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El sector tecnológico vive una paradoja: mientras las empresas prometen una revolución de eficiencia gracias a la Inteligencia Artificial (IA), miles de trabajadores se enfrentan a la incertidumbre de procesos de despido colectivos. En la sección "IA para andar por casa", Ricardo Devis reflexiona sobre si la tecnología es la causa real de estas reestructuraciones o simplemente el comodín perfecto para justificar decisiones financieras.
La noticia del ERE en Capgemini España ha encendido las alarmas. Aunque la empresa alude a la inestabilidad del mercado, la sombra de la IA planea sobre la decisión. Devis introduce un concepto clave: el "IA Washing" (lavado de IA). "Hay una parte de lavado de IA: lo que antes se llamaba simplemente 'recorte', ahora se llama IA", afirma Devis, señalando que muchas empresas utilizan la tecnología como una "pantalla" para hacer indiscutibles decisiones que, en realidad, responden a la inestabilidad del mercado.
El reciente informe de OpenAI también ha generado debate. En un giro estratégico, la compañía defiende que la IA debería ser un derecho básico, pero sus propuestas para paliar el desempleo son, cuanto menos, polémicas. Devis destaca que OpenAI sugiere que "cuando las empresas automaticen, debería haber un impuesto para que el ahorro de costes vaya a los que van a despedir".
Sin embargo, el experto advierte que este panorama no se plantea a largo plazo, sino que es una realidad inminente que ya está afectando a gigantes como Amazon, con miles de despidos anunciados a principios de año.
No todos los empleos corren el mismo riesgo, pero algunos departamentos están sufriendo un impacto directo. Devis señala que los departamentos financieros y de auditoría están viviendo reestructuraciones profundas porque "las máquinas sustituyen al 100% a buena parte del personal".
Asimismo, la aparición de nuevos modelos como Mitos está poniendo en jaque a las empresas de ciberseguridad, amenazando con sacarlas del mercado al automatizar tareas que antes requerían grandes equipos humanos.
Una de las novedades más impactantes de la semana viene de la mano de Anthropic. Su jefe de producto, que formaba parte del consejo de Figma, ha dimitido tras el lanzamiento de una herramienta capaz de generar sitios web completos de forma automática. "Ahora cualquier persona puede ser diseñador de páginas web", explica Devis. Esta funcionalidad, integrada en la cuota estándar, amenaza con enviar al traste el mercado tradicional de creación de sitios web, obligando a los profesionales a una adaptación forzosa y acelerada.
La inteligencia artificial ha dado un salto que incluso sus propios creadores observan con cautela. Anthropic ha desarrollado "Mythos", un nuevo modelo de IA tan potente que ha tenido que ser puesto en "cuarentena" antes de su lanzamiento al público debido a su capacidad para actuar en "modo hacker" de forma autónoma.
Durante las fases de prueba, Mythos ha sido sometido a exámenes en diversos sistemas operativos (incluyendo Windows) y redes bancarias. Los resultados son, en palabras de los expertos, "espectaculares". La IA es capaz de detectar vulnerabilidades que los humanos no han localizado en años, superando por una diferencia de entre 13 y 20 puntos a modelos previos como ChatGPT o Claude.
Esta capacidad supone un riesgo sistémico: si este modelo llegara a manos de ciberdelincuentes, cualquier persona podría hackear sistemas críticos, desde centrales eléctricas y nucleares hasta cuentas bancarias personales.
Ante la inminente llegada de estos modelos al dominio público (se estima que en un plazo de un año), Anthropic ha impulsado el Proyecto Glasswind. Se trata de una colaboración estratégica con gigantes tecnológicos como Apple y Microsoft para entregarles el modelo de forma anticipada. "El objetivo es que las empresas puedan usar la IA para defenderse y parchear sus sistemas antes de que el modelo salga al mercado y las vulnerabilidades sean explotadas".
Uno de los puntos más provocadores de esta nueva era es el impacto en el mercado laboral del sector tecnológico. Según Ricardo Devis, fundador de Bilbao AI, la capacidad de Mythos es tan elevada que "la profesión de hacker podría desaparecer" tal y como la conocemos.
A excepción de unos pocos individuos excepcionales, la IA ya supera la capacidad humana de revisión de código. El esfuerzo humano en ciberseguridad corre el riesgo de quedar "barrido" por la velocidad y profundidad de análisis de estos nuevos algoritmos.
El crecimiento de la inteligencia artificial ha vivido una etapa de efervescencia casi adolescente, llena de anuncios espectaculares y herramientas gratuitas que buscaban asombrar al mundo. Sin embargo, OpenAI ha decidido que es hora de "madurar" y ajustar su estrategia para asegurar su éxito en la bolsa. Ricardo Devis señala una analogía muy clara: OpenAI se ha comportado hasta ahora como un chaval en la pubertad, explorando mil caminos a la vez. Pero esa etapa ha terminado. "Le han quitado la paga; OpenAI está entrando en la madurez", afirma Devis. La razón es sencilla: la compañía planea salir a bolsa próximamente y los inversores no buscan anécdotas virales, sino beneficios sólidos. Esto ha llevado a la directora de producto a recortar iniciativas que, aunque populares, dispersaban los recursos de la empresa. Se acabó el tiempo de perder el foco en funciones accesorias para centrarse en lo que realmente genera ingresos.
Uno de los puntos más impactantes de este cambio de rumbo es el frenazo a Sora, la herramienta de generación de vídeo que dejó al mundo boquiabierto hace meses. A pesar de su espectacularidad, las cifras eran insostenibles: Sora costaba 15 millones de dólares al día en recursos operativos. En todo su ciclo de vida, solo había recaudado 2,1 millones de dólares. Esta "sangría impresionante" es inaceptable para una empresa que busca una salida a bolsa exitosa. Además, la competencia no se ha quedado atrás; modelos como Gemini han logrado alcanzar o superar la calidad de Sora de forma más eficiente, lo que ha restado sentido a seguir quemando dinero en este proyecto tal y como estaba planteado.
¿Hacia dónde mira ahora el creador de ChatGPT? La respuesta está en su mayor competidor: Anthropic. Mientras OpenAI se divertía con vídeos y memes, Anthropic se centró desde el principio en el mercado empresarial y profesional con su modelo Claude. "Anthropic tiene números negros (beneficios), es la única del sector que los tiene", destaca Devis. OpenAI quiere ahora seguir ese camino, dejando de lado los deepfakes de personajes famosos o las herramientas puramente lúdicas para ofrecer servicios que las empresas estén dispuestas a pagar.
El giro es total. OpenAI ha pasado de ser una organización sin ánimo de lucro a una maquinaria orientada a la cotización bursátil. Este movimiento implica:
Priorizar el mercado profesional sobre el uso recreativo.
Cortar proyectos deficitarios (como la publicidad interna o el modelo para adultos).
Buscar la rentabilidad inmediata para competir con gigantes como Microsoft y Google, que ya sienten la presión de los clientes corporativos.
"Un gran poder conlleva una gran responsabilidad", y para OpenAI, esa responsabilidad ahora se mide en el balance de resultados.
Durante años, el dominio del paquete Office ha sido la piedra angular de cualquier currículum profesional. Sin embargo, estamos siendo testigos de un cambio de era. En la sección "IA para andar por casa", Ricardo Devis, fundador de Bilbao AI, ha planteado una pregunta provocadora: ¿Estamos ante el fin de la ofimática tal y como la conocemos? La respuesta parece ser un rotundo sí.
Uno de los puntos más críticos de la charla se centró en la herramienta de hojas de cálculo por excelencia. Según Devis, un usuario considerado "experto" apenas llega a manejar un 30% o 40% de las capacidades de Excel. En contraste, "la IA maneja el 100% del programa", incluyendo fórmulas complejas, macros y programación que la mayoría de los mortales desconocen.
La ventaja no es solo el conocimiento, sino la accesibilidad. Ya no hace falta memorizar comandos; basta con el lenguaje natural. "Sin tener ni idea de Excel, puedes decirle a la IA que analice los datos, añada una fórmula, una columna o un gráfico", explica el experto. Esto democratiza el análisis de datos avanzado, permitiendo que cualquier persona obtenga resultados profesionales sin años de formación específica.
El impacto no se limita a los números. En el caso de Word, la inteligencia artificial resuelve problemas estéticos y de formato que suelen desesperar a los usuarios. Devis destaca que la IA es capaz de formatear documentos complejos al instante, evitando errores comunes como los "títulos huérfanos" al final de la página.
Pero va más allá de la simple corrección: se trata de estilo y presencia. "Puedes pedirle a la IA: hazme un documento Word con la elegancia de un bufete de abogados inglés que cobra 1.000 libras la hora", bromea Devis. El resultado es una maquetación extraordinaria, muy superior a la que un usuario convencional podría lograr manualmente.
A la hora de elegir qué IA utilizar para estas tareas de oficina, Ricardo Devis señala una diferencia estratégica. Aunque Google intenta potenciar su propio ecosistema (Google Workspace), actualmente otras opciones llevan la delantera en versatilidad.
Claude (de Anthropic): Calificado por Devis como "el mejor gestor de Excel que hay en el mercado actualmente".
ChatGPT: Sigue siendo una herramienta todoterreno muy eficaz para el manejo de datos y redacción de textos.
La conclusión es clara: el valor añadido ya no está en saber "usar" el programa, sino en saber dirigir a la IA para que lo haga por nosotros. "Ahora toca reciclaje", advierte el programa, ya que la barrera de entrada para realizar tareas técnicas de oficina ha desaparecido. El futuro de la ofimática no es editar, sino saber pedir.
La llegada de la inteligencia artificial a las aulas y a los hogares ha encendido un debate intenso sobre si estamos criando una generación más perezosa al permitirles el acceso directo a las respuestas. Sin embargo, en el último espacio de 'IA para andar por casa', Ricardo Devis, experto de Bilbao AI, rompe este mito al asegurar que la IA bien guiada no solo no frena la creatividad, sino que la mejora ostensiblemente. Esta afirmación se apoya en un estudio de la Universidad de Pensilvania que analizó a más de 1.000 estudiantes; mientras que aquellos que usaron la IA sin control obtuvieron resultados mediocres, el grupo que utilizó un tutor de IA basado en el método socrático logró un hito sorprendente. Este sistema, que guía al alumno mediante preguntas en lugar de darle la solución, permitió que los estudiantes sacaran las mismas notas que el grupo tradicional pero con un 127% más de productividad, demostrando que la clave reside en el acompañamiento y no en el mero acceso a la información.
Para entender esta relación con la tecnología, Devis propone imaginar la IA como un exoesqueleto mecánico. Al igual que los soldados de la película Avatar, podemos usar esta herramienta de dos formas: para volvernos dependientes y perezosos, lo que terminaría por atrofiar nuestros músculos mentales, o para realizar un "ejercicio" intelectual superior, levantando cargas cognitivas que solos no podríamos manejar. En el ámbito creativo, esto se traduce en una explosión de posibilidades, ya que la creatividad se basa en la capacidad combinatoria de ideas. Si un joven utiliza la IA para generar cien opciones en lugar de tres y aprende a interrogarlas y combinarlas, su potencial creativo aumenta de forma exponencial.
El reto actual para padres y educadores no es la prohibición, sino enseñar a vencer la impaciencia de obtener la respuesta rápida. Herramientas como ChatGPT ya incluyen funciones de "Aprende y estudia" que activan este modo socrático, obligando al usuario a pensar y debatir en lugar de limitarse a recibir un resultado final. De hecho, Devis destaca que los niños suelen tener menos miedo a experimentar y a pedirle a la máquina que les "lleve la contraria", enfrentándose a argumentos distintos a los suyos. En definitiva, la IA se presenta como una ayuda fantástica para el aprendizaje siempre que se utilice para fomentar el pensamiento crítico y no como un simple atajo para copiar.
En la última entrega de la sección "IA para andar por casa" en el programa EgunOn Magazine de Radio Popular-Herri Irratia, se ha analizado cómo la relación con internet está sufriendo un cambio de paradigma. Si tradicionalmente el navegador ha sido una ventana pasiva donde el usuario realizaba todas las acciones, la llegada de los navegadores agénticos introduce lo que Ricardo Devis define gráficamente como "navegadores con manos".
Hasta ahora, una tarea cotidiana como reservar en un restaurante requería que el usuario buscase en Google, navegase por la web del local y completase formularios manualmente. Con la irrupción de los agentes, la IA es capaz de asumir todo el proceso: desde entrar en la página y comprobar la disponibilidad hasta ejecutar la reserva por sí misma si el usuario se lo permite.
La evolución de estas herramientas, como es el caso de CoWork de Claude, permite ir mucho más allá de las tareas simples al actuar como un orquestador de procesos críticos. Esta tecnología ya es capaz de enfrentarse a desafíos administrativos, como la cumplimentación de formularios complejos del Gobierno Vasco, analizando de forma autónoma qué información se solicita y cómo aportarla. De hecho, Devis destaca que estas herramientas están demostrando una capacidad sorprendente para reconfigurar sitios web y detectar errores técnicos, superando en ocasiones la eficiencia de un técnico medio.
Para los usuarios que deseen comenzar a experimentar con esta tecnología, existen diversas opciones accesibles. Comet, de Perplexity, destaca por ser uno de los primeros navegadores agénticos con visibilidad mundial y descarga gratuita. Por su parte, los usuarios de OpenAI tienen a su disposición Atlas, que integra estas funciones directamente en el ecosistema de ChatGPT. Finalmente, una de las opciones más potentes es el plugin Claude for Chrome, que transforma el navegador convencional de Google en un agente inteligente capaz de ejecutar tareas complejas aprovechando el gran momento de demanda que vive Claude en mercados como Estados Unidos.
La carrera por la supremacía en la inteligencia artificial ha vivido un fin de semana frenético en el que lo que comenzó como una rivalidad comercial entre Anthropic (Claude) y OpenAI (ChatGPT) ha escalado hasta convertirse en una cuestión de Estado con el Pentágono de por medio. Ricardo Devis, experto y fundador de Bilbao AI, desgranó en la sección "IA para andar por casa" de EgunOn Bizkaia las claves de un conflicto que mezcla ética, seguridad nacional y estrategia de mercado.
La tensión estalló cuando el Departamento de Defensa de EE. UU. exigió la "liberación" total del modelo Claude para fines militares. El Pentágono, que ya utiliza esta IA en operaciones internacionales como las relacionadas con Maduro o Irán, dio un ultimátum a Anthropic: o aceptaban sus condiciones antes del pasado viernes o serían declarados "proveedor de riesgo", un estatus de enemigo del Estado similar al que ostenta la tecnológica china Huawei.
Frente a esta presión, Dario Amodei, cofundador de Anthropic, se mantuvo firme en sus principios. Anthropic publicó que no aceptarán las condiciones del Pentágono porque existen dos líneas rojas que no quieren traspasar: espiar a los ciudadanos estadounidenses con sus datos privados y permitir que la IA mate de forma autónoma, seleccionando objetivos por sí misma.
Mientras Anthropic mantenía su postura ética, OpenAI reaccionó con rapidez para ocupar su lugar. Apenas 24 horas después del desplante de su rival, la empresa liderada por Sam Altman firmó un contrato con el Gobierno bajo los mismos términos exigidos originalmente por Anthropic. La diferencia clave reside en la flexibilidad política, ya que mientras Anthropic sostiene que su IA no cruzará esas líneas independientemente de la ley, OpenAI se ha comprometido a ajustarse a la legalidad vigente, lo que implica que si el Congreso aprueba el espionaje mediante IA, ellos pondrán su tecnología a disposición del Estado.
Este choque ético ha tenido un impacto inmediato y tangible en el consumo popular. Por primera vez, Anthropic ha superado a ChatGPT en ventas en la App Store, consolidándose como la opción preferida por las empresas y el sector comercial tras la polémica. Según Devis, el mercado percibe ahora a Anthropic como "la IA más potente, más inteligente y, sobre todo, la más ética", lo que ha generado un movimiento activista de usuarios que abandonan ChatGPT en favor de lo que denominan una "IA constitucional" alineada con los valores humanos.
A pesar del conflicto abierto, el Pentágono se encuentra en una encrucijada técnica difícil de resolver a corto plazo. Los modelos de Claude están tan imbricados en sus sistemas de inteligencia actuales que los propios responsables militares admiten que prescindir de ellos "llevaría al menos seis meses de transición". Este escenario deja claro que el gran debate de nuestro tiempo no es solo sobre capacidades técnicas, sino sobre hasta dónde estamos dispuestos a utilizar la IA y bajo qué límites éticos queremos que opere.
La inteligencia artificial ha abandonado los laboratorios para entrar de lleno en la guerra de guerrillas del marketing. Lo que antes era una competencia técnica por ver quién ofrecía mejores respuestas, se ha convertido hoy en una batalla por el modelo de negocio, con la publicidad confesional y las estrategias de captación en el centro del ring.
En la sección "IA para andar por casa" de EgunOn Bizkaia, el experto Ricardo Devis desgranó la agresiva jugada de Anthropic (creadora de Claude) durante la Super Bowl. La compañía emitió anuncios donde, tras mostrar una faceta empática y humana, lanzaba una declaración de guerra: "La publicidad llega a la IA, pero no a Claude". Esta fue una advertencia directa y una profecía de lo que sucedería apenas 24 horas después, cuando su gran rival movió ficha.
La respuesta de OpenAI no se hizo esperar. El 9 de febrero, ChatGPT anunció publicidad en sus modelos gratuito y 'Go', lo que provocó un cruce de acusaciones sin precedentes en el sector. Desde el entorno de OpenAI se tildó la postura de Claude como "publicidad sucia", contraatacando con el argumento de que ChatGPT democratiza la IA mientras que sus competidores son "para ricos" por basarse en modelos exclusivos de pago.
Una dinámica que recuerda a la histórica rivalidad entre Pepsi y Coca-Cola, donde el retador (Claude) señala al líder (ChatGPT) para ganar terreno. En esta ocasión, el líder ha roto la regla de oro del marketing al entrar al trapo y mencionar repetidamente a su rival, situándose en una posición defensiva.
El núcleo del conflicto reside en qué se hace con los datos más íntimos de los usuarios. Mientras que Claude, bajo la dirección de los hermanos Amodei, se mantiene firme en un modelo ético y profesional sin anuncios, ChatGPT ha abierto la puerta a que los usuarios vean publicidad relacionada con sus asuntos más personales. "A partir del 9 de febrero, los usuarios de ChatGPT van a ver publicidad relacionada con sus asuntos más íntimos; es algo que ya está instalado", advirtió Ricardo Devis.
Esta guerra de valores ha disparado la popularidad de Claude, que tras sus ataques publicitarios logró pasar del puesto 40 al Top 10 de las apps más descargadas en Estados Unidos, con un incremento de uso del 11%.
El mundo tecnológico está experimentando un seísmo cuyas réplicas apenas empezamos a comprender. En la última entrega de la sección "IA para andar por casa" de EgunOn Bizkaia (Radio Popular-Herri Irratia), el especialista Ricardo Devis (fundador de Bilbao AI) ha analizado el impacto de un post que ha dado la vuelta al mundo: la advertencia de Matt Shumer, CEO de OthersideAI.
La tesis de Shumer es directa y, para muchos, estremecedora: "Febrero de 2026 es como febrero de 2020". Devis explica que este paralelismo se refiere a ese momento justo antes de que la pandemia cambiara el mundo, cuando solo unos pocos veían venir la magnitud del cambio mientras el resto seguía con su vida normal.
"Se viene algo y no nos damos cuenta del agua hasta que nos llega por el pecho", advierte Devis, señalando que la controversia generada por este post —con más de 100 millones de visitas— responde a una realidad tecnológica que ya está aquí.
¿Qué ha provocado esta urgencia? El lanzamiento reciente de dos modelos que han roto los esquemas previos: ChatGPT 5.3 y Claude Opus 4.6. Según Devis, estos sistemas ya no tienen nada que ver con lo que conocíamos hasta hace apenas tres meses. La diferencia fundamental radica en la autonomía. Ricardo Devis destaca que estamos ante los "primeros modelos construidos con mucha ayuda casi autónoma de las propias IAs". Esto acelera el ciclo de mejora de forma exponencial, creando una brecha insalvable con las versiones anteriores.
Uno de los puntos más impactantes de la entrevista es la descripción de las capacidades actuales de estos modelos. Ya no se trata de pedirle a la IA que redacte un texto, sino de entregarle un proyecto complejo y dejar que lo resuelva sola. "Le dejo una carpeta con hojas de cálculo, le digo que me las cambie por una aplicación... me voy y cuando vuelvo está hecho. Y no solo hecho, sino comprobado, revisado, visionado y con los errores corregidos", relata Devis.
Esta evolución significa que la ingeniería de prompts (saber hablarle a la IA) está perdiendo relevancia porque ahora nos dirigimos a ellas "como colegas, en lenguaje natural". El salto no es solo en ahorro de costes, sino en una "velocidad y calidad superior a la producción humana".
Ante el temor a una pérdida masiva de empleo, especialmente en sectores como el creativo o el administrativo, Devis propone una "recolocación" basada en el conocimiento profundo de la herramienta. Suscribe la recomendación de Shumer: practicar al menos una hora al día con estas nuevas herramientas (aunque advierte que las versiones más potentes son de pago). "Hay que practicar para saber qué es lo que se nos viene encima... o lo que se nos ha venido ya", concluye Devis, comparando este momento con la llegada de los smartphones: una tecnología que cambió nuestra forma de vivir tanto que hoy apenas usamos el teléfono para su propósito original.
La evolución de la inteligencia artificial no solo es constante, sino que está empezando a sacudir los cimientos del mercado laboral tal como lo conocemos. En la última entrega de "IA para andar por casa" en el programa EgunOn Bizkaia, el experto Ricardo Devis (fundador de Bilbao AI) nos introduce en un concepto que promete revolucionar nuestra productividad: el Vibe Working.
Si hace unos meses hablábamos del Vibe Coding —donde personas sin conocimientos técnicos pueden programar aplicaciones complejas simplemente "contándole" a la IA lo que necesitan en lenguaje natural—, ahora damos un paso más allá. El Vibe Working consiste en delegar no solo una tarea, sino flujos de trabajo completos.
Imagina que tienes 500 facturas en PDF, tienes que cambiarles el nombre, extraer la base imponible y rellenar un formulario oficial en la web de la Diputación. Con el Vibe Working, la IA se encarga de todo el proceso de principio a fin, interactuando con las webs y los archivos de forma autónoma.
La velocidad de estos avances es tal que el mercado financiero ya ha sentido el impacto. Devis destaca que, tras el lanzamiento de productos como Cowork de la empresa Anthropic (creadores de Claude), las grandes compañías tecnológicas llegaron a perder cerca de 300.000 millones de dólares en bolsa en una sola jornada ante el temor de quedar obsoletas.
Incluso consultoras de prestigio como Gartner, especializadas en predicciones, se han visto sorprendidas por la rapidez con la que estas herramientas están llegando al usuario final.
Como bien apuntaba el presentador Beñat en la entrevista, citando a Mark Carney, estamos ante la primera revolución industrial que sustituye a nuestras cabezas y no a nuestras manos. A diferencia de las máquinas que reemplazaron el esfuerzo físico, la IA está asumiendo tareas intelectuales y administrativas complejas.
Aunque actualmente la implementación real de la IA en las empresas apenas supera el 1%, el potencial de ahorro de costes y eficiencia es tan grande que el cambio de paradigma es inevitable.
El futuro del trabajo apunta a una colaboración donde el humano instruye y la IA ejecuta. "Te da tiempo para hacer otras cosas", concluye Devis, subrayando que estas herramientas no solo trabajan bien y no se cansan, sino que no necesitan entrenamiento previo por parte del usuario para empezar a ser útiles.
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