Si la obra le pertenece a Cristo, y Dios hace la obra por medio de su iglesia que le pertenece a Cristo, el creyente al ser parte de la iglesia le pertenece a Dios, por tanto, Dios hace su obra utilizando a sus hijos en su iglesia. Su iglesia, su obra, su salvación, su llamado, sus hijos, su espíritu, su fruto, su sabiduría, sus pensamientos, su voluntad, su gloria.
Legará el tiempo en el que la construcción será manifiesta. En este día la labor de edificación de cada uno será probada, y solo lo digno permanecerá, donde la calidad será revelada por el fuego. El fuego no tiene un sentido de castigo o disciplina. La salvación no excluye esta prueba. Se separa la salvación del obrero de la obra indigna. Para los obreros auténticos hay una recompensa.
Somos el templo donde mora el Espíritu de Dios ¿Cómo sería un lugar digno de la presencia de Dios? Si Dios es quien habita en un lugar ¿Cómo se imagina un lugar que Cristo ha limpiado? ¿Cómo dejaría Dios ese lugar? Nosotros no nos limpiamos, Cristo con su sangres nos lavo, solo tenemos el compromiso de no contaminarnos. El templo de Salomón en el AT era un templo que manifestaba la gloria de Dios de manera visible. El templo era el lugar donde la presencia de Dios se manifestaba, de la misma manera con el creyente. La vida del cristiano es donde la gloria de Dios ha sido manifestada por la salvación, renovación y santificación.
Pablo presenta la idea de que la iglesia le pertenece a Cristo. Cristo es el Señor y los corintios son de Cristo. Como son de Cristo, son salvos por Cristo, sabios en Cristo, construyen en Cristo, santos en Cristo.