Se trata de un alimento que se conoce desde la Prehistoria. Se cree que el origen del cerezo está en Asia Menor y que pudo llegar a Europa a través de pájaros migratorios. Los romanos dominaban las técnicas de injerto y elaboraron nuevas variedades aunque en realidad su consumo es anterior: alrededor del 6.000 a. C. cuando se majaban para obtener un liquido que se fermentaba hasta convertirlo en alcohol.