Vivimos en una época de saturación constante de estímulos. Noticias, redes sociales, conversaciones, conflictos cotidianos… todo el tiempo algo está entrando en nuestra mente. Pero rara vez nos preguntamos qué hacemos con todo eso que recibimos.
En la enseñanza del Cuarto Camino de Gurdjieff aparece una idea fundamental: todo lo que vemos, oímos y experimentamos entra en nosotros como impresiones, y esas impresiones son el alimento más importante que recibimos.
¿Es posible transformar las impresiones en lugar de simplemente reaccionar a ellas?
¿Podemos aprender a “digerir” lo que nos ocurre, del mismo modo que el cuerpo digiere el alimento?