A más de un mes del incio de la emergencia sanitaria, y con el soberano secuestrado en casa, el gobierno anunció medidas económicas que se alejan por mucho de lo que parece figurar como el gran consenso mundial frente a la crisis: fortalecer el Estado e inyectar recursos públicos para dinamizar la economía. En su lugar, el residente Moreno propone delegar el manejo del nuevo fondo de salvataje a actores privados y exige una contribución a trabajadores y empresas, que de por sí ya sufren los golpes económicos de la pandemia.
Una vez más, el pueblo paga los costos de la crisis. A su vez, el bloque de poder da señales de fisura. Ni siquiera las cámaras empresariales –alma mater del Ministro Martínez- aprueban los anuncios. Nebot, el gran ausente hasta ahora, se apresura a sugerir una Consulta Popular, propuesta por demás inviable y compleja en una situación como la actual, pero que da cuenta de su claro afán por desmarcarse de un gobierno que cada vez se repliega más sobre sí mismo.
La Ministra Romo, al puro estilo de Margaret Thatcher, afirma que no hay alternativas. Y Martínez aprovecha para desempolvar varias reformas dictadas por el FMI y cristalizadas Trole 4; ley que finalmente no fue por el rechazo ciudadano. Su insistencia en pagar la deuda, flexibilizar el trabajo y abrir las vías de la desregulación financiera, y demás, dejan por sentado que su compromiso no es con la vida.
Los ojos del país están ahora sobre la Asamblea Nacional. Frente a las amenazas de muerte cruzada y la posibilidad de que se gobierne por decreto en el entretiempo, el pleno del legislativo es el último espacio de contención política que puede plantear salidas mínimamente populares a la crisis.
¿Destitución, Consensos o Jaque Mate a la nación? Esa es la pregunta que les planteamos esta tarde a nuestros invitados, Soledad Stoessel y Andrés Chiriboga.