, para morir y volver a nacer. Para ser alguien mejor, para escucharse, dejar atrás lo que construiste hasta acá y hacer algo nuevo. Para tener muchas vidas en una. Para ser alguien más, dedicarse a otra cosa, hacer amigues nuevos, decorar la casa y cambiar la rutina.
Tal vez cambiando el camino me encuentre con las ganas, capaz nunca las halle pero al menos las persigo.
martes, 2 de marzo de 2021 10:20pm
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