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El título ya les indica de qué trata la historia, pues es una que es ya muy conocida. Creada por el maestro Edgar Allan Poe, nos sitúa en un ambiente lóbrego, oscuro y con demasiados toques góticos, algo que teniendo en cuenta la obra de Poe, pues nos asegura a tener un relato que enervará su imaginación, y espero mi narración ayude a crear ese ambiente en ustedes, mis queridos oyentes.
¿Nunca tuviste temor alguno de llegar a encontrar una imagen que pueda llegar a ejemplificar la realidad de la que fue tomada, de tal manera que no haya distinción alguna entre cuál es la real? ¿O tan siquiera que ocurra que una absorba la escencia de la otra? Pues el maestro Edgar Allan Poe nos pone en esta situación en la que una habilidad que raya lo divino es capaz de robarle a la realidad su escencia, dejando detrás solamente un retrato, un retrato que pueda quedarse impregnado en tu memoria de una forma que no puedas imaginar...
La locura nos puede llegar de maneras tan sutiles, tan poco conocidas, que nadie es capaz de reconocerla, mucho menos nosotros. Esta historia relata ello, y cómo la culpabilidad puede ser un factor que nos lleve de la mano y nos amarre a una locura de la cual nunca podremos llegar a salir.
Muchas veces los vicios nefastos que la sociedad posee nos llegan a corromper de tal manera que no solo nos hacemos daño a nosotros, sino a los seres que más amamos, llegando a actuar de una forma horrible con ellos, y quizás hasta generando consecuencias que nos atormentarán de por vida. Una historia que del famoso escritor estadounidense Edgar Allan Poe en dónde nos retrata el descenso de un personaje al alcohol, y cómo paga un alto precio por ello.
Como bien reza el dicho, la venganza es un plato que, mientras más frío se sirva, más se llega a disfrutar. Y es que, hay afrentas que no es posible dejar pasar por alto, y por ello justamente es que surgen ideas y alucinaciones de venganza de lo más oníricas y bellas para el agraviado, pero que para el agravante no deja más espacio que a la desesperación y a la desdicha...
Muchas veces los placeres de la vida, tanto los mundanos como los prohibidos y más vetados, se los pueden permitir solo un pequeño grupo de personas. Pero, no ajeno a ello, hay un simple y común factor que a todos nos alcanzará alguna vez, y no es uno más lejano que La Muerte...
Siempre ha existido esa duda en muchos seres humanos... ¿Seremos la única creación que habita esta Tierra que siente dolor y emociones? ¿O será que hay más, pero que para nosotros no es posible percibirlo? ¿Se han preguntado lo mismo? Bueno, si es así, has llegado al lugar correcto. Roald Dahl nos da un vistazo de lo que podría ser ello, y como , quizás, exista un motivo real para no llegar a tanto...
Espero este relato que hoy les traigo les anime y guste. Desde este asiento calentado por la fogata, os mando un muy afectuoso abrazo. Cuídense mucho, siempre.
Trayéndoles una vez un relato algo más que escalofriante de nuestro querido y recordado Roald Dahl, uno en el cual una señora es nuestra principal narradora y perpetradora de tal crimen que, sin lugar a dudas, la dejará en un lugar en el que pocos (o pocas) quisieran estar, y menos aún, poder salir librados... Una historia digna de ponerte, sino los vellos, al menos la consciencia de punta.
Una abrazo a todos, mis queridos oyentes. Gracias por su grata compañía.
Hace tan solo unos días, paseando por una feria de libros de mi ciudad, encontré un libro de un autor que en mis años de infante llenó de colores y personajes. Quizás para muchos de ustedes les suene, y es que no hablo de nadie más que de Roald Dahl. Esta historia es una de las tantas que llegó a escribir, pero que a diferencia de sus más conocidas, no es una para infantes, sino para personas ya mayores. No solo por el lenguaje y la figura, sino por el contenido implícito propio de esos finales que dejan a uno lívido. ¡Espero lo disfruten!
Quizás un día escuches la lectura de este texto que una triste noche, entre canciones de nostalgia y añoranza, mi mano logró transcribir del ahora suave dolor de tu partida. Sabes que me referiré a ti, mi dulce vicio, por todo lo vivido en tan corto tiempo, y por la huella que sabes que dejaste. Solo espero que cuando lo hagas, estés mejor de cuándo te conocí, con más ilusiones y fuerzas de seguir adelante. Un abrazo fuerte, y un beso a la distancia que quizás jamás vuelva a darte.
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