En su reflexión sobre Efesios 4:1-6, el Apóstol Pablo presenta un ruego desde el corazón para que la iglesia viva de manera digna según la vocación recibida, motivada por el amor de Cristo y no por una simple obligación moral. Desde su condición de prisionero, Pablo evidencia con sus cadenas el valor que otorgaba al crecimiento de la comunidad cristiana y el costo de hacer avanzar la obra de Dios. Para mantener la unidad espiritual, el texto enseña que es necesario fortalecer el hombre interior a través de la oración para que el amor divino se manifieste plenamente. Asimismo, se requiere una práctica constante de la amabilidad, la paciencia y la disposición de soportarse mutuamente en amor, considerando a los miembros de la iglesia como parte de la propia familia. La preservación de esta unidad radica fundamentalmente en valorar aquello que une a los creyentes por sobre las diferencias: ser parte de un mismo cuerpo, tener un mismo Espíritu, compartir una misma esperanza, servir a un mismo Señor, profesar una misma fe, haber recibido un mismo bautismo y adorar a un mismo Dios y Padre de todos. Finalmente, en el contexto del 35° aniversario de la iglesia y su labor en tres comunas distintas, se concluye con un llamado a reflexionar y esforzarse por sostener la unidad y andar a la altura del llamamiento en el Señor. Pr Rodrigo Cisternas