Historias de Galicia que nadie te había contado

Historias de Galicia que nadie te había contado

By Iván Fernández AmilHistory
Download on the App Store

Historias de Galicia que nadie te había contado episodes

  • La tragedia en A Coruña de la que nació el servicio de Salvamento Marítimo en España

    Cuando el Canal de Suez se inauguró en 1869, Europa celebró que la ingeniería había conquistado el mar. Miles de barcos comenzaron a cruzar aquella luminosa vía como si la historia hubiese encontrado un atajo definitivo, pero la euforia duró poco. En los meses siguientes a su apertura se multiplicaron las tormentas, los encallamientos y los naufragios. Suez no había cambiado a la naturaleza, ni a nuestra propia fragilidad, porque el agua siempre tiene la última palabra. Un siglo más tarde, esa misma lección volvería a golpear, pero esta vez en Galicia. Frente a la costa de A Coruña, una tragedia dejó al descubierto una incómoda realidad. ¿Cómo era posible que, en uno de los puertos pesqueros más importantes de todo el Atlántico, el lugar desde donde partían cientos de barcos hacia Terranova y el Gran Sol, apenas existiesen medios organizados para rescates? Aquella triste madrugada de 1970 cambiaría para siempre la historia, porque de ese dolor nacería un nuevo sistema, una forma distinta de mirar a los océanos y una responsabilidad que cambiaría nuestros mares para siempre. Porque de ese accidente nació el servicio de Salvamento Marítimo y la primera base operativa de la Cruz Roja del Mar.

    7 min
  • Los infiernos que Franco creó en Galicia: 11 campos de concentración

    En 1942, en una isla frente a la costa croata, el régimen de Tito convirtió un pedazo de roca en mitad del Adriático en Goli Otok, la “Isla Desnuda”, un lugar sin árboles, sin sombra y sin escapatoria donde miles de presos políticos fueron golpeados, humillados y obligados a trabajar hasta caer agotados. Décadas antes, el régimen soviético había hecho algo parecido en Solovki, un antiguo monasterio en medio del hielo del mar Blanco. En Francia, los nazis instalaron un campo de concentración en Drancy, en un anodino bloque de viviendas a las afueras de París. A veces, un régimen no necesita construir infiernos nuevos, basta con apropiarse de los lugares que ya existen. Eso mismo ocurrió en Galicia durante el franquismo. Hoy cuesta imaginar que lugares como Lavacolla, Rianxo, A Pobra, Betanzos o la isla de San Simón, espacios que asociamos a aeropuertos, playas tranquilas o ruinas románticas, formaron en su día parte de un engranaje pensado para aplastar, purgar y disciplinar a los vencidos. Porque Galicia llegó a concentrar al menos once campos franquistas, lugares discretos, sin grandes muros ni torres de vigilancia, pero donde el fuego eterno se hacía realidad. Estos fueron los once infiernos que Franco creó en Galicia.

    7 min
  • Llevó el nombre de Galicia hasta Roma: Décimo Junio Bruto Galaico

    En la Roma republicana del siglo II a. C., cada campaña era una guerra, pero también una apuesta política, un examen de carácter y una oportunidad de inscribir un nombre en el mármol romano, porque la gloria tenía nombres propios. A algunos generales los recordaron como “Africano”, a otros como “Asiático” o “Numídico”, pero muy pocos se ganaron un apelativo que sonaba a borde del mundo: Callaico. Roma era una máquina en expansión que medía el valor de los hombres por la distancia de sus conquistas y los templos se llenaban de inscripciones que perpetuaban los nombres de quienes habían llevado sus legiones más allá del horizonte conocido. Entre todos ellos, uno brilló con una mezcla de prudencia y ambición, un patricio formado en la disciplina militar y la retórica política que, moviendo legiones por la península ibérica, terminó por hacer algo más que ganar batallas, asociando para siempre su nombre a la tierra de los galaicos. Su campaña en el noroeste, recordada por los autores antiguos con admiración, llevó las fronteras de Roma hasta donde comenzaba el fin del mundo conocido, y llevó a Roma el nombre de Galicia. Aquel romano se llamaba Décimo Junio Bruto Galaico.

    7 min
  • José María Díaz Sanjurjo, el religioso decapitado en Vietnam que es el único santo gallego de la historia

    La historia de la humanidad está franqueada por una contradicción constante: el deseo de creer y el miedo a lo que otros creen. Desde que existen los dioses, existen también los perseguidores. En la Roma imperial, los cristianos morían por negarse a adorar al emperador, en la Europa medieval, los judíos fueron expulsados, los herejes quemados y los musulmanes forzados a convertirse. En Oriente, el budismo fue prohibido durante siglos en China, y en la India, los conflictos religiosos marcaron fronteras durante milenios. A lo largo de los siglos, la fe, cualquiera que sea, ha sido refugio y condena, motivo de esperanza y de guerra. Las religiones, que deberían haber servido para unir, se convirtieron muchas veces en pretexto para dividir. En el siglo XIX, ese antiguo drama se repitió en Asia. En Vietnam, Corea y Japón, miles de hombres y mujeres fueron ejecutados simplemente por practicar una creencia diferente. Entre ellos, un gallego nacido en una aldea de Lugo, que había partido al otro extremo del mundo movido por su fe, y que acabó encontrando allí su trágico destino. Su historia es la de un hombre que descubrió hasta dónde puede llegar la convicción cuando el precio de creer es la propia vida: José María Díaz Sanjurjo, el único santo gallego de la historia.

    6 min
  • El manicomio gallego donde rebeldía se confundía con locura: Conxo

    En 1887, la periodista Nellie Bly fingió estar loca para infiltrarse en un manicomio de Nueva York. Pasó diez días encerrada entre mujeres que gritaban, lloraban o permanecían en silencio absoluto sin recibir tratamiento alguno, apenas comida, y durmiendo sobre suelos húmedos. Cuando Bly logró salir y publicó su investigación, el mundo entero se horrorizó, porque aquel manicomio no era un hospital, sino una prisión donde la razón y la dignidad se apagaban lentamente. Aquel reportaje cambió la historia de la psiquiatría moderna, pero mientras en Estados Unidos la denuncia de Bly sacudía conciencias, en Galicia se escribía un capítulo propio. En 1885, apenas dos años antes de la investigación de Bly, Santiago de Compostela inauguró el primero manicomio de Galicia y uno de los más antiguos de toda España. Nació con el mismo propósito que aquel de Nueva York, atender a los enfermos mentales bajo el amparo de la ciencia y la caridad, pero pronto se transformó en una institución donde el poder médico, religioso y social dictaba quién merecía la libertad y quién no. En poco tiempo, aquel lugar se convirtió en el espejo del mundo que Nellie Bly había denunciado, un infierno donde miles de gallegas fueron encerradas por “alborotadoras”, “impertinentes” o “inmorales”. Esta es la triste historia del manicomio de Conxo.

    7 min
  • Juan Orol, el gallego que quiso ser Orson Welles y terminó siendo el creador del cine más extravagante de México

    En 1959, el cineasta estadounidense Ed Wood estrenó “Plan 9 from Outer Space”, una película de extraterrestres con efectos especiales baratos, cutres y visibles a simple vista, lápidas de cartón y una lógica narrativa que parecía de todo menos lógica. La prensa lo destrozó, la industria lo despreció y el público lo ignoró, pero con los años, Plan 9 fue reivindicada como una obra de culto, y su autor, Ed Wood, pasó de ser símbolo del fracaso a emblema del soñador que se niega a rendirse. Algo similar le ocurrió a un gallego, pero no en Hollywwod, sino en México. Llegó a América con casi nada, se reinventó mil y una veces y convirtió el cine en su refugio y su espejo. Sus películas eran exageradas, caóticas e imposibles, pero también eran únicas. Mientras Hollywood consagraba a Orson Welles, él fabricaba su propio universo con decorados de cartón, rumberas de fuego y pasiones desbordadas. Su nombre real era Juan Rogelio García García, aunque el mundo lo conocería para siempre como Juan Orol, el Rey del Churro.

    7 min
  • Los gallegos que lucharon en la última gran batalla contra Napoleón: el Batallón de Marina de Ferrol

    En la primavera de 1814, Europa entera contenía la respiración. Napoleón, el hombre que había hecho temblar a reyes y emperadores, estaba derrotado, pero sus generales todavía ofrecían resistencia mientras huían de España. En Tolosa (Toulouse), al sur de Francia, se libró la última gran batalla de aquella guerra que había devastado la península ibérica. Las calles de la ciudad se convirtieron en trincheras, las casas en fortalezas improvisadas y los campos en un lodazal de sangre. Allí se decidía no solo el destino de Francia, sino también el final de una época marcada por la ambición desmesurada del emperador corso. Y allí, hombro con hombro con británicos y portugueses, combatieron también soldados gallegos, una unidad militar heredera de una tradición que había nacido en los tiempos de Carlos I y que aún hoy late en la Infantería de Marina más antigua del mundo: el Batallón de Marina de Ferrol.

    8 min
  • Los días en que Galicia ardió. Cuando los piratas destruyeron Cangas do Morrazo

    Hubo un tiempo en que vivir cerca del mar era más un castigo que un privilegio. Las rías gallegas, que hoy atraen turismo y bienestar, fueron durante siglos puertas abiertas al miedo. Sus habitantes pasaban noches enteras en vela, con el ojo puesto en el horizonte, por si la luna reflejaba velas enemigas. A lo largo del siglo XVII, muchas familias gallegas abandonaron sus casas en la costa y huyeron hacia el interior. Dejaron campos, redes, viviendas y hasta iglesias para refugiarse en aldeas interiores, lejos del alcance de los barcos piratas que llegaban por el Atlántico buscando botín, víveres y esclavos. La costa gallega quedó sembrada de ruinas, playas desiertas y miedo. No era una decisión fácil. Pero la alternativa era peor: ser secuestrado, asesinado o ver cómo te arrebatan a tus hijos en mitad de la noche. Uno de los episodios más crueles de aquella época tuvo lugar en diciembre de 1617, cuando una escuadra de piratas berberiscos atacó Cangas do Morrazo, saqueó la villa, incendió las casas e hizo prisioneros a decenas de vecinos. Fue un infierno que dejó cicatriz en la historia gallega. Porque aquel día también ardió Galicia. Y no fue una metáfora.

    7 min
  • El mosaico romano de Panxón: el tesoro gallego que estuvo más de mil años perdido

    Cerca de Sevilla, en las ruinas de Itálica, la ciudad que vio nacer a emperadores como Trajano o Adriano, los arqueólogos descubrieron un mosaico que parecía sacado de una enciclopedia mitológica. Se le conoce como el mosaico de Neptuno, y representa al dios del mar conduciendo un carro tirado por criaturas marinas, rodeado de delfines, peces fantásticos y centauros acuáticos. No eran adornos al azar. En el Imperio romano, los mosaicos no eran solo simples suelos bonitos, eran una forma de mostrar estatus, cultura y sofisticación, y por eso los ricos decoraban sus villas con mosaicos repletos de escenas mitológicas, banquetes, cacerías o frutos del mar, símbolo de abundancia. Ese lenguaje visual atravesó ríos, montañas y siglos hasta llegar a los límites del mundo conocido: la Gallaecia. Allí, en una villa romana, frente a las aguas del Val Miñor, un artesano creó un mosaico único que, durante más de mil años, durmió bajo tierra, hasta que en el siglo XIX fue recuperado... para volver a desaparecer de nuevo. Hasta que este mismo año, tras un largo exilio, ese pequeño gran mosaico que un día apareció en la costa gallega regresó a casa. Esta es la historia del espectacular y extraordinario mosaico romano de Panxón y de cómo Galicia lo recuperó.

    7 min
  • María Agustina Sarmiento, la menina gallega de Diego Velázquez

    “Es muy fácil destruir, pero no lo es tanto saber conservar y estudiar”. Con esta frase, escrita en 1930, el arqueólogo Florentino López Cuevillas resumía uno de los grandes males de Galicia: la facilidad con la que se pierden los rastros de su historia, y la dificultad para investigarlos y recuperarlos después. Nuestra tierra está llena de personajes que existieron, pero que ya nadie recuerda. De nombres que un día llenaron los palacios, y que luego fueron olvidados, aunque, a veces, esos nombres reaparecen. En 1656, Diego Velázquez pintó un lienzo que guarda un enigma fascinante: Las Meninas. En él, un espejo refleja a Felipe IV y Mariana de Austria, pero no está claro si el pintor retrataba a los reyes o un cuadro de ellos. Este detalle convirtió esta obra en un misterio que tiene en el centro a una joven que se arrodilla ante la infanta Margarita. Esta menina formaba parte de una de las casas nobiliarias más poderosas de Galicia y su rostro hoy puede verse en el lienzo más célebre del Barroco español, pero su historia, como la de tantos gallegos que sirvieron en la corte, ha sido sepultada por los siglos. Se llamaba María Agustina Sarmiento de Sotomayor, la menina gallega de Diego Velázquez.

    6 min

About Historias de Galicia que nadie te había contado

From the publisher's feed

Cada semana podrás escuchar aquí mis Historias de Galicia contadas en La Ventana de la Cadena Ser