Jesús invitó a sus verdaderos seguidores a unirse a Él en el reino de los cielos, y afirmó que este ya está activo aquí en la tierra y que siempre existirá en nuestro futuro como la casa de su Padre celestial.
¿Cómo podemos lograr esto siguiéndolo?
¿Qué pruebas debemos soportar en este mundo para vivir ya en el reino, si es que esto es posible?
Sin duda, nuestro mundo entero está bajo el control del maligno.
No obstante, Jesús, como el nuevo Adán, nos abrió las puertas del Paraíso cuando vino a nuestro mundo, pero nos advirtió que el camino hacia nuestra libertad espiritual de la esclavitud de Satanás es difícil; la puerta que abrió es estrecha y solo unos pocos pueden cruzarla.
Si logramos atravesar la puerta estrecha mediante nuestra disciplina espiritual, Cristo es el puente que nos llevará al reino de Dios, el único puente que existe.
Sin embargo, este puente se debilita e incluso desaparece con el pecado y el desprecio por la voluntad de Dios para nuestras vidas.
Afortunadamente, el don que Jesús dio a sus verdaderos seguidores, el Espíritu Santo, puede actuar como un auxilio invisible para nosotros, protegiéndonos y guiándonos en cada paso cuando lo necesitamos, siempre que nos esforcemos por ofrecerle una morada pura en nuestros corazones.
Entonces, nuestro puente de Cristo brillará ante nosotros, dándonos la bienvenida a la casa de su Padre, el reino de Dios.