En la actualidad hay todo tipo de argumentos para que las personas sientan que tienen permiso de hacer todo lo que gusten. Se argumenta que los sentimientos o los deseos es lo que debe de mover al hombre. Frases como “sigue tu corazón”, “hazle caso a tus sentimientos”, “haz lo que te haga sentir bien y cómodo contigo mismo”. Aunque la base de este tipo de justificación son las emociones, son utilizadas para dar rienda suelta a sentimientos y a su vez a comportamientos. Esa manera de actuar, primeramente, deja de lado la razón y a su vez la espiritualidad de la persona. ¿Cuál es el criterio que un creyente debe de seguir para tomar decisiones? ¿la simple satisfacción o el placer lo suficiente para permitirnos hacer algo? Recordemos que el pecado es placentero y momentáneamente satisfactorio.
La libertad es buena, pero la libertad también implica límites ¿Las acciones de mi libertad son convenientes para quienes me rodean? ¿logra mi libertad el bien social, espiritual? ¿Mi acción es conveniente más allá de mi placer? ¿Estaré demostrando algún tipo de esclavitud con el uso de mi libertad? Lo que Pablo quiere decir es que es bueno si tengo dominio sobre mis acciones, pero si mis acciones tienen dominio sobre mi persona, pierdo mi libertad. Me convierto en esclavo de mis acciones.
El creyente a estar unido a Cristo no puede desperdiciar su cuerpo ni su uso. El creyente, y por lo tanto, la iglesia somos miembros de Cristo. Incluso por medio del bautismo nos hemos identificado con Cristo y con su iglesia. Soy y llego a ser parte del cuerpo de Cristo, la iglesia, para cumplir la voluntad de su creador. En el acto sexual el hombre peca contra si al entregar más de la cuenta de su emoción, su mente y su voluntad a otra persona que no sea su cónyuge. Es una entrega del ser.
Utiliza el ejemplo de la restauración de un esclavo al estado de un hombre libre. Hay un acto de redención para servir a Dios. Las cadenas se rompieron. Ya ha sido liberado de su esclavitud al pecado, incluso de la unión inmoral. Ahora debe servir a Dios con todo su ser (el cuerpo).