Homilia - Iglesia Católica Santa María, Chandler, AZ

Homilia - Iglesia Católica Santa María, Chandler, AZ

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Homilia - Iglesia Católica Santa María, Chandler, AZ episodes

  • E41 - El Espíritu Santo sobre los apóstoles, Pentecostés. El Espíritu Santo es todo: el fuego de la fe, del amor, de la fuerza y de la vida.

    Del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23


    Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando  cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se  encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les  dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el  costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo  otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os  envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu  Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes  se los retengáis, les quedan retenidos».

    12 min
  • E40 - Mientras los bendecía, fue llevado al cielo. De nosotros depende que este reino sea grande, Jesús nos está esperando.

    Del santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Así estaba escrito que  el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se  predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas  las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de  estas cosas. Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi  Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis  revestidos de poder desde lo alto. Los sacó hasta cerca de Betania y,  alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se  separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse  ante Él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el  Templo bendiciendo a Dios.

    11 min
  • E39 - La tristeza de una despedida. Cristo se irá. Sí. Pero se quedará para siempre con nosotros. No sólo en la Iglesia y en la Eucaristía. ¡También dentro de nosotros!

    Del santo Evangelio según san Juan 14, 23 - 29

    Jesús le respondió: "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi  Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me  ama no guarda mis palabras.Y la palabra que escucháis no es mía, sino  del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre  vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en  mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he  dicho. Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo.  No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho:  "Me voy y volveré a vosotros. "Si me amarais, os alegraríais de que me  fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo  ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

    11 min
  • E38 - El mandamiento que Cristo nos dejó es un mandamiento nuevo: que nos amemos los unos a los otros, como yo los he amado.

    Del santo Evangelio según san Juan 13, 31-33ª, 34-35

    Cuando salió, dice Jesús: Ahora ha sido glorificado el Hijo del  hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en  él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.  Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me  buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy,  vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros. Os doy un  mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he  amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto  conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a  los otros.

    10 min
  • E37 - Yo conozco a mis ovejas y ellas me siguen. Él y el Padre son uno. Uno que significa unidad, reflejo e imagen de la unidad que tenemos que vivir entre nosotros.

    Del santo Evangelio según san Juan 10, 22-30

    Se celebraba por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación.  Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón.  Le rodearon los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas a tenernos en  vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Jesús les respondió:  «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de  mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis  porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco  y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie  las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande  que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el  Padre somos uno.

    12 min
  • E.36 - Echa la red otra vez y encontrarás. Pidamos a Jesús nos conceda el don de la oración, entonces el sufrimiento se convierte en gozo, y la duda en esperanza.

    Del santo Evangelio según san Juan 21, 1-14

    Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a  orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban  juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de  Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les  dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos  contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron  nada. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos  no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis  pescado?» Le contestaron: «No». El les dijo: «Echad la red a la derecha  de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían  arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba  dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido - pues estaba  desnudo - y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca,  arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino  unos doscientos codos. Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas  brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los  peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra,  llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos,  no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los  discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era  el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo  el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los  discípulos después de resucitar de entre los muertos.

    10 min
  • E35 - Tú también te llamas Tomás.

    Con la fe, nuestra vida será inmensamente dichosa, serena, sencilla y feliz. ¡Con Cristo resucitado!


    Del santo Evangelio según san Juan 20, 19-31

    Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando  cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se  encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les  dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el  costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo  otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os  envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu  Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes  se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce,  llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros  discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si  no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el  agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré». Ocho  días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos.  Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz  con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis  manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino  creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús:  «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han  creído». Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas  señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas  para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que  creyendo tengáis vida en su nombre.

    11 min
  • E34 -¡Ha resucitado el Señor!

    Domingo de Resurrección. ¡Pidamos a Cristo  resucitado poder resucitar junto con Él, ya desde ahora!

    Del santo Evangelio según san Juan 20, 1-9

    El día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy de  mañana cuando aún era de noche, y vio que la piedra del sepulcro estaba  movida. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro  discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro  al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro  discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el  otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero  al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró.  Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las  vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las  vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro  discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.

    7 min
  • E33 - Recibieron a Cristo mientras entraba a la ciudad con palmas y ramos en muestra de que era el Mesías

    ¿Qué significado tiene esto en nuestras vidas?


    Es una oportunidad para proclamar a Jesús como el rey y centro de nuestras vidas. Debemos parecernos a esa gente de Jerusalén que se entusiasmó por seguir a Cristo. Decir “que viva mi Cristo, que viva mi rey...” Es un día en el que le podemos decir a Cristo que nosotros también queremos seguirlo, aunque tengamos que sufrir o morir por Él. Que queremos que sea el rey de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra patria y del mundo entero. Queremos que sea nuestro amigo en todos los momentos de nuestra vida.

    5 min
  • E32 - El que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.

    El que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra. ¡Qué distintos son los pensamientos de Dios y los de nosotros, los hombres!

    Del santo Evangelio según san Juan 8, 1-11

    Mas Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se  presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces  se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una  mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro,  esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó  en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para  tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso  a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en  preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin  pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo,  escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando  uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con  la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer,  ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor».  Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques  más».

    14 min

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