Después de que Alemania se rindiera en mayo de 1945 muchas cosas previamente desconocidas se volvieron de dominio público. Entre sus muchos proyectos, los nazis planearon construir un proyectil de artillería propulsado por un cohete (con un rango de fuego que excedería a la mayoría de los proyectiles de artillería actuales por más de un 50%) y un “tanque tigre” que podría disparar cohetes de hasta 362,9 kg a más de 160,9 km de distancia. Sin embargo, ninguno de estos proyectos anteriormente mencionados se comparan con el rayo gigante de la muerte pensado para permanecer en el espacio.
Este particular prototipo se volcó al conocimiento público después de aparecer en un artículo de la revista “Life” que data de 1945. En ese entonces fue revelado que durante la segunda guerra mundial, Hitler y los científicos alemanes (específicamente Hemran Oberth) habían empezado a desarrollar un “arma solar”, la cual, esencialmente replicaba la logística de las lupas y los rayos solares que se usan comúnmente para quemar hormigas. La diferencia radicaba en que el plan de Hitler era mucho más siniestro (con un profundo desacuerdo por parte de Osberth, quien, inicialmente desarrolló la idea con la esperanza de producir energía a partir del calor). Los nazis planeaban matar seres humanos con él, dándoles el poder de inmovilizar enemigos desde larga distancia sin riesgo de sufrir bajas propias.
De acuerdo con la revista “Life”, el rayo solar consistía en un gigantesco espejo de 1,6 km de ancho que podría ser apuntado hacia un lugar exacto de la superficie de la Tierra. Este artefacto estaba planeado para desintegrar una ciudad enemiga desde su posición a aproximadamente 35 946 km de la superficie de la Tierra mas a allá de la órbita terrestre baja (LEO por sus siglas en inglés) en geo-sincronía con esta, donde los satélites operan actualmente. Por supuesto, la idea no era práctica y afortunadamente nunca llegó a ponerse en práctica.