Hay momentos en la vida donde podemos sentirnos como “cochinos”, personas llenas de miseria, envueltos en pecado que nos hacen ver y oler la suciedad, luchamos hasta agotarnos con un agotamiento extremo por salir de una situación traumática y levantamos la cabeza y pareciera que nunca terminará ese ciclo. Al final comenzamos a creer que “el que nace lechón, muere cochino”, es decir que nuestro destino es lo que ahora estamos viviendo, sin embargo Dios se ha empecinado en luchar por nosotros y darnos el lugar que nos corresponde, no por nuestros méritos, sino porque su gracia nos recuerda que aún en la miseria somos Hijos de Dios. Si crees que Dios ha terminado su obra en ti estás más que equivocado, Él hará que su propósito en ti se cumpla. Descansa y confía en el Señor, porque por mas oscura que parezca la noche, es cuestión de horas que cambie el panorama.