Un texto de Silvia Gómez.
Nuestra lengua muerta
Cerca de la medianoche, en la esquina de una calle, nuestro adiós suma una lengua más a las 10 lenguas que mueren cada año en el mundo.
“El porvenir parece todavía más sombrío”, dice el artículo que leí esta mañana. “Según los pronósticos, entre el 50 y el 90% de las lenguas habladas hoy en día, morirán en el curso de este siglo. (…) con la muerte de cada lengua, una persiana de la historia de la humanidad se cierra” (1), y yo supe bien, cerca de la medianoche en la esquina de una calle, que nosotros habíamos cerrado una persiana.
Por un lado, es verdad, nuestra lengua era solamente una lengua de dos, no contaba con los 100.000 locutores que exigen los lingüistas para que una lengua pueda sobrevivir. Sin embargo, nuestra lengua, nuestro dialecto tenía su gramática, su ortografía, sus sonidos, su léxico, sus imágenes, sus metáforas y sus sentidos; también su pragmática.
Al principio, algunos sentimientos escondidos, después las palabras silenciosas, las calles en las que ya no caminaremos y todas las cosas que no serán más nombradas por nosotros; finalmente los mensajes borrados…
En efecto, nuestra lengua, ya sin locutores, está en peligro; la persiana lentamente se cierra: no más sus sonidos, sus sentidos, sus conversaciones con sus interrupciones, tu linda tonada…
Por otro lado, es verdad también que algunas palabras de nuestra lengua eran verdaderos campos de batalla.
Pero la preservación de la lengua ¡es un asunto urgente! dicen los lingüistas; y yo estoy de acuerdo con ellos: ¡se trata de mantener el multilingüismo y el multiculturalismo!, ¡hay que cuidar el pensamiento crítico y la creatividad!
Lloré por nuestra lengua, por nuestro dialecto. Hay que cuidar la poesía y mi amor.
De golpe, yo no sé si fue por el agua de las lágrimas, o porque yo decidí -no sin ayuda- labrar otros campos, o porque yo soy una mujer de fe… mi lengua resucitó.
Así que con suerte, algunos recuerdos, algunas frases, algunas palabras de nuestra lengua, devengan bastardilla. Y así, con esta nueva lengua, con un Otro, en una nueva calle, voy a poder nombrarnos.
Ranka, Bjeljac- Babic, 6000 langues: un patrimoine an danger. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000119479_fre