Aprendemos en este pasaje de Gálatas 4.12-20, la relación recíproca que debería haber entre los creyentes y su pastor; entre el ministro y la congregación. Comprender que las falsas enseñanzas provocan las divisiones y que la gente vuelva a retroceder a la esclavitud, de la cual Cristo nos liberó con el poder del evangelio puro.
Y para que Cristo siga formándose y formándonos a su imagen, todos los días debemos vivir en fe y en arrepentimiento, muriendo a nuestras obras de la naturaleza pecaminosa que combaten dentro de nosotros. Para eso, solo Cristo es el remedio. Solo el Espíritu Santo lo puede hacer. Únicamente Él puede desplazar los estragos de la vieja manera de vivir, de la vida que llevábamos anteriormente. Solo su gracia y solo el poder de su Espíritu Santo.