Muchas veces sentimos que no podemos más: estamos cansados, cargados, afligidos y desanimados. Sin embargo, ese es el momento de confiar y poner la mirada en Dios, no en las cosas de este mundo. Debemos mantenernos firmes en la fe, descansando en quién es Él, en su amor y en su gran misericordia. Ninguno de nosotros merece su favor, pues btodos hemos hecho lo malo delante de Él; pero, por pura gracia, nuestro Señor Jesucristo se entregó por nosotros en la cruz, venció la muerte y nos reconcilió con Dios. Gracias a esa obra perfecta, hoy podemos vivir tranquilos, seguros y confiados, con la certeza de que nada escapa de su control.