Si no miramos nuestra vida como la obra maestra del Padre, nos perdemos la capacidad de disfrutar el presente y aplazamos la felicidad esperando que se resuelvan algunas situaciones que, finalmente, Dios a va terminar usando para nuestro bien.
Si no miramos nuestra vida como la obra maestra del Padre, nos perdemos la capacidad de disfrutar el presente y aplazamos la felicidad esperando que se resuelvan algunas situaciones que, finalmente, Dios a va terminar usando para nuestro bien.