El Hijo de Dios no vino a este mundo en soledad, sino que lo hizo en el seno de una familia.
Podemos preguntarnos:
¿Tenemos el hábito de rezar juntos como familia?
¿Es para mi María, modelo de esposa y madre?
¿Es para mí José, modelo de esposo y padre?
¿Soy consciente del importante papel pedagógico que cumple la familia?
¿He construido mi familia sobre el fundamento que es Cristo, la roca firme; o más bien en las arenas movedizas de los criterios mundanos?