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La muerte es un acontecimiento que llegará en algún momento, pero no es el final del camino, sino el comienzo para una nueva historia. Una historia corregida, aumentada y llena de plenitud. Eso es lo que creemos y se nos ha enseñado a los seguidores de Jesucristo
Este amor de Dios que se manifiesta con su muerte para la salvación del mundo, es un amor que está llamado a replicarse en el Matrimonio y la Familia. Una réplica que cobra sentido en nosotros a través del agradecimiento, por ese regalo maravilloso de Dios, al querer siempre lo mejor para su creación. De ahí, que un compromiso al contemplar el amor de Dios para con nosotros, es saber que siendo sal, para dar buen sabor, purificar, conservar y siendo luz, para dar fuerza e iluminar, aprendemos a entender, que eso es amar.
La vida cristiana también es la mejor catequesis para reflexionar los altibajos que se presentan a lo largo de la existencia. Por eso la personificación de Dios en la experiencia real de nuestro Señor Jesucristo, no es una historia y una realidad eximida del dolor y de la satisfacción, por el contrario, Dios se hizo ser humano, para enseñarnos que todo puede llegar, pero que todo también se puede transformar.
Habitualmente cuando en la Iglesia se habla de ayuno se tiene ideas fijas, por ejemplo, dejar de comer, pasar un día o varios días a pan y agua. Cambiar tipos de alimentos por otros. Por lo general el ayuno cae en el reduccionismo de privación y no de bendición insisto
La oración renueva, la oración transforma. Es una expresión fruto de la reflexión del hermoso pasaje de la transfiguración del Señor en el monte Tabor. Pues después de que se hace oración, nos cuenta el texto bíblico, el rostro de Jesús y sus vestidos brillaban de resplandor y se veían mejor. Esta práctica de la oración que se intensifica más por el tiempo de la cuaresma, no puede convertirse en un simple momento, debe ser ante todo una realidad diaria, infaltable. Solo se puede evidenciar el poder de la oración, de la relación con Dios y de la intimidad poderosa con él, cuando se deja de confiar en la falsa seguridad que es uno mismo y se empieza a esperar en el tiempo de Dios.
Hoy quisiera proponerles unas maneras muy humanas para practicar la limosna, reconociendo que ella es la apertura propia a los que nos rodean y en esa apertura al reconocimiento de la presencia de Dios en los demás.
En la vida preparar cosas, proyectos, hacer metas, está súper bien porque eso hace bien. Eso organiza, disciplina, da una especie de seguridad y satisfacción. Se hace lo que se debe hacer. Pero, pero, pero a los seres humanos no muy pocas veces se nos olvida que dentro de la composición humana existe la dimensión espiritual, con la cual y sin la cual la vida no sería posible y que por tanto esa dimensión espiritual también se debe preparar.
Quiero motivarlos para que a través de una acción concreta comencemos a valorar más las esencias de la vida, que las superficialidades y los facilismos. Hablar con Dios nos ayudará mucho para ello. Si bien es cierto que hablar con Dios es una acción espiritual, esta misma necesita de una relación íntima y a la vez comunitaria. Precisamente la palabra o el verbo hablar significa vinculación directa, por eso es definido como el acto individual por medio del cual una persona hace uso de una lengua para poder comunicarse, elaborando un mensaje, pero ojo un mensaje cargado de palabras.
Notas del Episodio:
· Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. (1 Juan 5:14).
· Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo. (Apocalipsis 3:20).
· Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores. (Salmo 34:4).
Ser vulnerables significa tener muy claro que nunca estaremos exentos al pecado y al sufrimiento. Esto es algo que nos cuesta mucho entender y a la vez asumir.
En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá” esto es: “Ábrete”. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.
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