Ahora bien, la angustia, “es el estado rey cuya sombra cubre los demás estados”, diametralmente opuesta al temor (¿no-miedo?) dado que este tiene límites, a diferencia de la angustia que es ilimitada, desnuda.). Acá cuando se acaba la tranquilización y confianza en el aseguramiento, soberanía de lo culpable y certeza del “yo pienso”, escisión de la condición animal en constante crianza.