Uno de los males que el enemigo intenta traer a nuestras vidas es el deseo de resucitar situaciones que con la ayuda de Dios pudimos enterrar.
Hay momentos donde el enterrar algo es una bendición, enterramos el odio, una relación dañina, un pecado que nos atrapó, un pensamiento que nos impide avanzar … Cuando Dios nos saca de ahí es una victoria, pero en ocasiones sentimos como resucitan de nuevo esos momentos, ¿cómo podemos enfrentarlo? ¿Qué ocurre si resucitamos muertos?
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