Cuando clamamos le estamos diciendo a Dios que necesitamos su intervención, que con nuestras fuerzas no podemos, que nuestra dependencia de El es total, es absoluta, que sin el nada somos. Estamos admitiendo nuestra fragilidad y reconociendo tu total dominio, poder y autoridad, estamos rindiendo nuestro ser a Él diciendo: ya, hazlo tú. ¡Una mañana gloriosa!