Cuanto más masticamos, más células madre se liberan, lo que favorece el crecimiento óptimo de los huesos faciales, los músculos masticadores, un paladar y una mandíbula más anchos y vías respiratorias más grandes. Masticar no sólo es clave para respirar y tener dientes rectos, sino que cada vez que masticas, bombeas sangre y nutrientes al cerebro y eliminas las toxinas.