Jesús nos muestra en esta sección del libro de Mateo que él conoce la necesidad más profunda de las personas. Nosotros podemos hacer listas interminables de lo que nos podría hacer felices y planes, pero no somos realistas con nuestra verdadera necesidad.Jesús ve a un grupo de amigos llevar a un hombre ante su presencia y al ver la fe de ellos, decide perdonarles sus pecados. Lo relevante de esta historia no son los amigos, aunque ellos juegan un papel muy importante, sino el poder de Jesús para perdonar pecados. Los hombres que escucharon a Jesús se turbaron con la declaración que hizo, pero Él les demostró que para Él no había imposibles y les da una muestra de lo que Él culminaría en la Cruz del calvario.Jesús responde a la incredulidad de ellos haciendo preguntas, y, la verdad, no hay manera de responder a Jesús a menos que reconozcamos su poder. Él dice ¿Qué es más fácil? ¿Perdonar los pecados o sanar al paralítico? Lo interesante de esto es que no hay alguien, humanamente hablando, que pueda perdonar y sanar, así que Jesús pone dos posiciones imposibles. Quizás alguno diga es fácil perdonar, pero Jesús hace evidente tanto su perdón como la sanación física de aquel hombre.Él tiene el deseo de ayudarnos en nuestra necesidad más grande, que es el perdón de nuestros pecados. Eso nadie lo puede realizar, y por eso, es mejor estar bien delante de Dios que sano físicamente. Como iglesia tenemos la responsabilidad de compartir a Jesús y dar esperanza eterna, no ofrecemos sanidades, prosperidad u otra cosa. Como Iglesia, compartimos a Jesús, la necesidad más grande de los hombres.Pastor Daniel Gómez